Gabriela
Pousa PANORAMA POLÍTICO SEMANAL, 22 DE NOVIEMBRE DE 2004 Por Gabriela
Pousa CUIDADO CON LA
POSDATA
“Es empresa vana tratar de ridiculizar
a un necio rico: las carcajadas están de su parte”. Jean de Bruyére Sin
mega-anuncio pero con un despliegue de medios que intentó al menos, acicalar
el escenario, nos hemos dado el lujo de continuar viajando. Pareciera que hay
cierto temor a quedarse en este suelo. Quizá, porque aquí dentro
no hay demasiadas novedades que entretengan y hasta el propio hartazgo comienza
a hartarnos.
De pronto, el triunfo de Bush, la derrota
de Kerry, la victoria de Tabaré, la muerte de Arafat, dejaron de ser aquello
que nos mantuvo de desvelo en desvelo. El ahora pasa con inusitada velocidad a
ser un remoto pasado. Así, seguimos sin rumbo hasta que, de pronto, nos
sorprendió la gran muralla. Estábamos o aún estamos en Asia. Tras
ocuparnos de algunos asuntos locales como ser la relación amorosa de Carlos
Tévez - jugador de Boca- y la modelo sin pasarela, el propio congreso que
hiciera con su lengua Torcuato Di Tella, las peculiares “fiestas” de “regresados”,
etc., volvimos a insertarnos en el mundo al menos en cuanto al tema top...
Los
noticieros se ocuparon de mostrarnos como tomar los palitos para comer arroz,
los medios gráficos se esmeraron en argumentar los contra y los pro de
las nuevas relaciones carnales y la izquierda salió a las calles a denunciar
un régimen de opresión en nuestra “madre” sustituta, la China de
Hu Jintao... Al parecer el “populismo” nacional es derecho y humano. Si algo
nos caracteriza a los argentinos es la coherencia y la consistencia de nuestras
vertientes ideológicas intrínsecas. Al Presidente, que hasta ayer
se lo acusara de querer cerrar fronteras, hoy se lo condena por la apertura de
éstas. Posiblemente ambas posturas tengan su dosis de razón o al
menos de certeza. Pero convengamos que acá, quién falla, ya no es
quién escribe la carta sino aquel que posteriormente la avala firmándola...
Y a la sociedad argentina está visto que se le puede acabar la paciencia,
el asombro, la memoria... pero no hay caso, lo que no se le acaba nunca es la
tinta y la ceguera que le impide ver la otra cara de la moneda.
Paradójicamente,
en una negociación tan “trascendente” quién estuvo ausente de escena
ha sido el Ministro de Economía, Roberto Lavagna. En su lugar, Julio De
Vido, tomó la delantera. Este enroque en los actores amerita que la duda
se erija como buena consejera. Pero la carreta delante del caballo no lleva
a ningún lado. ¿Cómo se puede hablar siquiera de libre mercado
cuando el default sigue acosando a la Argentina? El acuerdo con el Fondo Monetario
se retrasa. Los bonistas no aprueban la oferta que se les vende como “reestructuración
de deuda” y el país sigue, sin equilibro, tambaleando en la cornisa.
Claro
que Dios aprieta pero no ahorca. Estados Unidos acaba de encontrar un hongo capaz
de echar a perder su cosecha de soja... Pero eso ocurre en América y nuestra
dirigencia está absorbida en la cultura milenaria de una China que maneja
el capitalismo de la misma manera como acá se maneja la democracia. La
democracia que nos deja con pesificaciones asimétricas, con récord
en el tráfico y consumo de cocaína, con secuestros con menú
incluido: extorsivos o exprés, con cajeros automáticos que estallan
por obra y gracia de “la mano de obra desocupada”... Ni a Truman Capote ni a Walter
Scott se le hubieran ocurrido semejantes protagonistas para encarnar a sus criminales
o sus víctimas. Y un Ministro del Interior, Aníbal Fernández
explicándonos en conferencia de prensa que las bombas en los bancos “no
es tan complicado ni tan simple. Nosotros entendemos que alguien lo preparó” Gracias,
señor funcionario. Ahora nos queda más claro... Pero todo eso
carece de importancia si estamos en época de turismo tratando de averiguar
qué se siente siendo chinos... Y con un superávit fiscal récord
`pareciera que hay visa para quedarse afuera un largo rato. En rigor de verdad,
poco importa que sea China, Rusia o Vietnam. El gran problema argentino pasa por
el crónico síndrome de la mediocridad.
Importar,
exportar, ALCA, MERCOSUR... Todo en síntesis, deriva en la misma conflictividad:
A la competencia en la Argentina se la ve como la peor de las enemigas.
Cuidado
porque es cierto que Asia es el continente que más ha crecido y crecerá
en los próximos años pero el crecimiento no es contagioso... Si
no se hace absolutamente nada en torno a las finanzas de entre casa, la bonanza
asiática no garantizará por ósmosis riqueza ni disminución
del desempleo, ni caída industrial argentina. No seamos obsesos. Mientras
perdemos tiempo discutiendo si los zapatos saldrán más o menos baratos
y nos distraemos mirando a Lula con desconfianza por jugar sin consultarnos sus
propias cartas, hay un Chile que se incorpora -de una u otra manera- a la Unión
Económica Europea y al mercado americano con hechos más que con
filípicas o misivas bien intencionadas. La Argentina siempre tuvo cartas.
Lástima que nunca recordemos leer qué dicen las posdatas... GABRIELA
POUSA
(*) Analista Política.
Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en
Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Sociología del Poder
(Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención
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