
Postales
de un piquetero entre zapatistas
Sábado
24 de julio del 2004, por Prensa
Una semana en Chiapas Uno de nuestro compañero, Alberto Spagnolo,
fue invitado a México por la Universidad Autónoma de dicho país,
a un ciclo de debates sobre la situación latinoamericana que
reunió a importantes intelectuales (Ana Esther Ceceña, Emir
Sader, Bernardo Mançano, Álvaro García Linera, entre otros).
Estuvo también en Puebla, invitado por John Holloway a una ronda
de intercambio, y visitó Chiapas, donde convivió con los zapatistas
una semana en el municipio -o caracol- La Realidad.
En Chiapas, México, hay un municipio rodeado
de selvas llamado La Realidad.
Un lugar extraño. En La Realidad no hay televisión,
diarios, centros comerciales, gaseosas ni salarios. No hay desocupados,
ni sobreocupados. No hay policías, y entonces no hay secuestradores
ni delincuentes. No hay miedo a perder el trabajo. No hay miedo.
No hay servicios del Estado, no hay partidos políticos de derecha,
centro, ni izquierda. No hay planes sociales, ni envíos a domicilio,
ni periodistas. No hay abogados, ni economistas. No hay ricos,
no hay degradados, ni noticieros, ni burócratas, ni publicidad.
No hay patrones, ni excluidos, ni management. No hay mendigos,
ni opinión pública, ni asesinos seriales. No hay dealers ni
gerentes. No hay antidepresivos, ni fama. No hay bancos. No
hay suciedad. No hay fin de la historia. No fichan a la entrada.
No hay consultoras. No hay chicos abandonados, no hay grandes
abandonados, ni asistencialismo. No entregan premios. No hay
hambre, ni moda (hay elegancia). No hay debilidad, y entonces
no hay violencia. No hay lástima. No hay culpa. No hay ofertas.
Ni sometimiento. No hay alcohol ni drogas. No hay angustiados,
ni exitosos, ni psicofármacos. Nadie hace cosas humillantes,
nadie humilla. Todos viven. Si el nombre de este lugar excesivamente
enfático a algún observador, puede optar por la otra denominación
que los zapatistas de los pueblos indígenas tojolabales, tzeltzales
y mames le dieron a La Realidad: Madre de los caracoles del
mar de nuestros sueños. ¿Cómo entender ese sitio que cuestiona
tantos hitos del mundo global? Nuestro compsñero Alberto Spagnolo
optó por intentar comprender a partir ciertas rutinas, tales
como convivir y conversar. Spagnolo, integrante del Movimiento
de Trabajadores Desocupados de Solano fue invitado a México
por la Universidad Autónoma para participar en el ciclo de charlas
y debates "América Latina en movimiento", junto a
figuras como la mexicana Ana Esther Ceceña (una de las más reconocidas
intelectuales ligadas al zapatismo), los brasileños Emir Sader
(director del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad
de Río de Janeiro) y Bernardo Mançano (de la universidad paulista,
asesor del Movimiento sin Tierra), el boliviano Álvaro García
Linera (matemático y sociólogo, teórico político y estudioso
de los movimientos sociales en su país), Raúl Zibechi (uruguayo,
editor de la revista Brecha y autor de Genealogía de la Revuelta),
Carlos Fazio (periodista y docente en Ciencias Políticas y
Sociales en la UNAM) y Armando Bartra (director del Instituto
Maya y miembro del consejo editorial de las revistas Cuadernos
Agrarios y Chiapas).
Pero el viaje sirvió también para concretar un
viejo deseo: conocer en el terreno vida y obra del zapatismo.
En La Realidad, la rutina de Alberto era sencilla:
dormir en una hamaca, despertarse a las 4.30 de la mañana, ir
emergiendo del sueño y de la eterna neblina del amanecer en
la selva. Té de yuyos y comienzo de las actividades:
Llegué
gracias a diversos contactos, pero no conocía a ningún zapatista.
