Septiembre 22, 2004 11:18
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CARTA A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Y COMUNICADO DE PRENSA

Lo que sigue a continuación es la carta enviada por Fernando Esteche a los programas de Grondona y de Majul, a los que estaba invitado pero no pudo concurrir por rzazones que son de público conocimiento.


5 de setiembre de 2004


Sr. Mariano Grondona/Majul:


En primer término no quisiera faltar al decoro y agradecerle entonces su invitación para participar del programa de esta noche, lo cual por razones que son de público conocimiento me será imposible cumplir.

De todos modos me animo a escribir estas líneas con la esperanza que aporten en algo a establecer mi posición y la de mi organización respecto de la situación que estamos viviendo.

Vamos a intentar escuetamente que se entiendan y comprendan las motivaciones de nuestro accionar para que sean los argentinos los que juzguen nuestros actos y no un hombre como el todavía juez Galeano que como todos sabemos bien deja que desear.


Los argentinos mucho hemos luchado para poder elegir a nuestros representantes. Fue una lucha no siempre reconocida pero generosa y efectiva la que nuestro Pueblo libró contra la dictadura; y así construyó la posibilidad de elegir a sus representantes.

Una y otra vez elegimos hombres para que comanden los destinos de la Patria; y una y otra vez fuimos traicionados, engañados y estafados.

Creímos que la democracia era comer, curar y educar y ahí fueron nuestras esperanzas defraudadas por el Plan Austral, el Plan Primavera y toda esa sarta de argumentos entreguistas y vaciadores. 1989 nos encontró en medio de la más terrible hiperinflación y hubo que salir a la calle a forzar la salida en estampida de un gobierno inepto.

Luego elegimos el nacionalismo que encarnaba el discurso menemista, que fue prematuramente defraudado con la designación del equipo económico y la entrada en las relaciones carnales y el neoliberalismo. Nada nos desarmó más que la defección y abierta traición enarbolando las banderas históricas de nuestro Pueblo como la que encarnó Carlos Menem.

Más tarde elegimos a la Alianza y su negación de todo lo que significaba la cultura menemista. Basta mencionar el 19 y 20 de diciembre, las coimas en el senado y los sushi boys para comprender que asistimos a una nueva defraudación.

Así llegamos a Kirchner, el presidente menos votado de la historia, y su vergonzoso acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que compromete el 4% del superavit primario, cosa que ni el cavallismo se animó a refrendar. El menos elegido entre los peores, el exponente del duhaldismo perdidoso frente a la fracasada Alianza.

Es muy claro para nosotros que las crecientes y recurrentes traiciones han ido vaciando el concepto de democracia que acuñáramos desde el 82, y que la casta política se ha convertido en enemiga de la gente, y que hace falta refundar la república y recrear la democracia sobre nuevas bases.

Votar no es en sí mismo democrático.

Se nos ha preguntado una y otra vez en diversos medios de dónde o cómo se financia Quebracho. Nunca se le pregunta a los Sobisch, Macri, Kirchner o De la Rua de dónde se financian, de qué viven. Todos aceptan que a ellos los financien los lobbystas y las empresas privadas, todos aceptan que ellos vivan de la política. Nosotros vivimos de nuestro trabajo, yo siendo un profesional universitario me gano la vida como peón de albañil. Quebracho construye su escuálido presupuesto del aporte voluntario de su militancia, no lucra con planes trabajar ni lo financian empresas como a los políticos “serios”.

Como se ha dicho, para nosotros democracia es cuando gobierna el pueblo, cuando el gobierno hace lo que el Pueblo quiere. Y en nuestras tierras hace mucho que nada de eso sucede.

Nosotros no somos bravucones, no vamos a andar anunciando insurrecciones o asaltos al poder. Somos un conjunto de argentinos defraudados de la política clásica, de allí nacimos. No nos hemos organizado para gobernar, nos ha unido la necesidad de resistir, de aportar a construir otra lógica de poder y de vida.

