
Noviembre 11, 2005 12:42
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Leernos tiene sus privilegios...
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El video
que no se quiere dar a conocer en Guevara,
Anatomía de un mito
“…Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos
fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, dijo el
Che…” Tarde
o temprano, los seres humanos convertidos en mitos muestran su verdadero rostro.
Por lo general, una de las descripciones más valiosas es la de aquellas personas
que compartieron y vivieron episodios que quedan imborrables en la memoria.
Muchos de los que aún viven y participaron de la revolución castrista recuerdan el costado más cruel y despiadado del Che durante los fusilamientos que tuvieron lugar luego del establecimiento del nuevo régimen. “Seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, con esa frase expresada por el Che en uno de sus discursos ante las Naciones Unidas comienza la video biografía “Guevara, Anatomía de un mito” dirigida por Luis Guardia, del Instituto de la memoria histórica cubana contra el totalitarismo, y dedicada a todos “los que han ofrendado sus vidas en aras de la libertad del pueblo cubano”.
La narración recorre los comienzos –primero como espectador en la frustada revolución de Guatemala y luego durante su instrucción militar en México- de Ernesto Guevara de la Serna, junto al grupo de revolucionarios del Movimiento 26 de julio quienes además de atribuirse la creación del apodo más popular (el “Che”) recalcan su personalidad despectiva hacia las personas de raza negra, su burla a la tonada característica de los cubanos y el desprecio por los mexicanos a quienes el Che denominaba “indiada”
Enrique
Ros, historiador e investigador, y autor de una de las más completas obras de
la vida del Che, recuerda su relación con la peruana Hilda Gadea y con el “Flaco”
López, el primer cubano con quien Guevara hace contacto en Guatemala y quien lo
presenta al grupo de exiliados cubanos que militaban en el Movimiento 26 de julio
en Guatemala. De esta forma es como Guevara inicia su faceta de revolucionario
y posteriormente viaja junto al grupo de cubanos a México.
“Varios estudios
apuntan a que Ernesto Guevara a su llegada a México ya tenía definido su carácter
de hombre cruel de ejecutor de sus potenciales enemigos. En una carta dirigida
a su amiga y ex novia, Tita Infante, señala: ‘Si se hubieran producido esos fusilamientos
el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver el golpe’, refiriéndose
al derrocamiento del gobierno de Jacobo Ardens en Guatemala”.
“Yo conocí a
Guevara en 1956 en México en una cafetería donde concurrían los revolucionarios”,
comenta Lázaro Guerra, ex militante de los movimientos revolucionarios cubanos,
quien por aquel entonces vivía en México en calidad de exiliado y era uno de los
sobrevivientes de la expedición del Corintians. Guerra recuerda que el “Flaco”
López le presentí al Che como un “tipo maquiavélico” y que era él quien le “lleva
y le trae a Fidel” en obvia alusión a su calidad de soplón de lo que pensaban
y hacían los revolucionarios cubanos en México. “Era un tipo
repugnante –agrega Guerra- que corría atrás de Castro, a quien le gusta que lo
adulen”. Casi
en los mismos términos, los testimonios confirman el costado más despreciable
del Che.
El
despreciaba a los negros. A Juan Almeyda Bosques le decía el negrito. Yo le dije
‘mira cuando te diga negrito dile que tú eres un chancho, porque no te bañas’”. El 24 de junio de 1956 un grupo de los presuntos expedicionarios es capturado por las autoridades de migración mexicana.
El
Che estaba entre ellos y varios estudios acusan a Guevara de haber sido informante
o delator al hablar con las autoridades por temor a una posible deportación a
la Argentina. “Juan Almeyda Bosques me dijo que él (el Che) había colaborado con
la policía cuando nos arrestaron y nos llevaron a la cárcel, y él se había puesto
en contacto con las autoridades mexicanas para entregar todas las armas”. En
la Sierra Maestra: Del primer asesinato a los fusilamientos masivos
“Una
vez escogió un guajiro que según los datos era un ‘chivato’ del ejército. Pero
no había una seguridad concreta –comenta Jaime Costa, asaltante del cuartel Moncada,
expedicionario del yate Granma y comandante del ejército rebelde. Fue enviado
por Castro a reagrupar a los miembros del Movimiento 26 de julio exiliados en
Centroamérica. “Se formó un tribunal –continúa Costa- que determinó que no había
seguridad de que era un delator y por lo tanto no se le podía quitar la vida.