Desde el Distrito Federal hay que ir 1.200 kilómetros hasta
San Cristóbal, ya en Chiapas. Y desde ahí son ocho horas de
viaje en camioneta. Las últimas seis horas son duras, por camino
de tierra, montaña y selva.
Todavía
existe la selva.
Esa
sí. Está bien cuidada. La Realidad es un lugar rodeado de naturaleza.
Clima tropical, unos 28 ó 30 grados, pero refresca a la noche.
Viven unas 800 familias.
Hay mucho espacio.
No viven apretados hacinados como nosotros en
el conurbano. Las casas son de madera, amplias, sobre piso de
tierra, con techo de chapas. La cocina en el centro.
A mí me llevaron a una casa para los visitantes,
que ya tenía los tirantes preparados para colgar la hamaca que
conseguí prestada.
La rutina continuaba con trabajo comunitario
de mantenimiento y limpieza del lugar, y conversaciones.
La organización es la siguiente: en el sudeste
mexicano existen 32 municipios autónomos, bajo control zapatista,
que a su vez se agrupan en cinco caracoles.
Cada caracol reúne a los delegados de los consejos
autónomos de su área, que integran así la Junta del Buen Gobierno,
que se maneja con el concepto de "mandar obedeciendo"
(lo cual implica la idea de un rol ejecutivo subordinado a lo
que decidan las asambleas).
Estuve
con los responsables de la Junta del Buen Gobierno.
Los eligen por asamblea.
Allí deben ser unas 800 familias, y en la Junta
del Buen Gobierno habrá 20 o 30 personas.
Es una democracia directa.
Se nota mucho que eligen a los mejores compañeros
y compañeras, por su dedicación y sobre todo por su honestidad.
¿Cómo
se manejan los que están en esa situación de poder?
No
cobran nada y les representa una responsabilidad.
Es incompatible con pertenecer al EZLN (Ejército
Zapatista de Liberación Nacional).
Y es muy evidente que no toman el poder como
una situación de dominio sino como un servicio.
Alberto fue conociendo las áreas productivas.
Producen
para autoconsumo y lo que se vende fuera de Chiapas vuelve como
capital para salud, construcciones y todo lo que necesitan.
Producen frijoles, maíz, arroz, frutas.
Mucha banana y mango.
Y tienen el café orgánico (de alta calidad, producido
por la cooperativa indígena Mut Vitz) que varias organizaciones
solidarias venden en Europa.
También producen madera para autoconsumo.
Tienen su propio camión, y así salen a vender,
porque antes los intermediarios los robaban.
Es una economía comunitaria, solidaria, donde
no se entiende lo económico com enriquecimiento de un grupo
o sector.
No hay concentración de productos en pocas manos.
El desayuno fuerte llegaba a las ocho de la mañana:
Un
plato de porotos con arroz y algo caliente: un té de limón o
agua de arroz.
Todo es de mucha austeridad en el modo de vivir.
No hay una sociedad de consumo como estamos acostumbrados
a tener aquí.
La rutina continuaba con más trabajo comunitario,
o la participación de Spagnolo en varias charlas en la escuela,
con chicos y adultos, explicando las rarezas de un país llamado
Argentina.
No
tienen diarios ni revistas ni miran televisión.
Pero te aseguro que están muy bien informados-
dice Alberto, confirmando acaso los teoremas más actuales sobre
comunicación, que indican que a mayor exposición a los medios,
mayor saturación de la persona, pero menor nivel de información
y comprensión.
En La Realidad se enteran de las cosas a través
del área de prensa, y parecen saber todo lo que necesitan, incluido
un sutil conocimiento no sólo de la realidad mexicana sino también
la de Latinoamérica y el mundo.
Cerca del mediodía se interrumpen las tareas
y los estudios, para dejar lugar al descanso y al deporte.