Nos duelen como a todos, o a casi todos, los argentinos que viven postrados en la miseria, los que duermen en las calles, los pibes que no tienen futuro ni presente, nos duele la Argentina, nos da de lleno en la cara del alma.

No podemos permanecer impávidos frente a la miserización de la vida, no somos opinadores, somos militantes, argentinos con vocación de cambiar las cosas. Tenemos como condición existencial la imposibilidad de desoír los quejidos dolorosos de la Argentina profunda.

Es probable que algunos o muchos no compartan nuestras formas, la manifestación de nuestro odio hacia los que nos condenan a la miseria. Descontamos sí, que la mayoría comparte un sentimiento de repulsa hacía ellos. Y ellos tienen nombres y apellidos; y entre ellos Rodrigo de Rato como exponente de ese organismo genocida que tanta miseria y desgracia ha sembrado en nuestro suelo y en el Mundo, que ha sido parte de un gobierno que no dudó en enviar tropas invasoras a Irak, que masacró al Pueblo Vasco, que recolonizó el Río de La Plata con Repsol, Telefónica, Banco Francés, etc. Entre ellos este hombre que no duda en decir literalmente que “no (le) importa nada”.

Se preguntan por qué se asocia a nuestra organización con la violencia, eso lo deben responder los comunicadores. Porque en las miles de manifestaciones en las que participamos y no se producen incidentes no construyen noticias, porque en las diarias tareas de los merenderos y los comedores no se producen noticias, y porque cuando claramente construimos fuerza política en las universidades es mejor no producir noticias.

Como sea es bueno establecer que no esperen de nosotros la otra mejilla, que no comulgamos con esa idea. Si nos atacan nos defendemos. Al que se le ocurrió la peregrina idea de que la resistencia hindú gandhiana al Imperio británico fue pacífica, nosotros lo lamentamos por semejante chatura intelectual. Nada más violento que llevar a millones de seres humanos a que los bobbies les partan la cabeza. Cada Pueblo construye el valor de su libertad, ahí los ejemplos de la India, o Argelia, o Palestina, o Euskal Herria. Nosotros, a diferencia de los mediocres menesterosos no somos de los que tiramos la piedra y escondemos la mano, vamos de frente y asumimos las responsabilidades políticas de nuestras acciones.

Los argentinos también le ponemos valor a nuestra libertad, no andaremos pidiendo permisos, ya lo señalaron los padres de la Patria, la Independencia no se la compraron a los Ingleses, la conquistaron en la guerra.

Finalmente, insistimos, es probable que la forma en que cada uno se para frente al enemigo de la Patria sea distinta. Cómo cada uno se enfrenta a la miseria, con cuanto ardor y dolor, es posible que difiera. Lo nuestro es odio, odio a los que deciden sobre la vida de la gente, hacia los que deciden las muertes y las frustraciones de los argentinos, y ese odio, canalizado y proyectado en política es Quebracho.

Hoy somos perseguidos, tenemos algunos de nuestros compañeros en prisión. Algunos están satisfechos con eso. Esa es la medida de su patriotismo. Los que luchamos estamos presos; los eternos mentirosos, los elencos estables de los gobiernos fracasados, los derrotados, los que no construyeron sino que destruyeron a la Argentina, esos están detentando el poder, esos opinan libremente, esos parecen señores pero son simples bandidos.

Mientras tanto los argentinos seguiremos produciendo esta sociedad desmembrada, con la inseguridad para los que tienen algo, la frustración para los que no tendrán nunca nada, la indiferencia de los que sobreviven, y la bandera azul y blanca coronando semejante nación.

Señor Mariano Grondona/Luis Majul, ojalá el tiempo de la televisión no impida o censure la lectura integral de esta misiva. Usted sabe bien que siempre hemos respondido a las inquerencias que se nos formularon, porque creemos en lo que hacemos; espero que esta vez podamos hacerlo por medio de la presente.

Sin más que agregar, simplemente un abrazo fraterno a los míos, a los que se identifican con esto y agradecido si no soy silenciado, seguramente eso aporte a la construcción de una verdadera democracia.


Fernando Esteche



 

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