El Che dijo ‘si no se la quitan ustedes se la quito yo’, y sacó la pistola y lo
mató. El Che decía ‘la duda no hace más nada, hay que fusilar’. De
esta forma, Guevara asesina personalmente a Eutimio Guerra, un campesino que se
había unido al ejército rebelde. Posteriormente, el Che dirige más ejecuciones
en Mientras
los fusilamientos se multiplicaban, los testimonios de “Guevara, Anatomía de un
mito” revelan que el Che, pese a haber sido designado por el mismo Fidel como
jefe de una de las más importantes columnas guerrilleras, era en realidad un militar
inexperto e inoperante a nivel táctico. Sus ex compañeros aseguran que no estaba
capacitado militarmente y que esto había sido confesado por el mismo Che, quien
reconocía que de acciones militares sabía poco y nada, que no tenía la menor idea
de cómo desplegar una estrategia de posicionamiento táctico de tropas, cómo armar
una trinchera y túneles, ni mucho menos determinar por dónde debían desplazarse
los tanques. Esta incapacidad para dirigir un plan de acción quedó probada en
su paso por el Congo y Bolivia donde perdió todas las batallas y se entregó sin
luchar.
Guevara
subestimó a los miembros del Segundo Frente y no aceptó la autoridad de sus comandantes.
Varios miembros de ese frente recuerdan fuertes discusiones con el Che, quienes
además resaltan su carácter traicionero y vengativo. En realidad, el Che habría
sido enviado por Fidel para evitar la división de la revolución en dos frentes
y unificar las acciones militares. Pero en realidad, el Che tenía vía libre para
fusilar por la espalda a quien quisiera como lo hizo con Jesús Carreras, uno de
los comandantes del Segundo Frente. Entre
las hazañas injustamente atribuidas a Ernesto Guevara figura el asalto de un supuesto
tren blindado (cargado con armas) en la ciudad de Santa Clara. Varios de los que
fueron protagonistas de ese hecho contradicen la versión oficial del régimen castrista;
en lugar de una proeza militar se trató de una traición del Che a una negociación
ya acordada por el Segundo Frente. Con
la entrada de la columna capitaneada por el Che a la ciudad de Santa Clara comienzan
las ejecuciones indiscriminadas tal como había ocurrido en la Sierra Maestra.
Allí realiza varios fusilamientos de soldados del régimen de Batista.
“Firmaba
las órdenes de fusilamiento antes del juicio”
Las
condiciones de juzgamiento desconocían absolutamente las garantías mínimas de
defensa en juicio y principio de inocencia. De esta manera, en los primeros cuatro
meses que el Che estuvo al frente de la fortaleza de la Cabaña fue responsable
del fusilamiento de varios centenares de hombres en su mayoría miembros del antiguo
régimen. En
enero de 1959, Jose Vilasuso, abogado, comenzó a trabajar en la Comisión Depuradora
bajo las órdenes de Guevara, como instructor de expedientes. “Me llamó la atención
la forma en que él me dijo cómo tenía que ser mi trabajo”, dice Vilasuso, quien
describe el paredón de fusilamiento manchado de sangre de personas sin pruebas
incriminatorias y sin la posibilidad del ejercicio de una defensa justa. Cientos
de hombres fueron así condenados a la pena de muerte por fusilamiento mediante
sentencias preestablecidas en los denominados juicios sumarísimos. Estas ejecuciones
pronto se extendieron a lo largo y ancho de la isla. Luego
de su gestión al frente de la fortaleza de la Cabaña, Guevara fue presidente del
Banco Nacional de Cuba y posteriormente ministro de Industrias. La biografía es
lapidaria: “En todos ellos primó su incapacidad profesional y una constante: sembrar
el terror como base o medio para el sometimiento”. Pero
su arrogancia, despotismo y desprecio, tenía un punto débil. El Che temía a Castro
a quien siempre evitó enfrentar. La sumisión, señalan los testigos de la época,
era total: “Podían discutir mucho, pero finalmente el Che siempre agachaba la
cabeza”, rememora uno de los testimonios. Tras
cuatro años de la llegada al poder, Guevara se convierte en la principal bandera
propagandista de la revolución cubana. En la Asamblea General de las Naciones
Unidas, el 11 de diciembre de 1964, el Che reconoce públicamente los fusilamientos
en Cuba. “Fusilamientos, sí, hemos fusilado,
fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una
lucha a muerte”, dijo el Che.
El Congo fue
su próximo destino, allí perdió todas sus batallas y pronto debió abandonar el
país. A su regreso a Cuba empieza a preparar la aventura boliviana junto a un
reducido grupos de hombres de confianza. Mario Monje Molina, Secretario General
del Partido Comunista Boliviano, recuerda el encuentro con el Che a quien le aclaró
de entrada que no iba a permitir jamás que un extranjero dirija la lucha armada
de su país y le propone hacerse él cargo de las operaciones y designarlo asesor
militar. Pero Guevara no aceptó. Sin poder reclutar al campesinado boliviano,
ni apoyo del PC boliviano, el Che fue detenido junto a la mayor parte de los guerrilleros.
El resto es historia conocida: Ernesto Guevara de la Serna murió el 8 de octubre
de 1967 en la Higuera, Bolivia.
Video Gentileza de Cuba Liberal Formato Windows Media
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