Juegan
al vóley y al fútbol.

Yo no pude porque hace un tiempo me lesioné jugando
a la pelota y no hay caso: no me curo.
Alberto asegura que lo sorprendió lo bien que
juegan los mexicanos.
¿No
hablaron de Maradona, como siempre pasa con los argentinos que
viajan? (consulta de carácter religioso-nacionalista).
No.
Ni me hablaron del tema.
En ese lapso de la tarde (entre las dos y las
tres) es la hora también de un almuerzo que cumple el clásico
rol de refuerzo.
Tortilla,
frijoles, arroz. En los días que estuve nunca hubo carne de
ninguna clase. Es una cultura donde la alimentación no es como
la nuestra.
No hay variedad de productos o marcas.
No hay un supermercado.
Hay algunas tiendas de abastecimiento, pero con
herramientas o cuestiones necesarias para el trabajo.
¿Manejan
dinero?
Tienen
todo lo que necesitan, y el dinero en todo caso lo usan para
alguna compra fuera de su territorio.
Hablamos de una economía doméstica, donde tendrán
sus dineros para compras puntuales.
Luego llegaba la hora de más calor, unos 30 grados,
que se aprovecha para la higiene.
Antes
de las cuatro, todos los días nos íbamos a un río que baja de
la montaña para bañarnos.
El lugar es muy lindo, pero el agua baja bastante
fría: hay que tirarse sin pensarlo mucho.
En La Realidad no hay agua corriente -puede verse-
ni gas: usan leña.
La electricidad se obtiene de una turbina que
los zapatistas colocaron en el río.
No hay televisión, aunque hay un televisor comunitario
en la biblioteca, con videocasetera, para ver películas o videos.
Escuchan Radio Insurgente.
Ponen
mucha música, información, y es de lo más familiar, con mensajes
de lo que ocurre en los distintos caracoles.
La jornada empieza a cerrarse con un par de horas
más de trabajo y escuela. -La escuela tiene espacio de alfabetización
para niños y adultos, y sus propios maestros.
Estamos
hablando de comunidades sin profesionales urbanos.
Es
que llevan 20 años de trabajo.
Puede ser que en sus orígenes hayan necesitado
ese tipo de colaboración, pero ya tienen su autonomía y las
propias comunidades van generando espacios educativos y quien
se haga cargo de ellos.
Hubo un programa del gobierno que fue una provocación,
con maestros que eran más bien espías, con programas contrainsurgentes.
Pero las comunidades frente a eso realizaron
una resistencia consciente, saben de qué se trata.
Tienen un tipo de educación de acuerdo a las
necesidades de aprender a leer y a escribir, pero también tienen
una temática profunda, una visión internacional, algo muy amplio
y rico, o cerrado en su realidad.
Estudian mucho, los muchachos.
Alberto no es un especialista en modas, pero
comenta que le impresionó la elegancia de las mujeres:
Es
bellísimo como visten. Hacen sus propios tejidos y tienen un
colorido fenomenal.
Ves a las mujeres y parece que están siempre
vestidas para una fiesta.
Aún en las tareas domésticas y en la vida cotidiana.
El hombre es un poco más informal, anda de pantalón
largo por los bichos de la selva, y remera, pero las compañeras
andan muy elegantemente vestidas siempre.
La combinación de colores es muy linda, una resistencia
a la occidentalización.
Tal vez brinde una pista uno de los paños bordados
que Spagnolo trajo como recuerdo.
Es de un hilado color hueso, de una suave aspereza,
con unas hojas verde claro -y una azul- y flores de seis pétalos
de un fucsia que prueba quién inventó los tonos "flúo".
Hay palabras bordadas en azul, anaranjado, verde, violeta, celeste.
Y el centro del cuadro es un caracol sobre cuyo
caparazón hay tres caracolitos.
Todos tienen el cuerpo dibujado como un espiral
de fino hilo marrón.
Todos llevan pasamontañas negro. Las palabras
dicen:
S-Nan Xoch baj paman ja tez waychimel Ku’ untik
y debajo, con letras igualmente coloridas, la traducción. Madre
de los Caracoles del Mar de nuestros sueños.
El colorido nombre de La Realidad.
(En los buscadores de Internet se produce un
ilustrativo lapsus: cuando se teclea "S-Nan Xoch baj paman",
la inteligencia artificial consulta al usuario si lo que en
realidad intentó escribir es "bajar pacman").
"Muc’ul
puy zutu’ik ju’un jc’optic"·Los
otros caracoles son: (Torbellino
de nuestras palabras) en Morelia, de zapatistas tzeltales, tzotziles
y tojolabales.
"Te
puy tas maliyel yas pas yach’il sacál quinal" (Resistencia·
hacia un nuevo amanecer) en La Garrucha de zapatistas tzeltzales.
"Puy
muitit cha’an ti lak pejtel" (El Caracol que habla para·
todos) en Roberto Barrios, de zapatistas choles, zoques y tzeltzales.
"Ta
tzikel vocolil xchiuc jtoybaitic sventa slekilal sjunul·
balumil" (Resistencia y rebeldía por la humanidad) nombra
al caracol de Oventic de zapatistas tzotziles y tzeltzales.
La hora de la cena es poco después de las 7 de
la tarde. El menú no varía demasiado. Tortilla, arroz, frijoles,
frutas. No beben alcohol. Cuenta Alberto.
El
alcohol y la droga están prohibidos en todo el territorio por
ley zapatista, tomada por consenso.
Han tenido muchos problemas y ha sido dramático.
Las comunidades trabajaron mucho el tema y resolvieron
que por preservación y para generar las condiciones para una
calidad de vida y de relación, había que decir basta de alcohol.
Parece que fue un largo proceso de debates.
El alcohol y la droga generaban un mecanismo
de destrozo de la familia, destrozo de las relaciones, y tomaron
esa iniciativa como autodefensa.
A nosotros nos puede parecer muy duro, pero creo
que es lo correcto.
La ausencia de alcohol y drogas -que acaso resulte
inquietante en diversos ámbitos del quehacer nacional- no redujo
los decibeles de alegría y convivencia de estas comunidades
que parecen capaces de sobrevivir a tales ausencias.
Una de esas noches de música, además, los zapatistas
compusieron una canción para los piqueteros argentinos (ver
aparte).
Las Juntas de Buen Gobierno se dividen en distintas
áreas, de las cuales, según Alberto, la que menos trabaja es
la de seguridad.
No
ves a nadie en el rol de policía.
Hay compañeros que se dedican a esa tarea porque
tienen sus mecanismos de autodefensa y preservación de su integridad
como comunidad.
Parecería una de las áreas que menos trabaja,
con la de justicia.
Nunca noté un conflicto como para que alguien
tenga que imponer orden, una pelea.
Son lugares preservados de los daños que hemos
vivido en las grandes ciudades.
Son lugares seguros, salvo por la amenaza del
ejército o de la contrainsurgencia.
Pero ahí no encontrás inseguridad.
Es gente muy bondadosa, muy sana. No se grita.
Nunca vi que se le pegue a un chico o que le griten.
Las otras áreas del buen gobierno son salud,
educación, producción, economía. Todas le llamaron la atención.
En
salud, por ejemplo, se nota la atención permanente, la presencia
de médicos, pero además tienen la medicina alternativa, yuyos,
herbolario.
¿En
Solano están haciendo algo similar?
Estamos
en eso, porque se pueden recuperar los yuyos y las hierbas como
un aporte a la prevención sabiendo que hay situaciones donde
la medicación es inaccesible.
¿Hay
presencia militar?
Para
nada. Es muy clara la posición con respecto a eso: no ejercen
el gobierno con lo militar.
Tienen sus mecanismos de seguridad pero no hay
ua presencia miliciana que se note o se imponga en el gobierno.
De hecho, las personas que están en la milicia no pueden estar
en la Junta del Buen Gobierno.
Si
existe esa Junta, es porque hay una delegación de poder hacia
ella por parte de la comunidad.
¿Eso no choca con la idea de horizontalidad que
postulan en el MTD de Solano?
Yo
creo que las Juntas de Buen Gobierno son horizontales.
Porque no tomamos la horizontalidad como un método
de ejecución, sino como una relación entre personas.
(Breve aclaración para no iniciados: la horizotalidad
está muy de moda entre numerosos caudillos verticalistas.
Pero secreta o abiertamente muchos cuestionan
el concepto por su posible poca eficiencia, como si toda decisión
tuviese que ser discutida masivamente -lo cual generaría un
asambleísmo perpetuo- negando cualquier forma de delegación.
Lo que Spagnolo sugiere es que la horizontalidad
está dada por el tipo de relación entre las personas, sin que
exista una que domine a otras por el hecho de poseer el "poder"
que le fue delegado). Continúa Alberto:
La
Junta es elegida por democracia directa, y es la ejecutora de
los mandatos de la asamblea.
Ellos la horizontalidad la definen con el concepto
de "mandar obedeciendo".
¿Pero
existe tal cosa? ¿O se trata de un juego de palabras y en realidad
es un ejercicio del poder, como cualquier otro?
Creo
que han elaborado y procesado mucho el tema del poder. Se nota
que las personas que están con responsabilidades no lo hacen
dominando, maltratando o aprovechando esa situación, sino que
han llegado a un profundo conocimiento del significado de ese
rol.
¿Cómo
es esa forma de poder? Acá estamos acostumbrados al poder como
lugar de hegemonía y privilegio: la lucha por el poder.
Yo
creo que no les habrá resultado fácil porque es una temática
inherente al ser humano.
No sólo tenés que ser un occidental moderno para
reproducir lo que es el abuso del poder.
Pero se ve que es una de las cuestiones que más
han trabajado.
No digo que tengan todo resuelto.
Puede ser una contradicción pero menor que la
que encontrás aquí.
Allí toman el poder como una cuestión de servicio,
no de dominación.
Pero
todos los que ejercen el poder dicen que lo hacen para servir
a los otros: reyes, presidentes, funcionarios, derechistas,
izquierdistas, policías…
Habría
que ver qué piensa la comunidad.
Generalmente eso lo expresa el individuo que
ejerce el poder.
Pero no es lo que expresa la comunidad.
Entre los zapatistas hay una comunidad que siempre
se expresa.
¿En
qué otra cosa se diferencian de otras formas de ejercicio del
poder?
No
es en función de una carrera económica. No es un privilegio.
Es un servicio que tiene que ver con una actitud de vida. Ahí
no vas a ir a buscar un salario.
Pero
no todo el que ejerce el poder lo hace por una cuestión económica.
Parecería haber una seducción del poder en sí mismo.
Es
cierto, no es solo económico, pero el gran deterioro es que
la política también se ha convertido en un gran negocio.
La
militancia se transformó en una profesión.
Y
muy rentable. Los candidatos dicen que son exitosos empresarios,
pero bien que dejan sus empresas para dedicarse a la actividad
política que les deja ganancias a través de las relaciones,
y del manejo de información.
¿También
ocurre en lo que se llama campo popular?
Nadie
está exento. Siempre se puede reproducir el mismo esquema de
poder como dominación. Pero yo percibí que tienen muy elaborada
esa cuestión, esa contradicción, y el valor de estar en un lugar
de servicio. Es una moral que tienen. No sé si la palabra correcta
es moral. O una mística. Digamos: una fuerza. Es algo muy presente
a través del sufrimiento que han pasado. Podría hablarse de
disciplina, aunque la palabra también es fea, pero no sé cómo
encontrar otra.
No
dramaticemos. Hay palabras bellas como democracia o libertad
que andan todas estropeadas, y otras como disciplina y moral
a las que se les puede encontrar un significado ajeno a lo eclesiástico
o a lo militar.
Disciplina
no tiene por qué ser imposición, yo hablo de una coherencia
entre lo que asume el colectivo, y lo que se tiene que ejecutar
después en la práctica. Esa coherencia es la que encontré en
los zapatistas. Y trabajo: son muy trabajadores.
Alberto contó la experiencia del MTD, le preguntaron
si el gobierno argentino es lo que aparece en la prensa, él
contestó, y a la vez tuvo oportunidad de hacer preguntas.
Les
pregunté por el aspecto organizativo, las dificultades y expectativas.
¿Y?
Bueno,
me resultaron un modelo de organización. Yo veo que estamos
en otro tiempo, o en otro momento, pero vamos hacia ahí. Ellos
tienen muchos años de desarrollo.
¿Qué
es lo que genera más asombro?
Para
mí, que existe una resolución de las contradicciones. Nosotros
pasamos por situaciones contradictorias. Entre autonomía y relación
con el Estado, economía y autonomía, que la educación no sea
para la dominación. Uno nota que esas cosas se traban mucho
y estallan contradicciones que te dejan pensando qué estamos
haciendo mal, y si hay una salida. Pero con este tipo de experiencias
uno puede percibir que cuando esos grandes temas están madurados
y resueltos, las cosas funcionan muy bien. No es imposible.
¿Por
ejemplo?
Por
ejemplo, el tema del poder, o ser autónomos y no depender del
Estado. Por momentos parece que son contradicciones sin solución,
pero no: no es imposible resolverlas. Lo más rico de este viaje,
para mí, es poder decir que la autonomía no es imposible. Que
el tema de tener una delegación siempre que no sea un ejercicio
de dominación y de poder, tiene que ver también con un crecimiento
que no ha sido fácil para ellos ni es fácil para nosotros.
El
hallazgo no es cómo resuelven ellos las cosas, sino percibir
que se pueden resolver.
Claro,
me hizo muy bien ver que se puede encontrar la solución de conflictos
y de las trabas que se nos presentan. Pero exige una ubicación
en tu lugar y no pensar que vas a dar respuestas mecánicamente.
Me hizo bien ver que la autonomía funciona, que es una cosa
que va avanzando en un clima de una tranquilidad y armonía que
se ve que es fruto de todo un trabajo previo.
Por
toda esta descripción, la palabra armonía parece más aplicable
a los Caracoles que al conurbano bonaerense.
Es
que aquí la urgencia nos lleva a un desgaste o hasta a una angustia
permanente, de ver que lo que uno proyecta está lejos y las
necesidades son inmediatas. Eso genera problemas de relación,
grupales. A veces no es fácil convivir en medio de tanta pobreza
y necesidades inmediatas. Provoca no sólo la angustia, sino
también estallidos emocionales. Es lo que nos toca vivir. Me
parece que en eso tenemos que reforzarnos. Pensar también en
el mediano y largo plazo. No podemos ser tan pretenciosos de
querer resolver todo ya. Pero vengo reconciliado con nuestra
naturaleza humana. A veces uno, por las cosas que vive, puede
pensar que el hombre no es capaz de bondad. Que eso desapareció
de la tierra. Pero cuando te encontrás con este tipo de experiencias
que no son un discurso sino una coherencia entre la palabra
y la vida que se asume, cuando encontrás la enorme transformación
que le dieron a su propia vida, te reconcilia con el género
humano.
Me
imagino que alguien desde una posición ortodoxa dirá: pero esta
gente no toma el poder, y entonces no se cambia la realidad.
El poder se mata de risa.
No
se mata de risa. Hay 32 municipios surgidos en pleno momento
de oscuridad donde se anunciaba el fin de las utopías y el fin
de la historia. Creo que el zapatismo demostró la posibilidad
de decir: no nos van a matar, no nos vamos a morir, no vamos
a renunciar al cuidado de la naturaleza. Es un movimiento de
resistencia que está presente, vivo. Si eso no es transformar,
¿qué es transformar?
¿En
qué se diferencia esta actitud de la de la izquierda tradicional?
Entre
otras cosas, en que no hay ningún tipo de espera sobre si se
va a tomar el poder, ganar elecciones o cualquier otra cosa.
Destraba eso y pone la energía en el lugar donde hay que hacer
las cosas. Por ahí el mundo estaría mucho mejor si en vez de
pensar en tomar el poder, se comenzaran a plasmar prácticas
concretas. Si Brasil, con un enorme movimiento de izquierda
como el PT no pudo actuar como lo pensó, ¿dónde está en América
Latina la organización que pueda hacerlo? No podemos quedarnos
en la pasividad de esperar un mesías, un caudillo o un partido
que tome cartas en el asunto. Mientras tanto, esta experiencia
está demostrado que hoy se pueden hacer las cosas, que nada
es imposible.
¿No
es más sencilla la situación de relativo aislamiento de los
zapatistas, donde hasta la amenaza militar ayuda a cohesionarlos,
con respecto a lo que ocurre con los movimientos en el conurbano?
Ojo,
que la situaciónde ellos incluye grupos paramilitares, indígenas
que no están del mismo lado y mucha gente que trabaja en función
de la violencia. Sin duda que es difícil tambiénel conurbano.
Lo urbano es un extra de dificultades. Es duro por las interferencias,
los intereses de poder que se entrecruzan, las angustias, las
urgencias.
¿La
autonomía no puede confundirse con la idea de construir la comunidad
fuera de esa realidad?
Yo
creo que a la realidad hay que transformarla, hay que asumirla.
No fugarse. Vemos que tenemos condicionamientos, pero no nos
sentimos determinados. Porque si uno tuviera una idea determinista
diría: "acá es imposible". Es lo que os decía la izquierda
clásica en el 96, cuando empezamos: "Están trabajando sobre
lugares descompuestos. De acá (de los desocupados) no va a salir
nada porque es el sector más atrasado y destrozado. Nosotros
tozudamente decíamos que no, pensábamos que había un despliegue
de potencia que podía darse en nuestros lugares. De hecho se
ha demostrado. Eso demuestra que no estamos determinados. Y
habla de la posibilidad de transformar.
Paradoja:
los zapatistas compusieron y grabaron una canción dedicada a
los piqueteros, y la transmiten a través de su relación con
el MTD de Solano, que justamente no está haciendo piquetes.
Es
que ahí están nuestros orígenes e iniciativas, aunque hay en
gestación algo más dinámico, y eso es lo rico. Hay un tema de
identidad que todavía no está definido ni cerrado. Y creo que
sería muy pobre si fuese una identidad solamente piquetera.
De todos modos hacemos movilizaciones, como contra la criminalización
de la protesta, aunque van algunos compañeros, no todos.
No
se deposita la energía en reclamar planes sociales.
Claro,
ya no es una cuestión de grupos masivos pidiendo planes, sino
prepararnos para una cosa que exigirá desafíos y que no creo
que pueda hacerse sin lucha. Pero a lo mejor con ejes más abarcativos
que el reclamo por un plan que sigue siendo una migaja. Tenemos
que encontrar la manera de salirnos de esa lógica. Porque por
ahí eso a los movimientos, no digo que los achanche, pero los
hizo volar bajito. Nos hizo volar bajito.
Lo
que está en debate entonces es el método de lucha.
Es
un discernimiento. Estamos decidiendo qué es lo que queremos
hacer, y a qué ponerle nuestras fuerzas. Si queremos autonomía,
salud, educación, le vamos a poner la fuerza a eso. No es algo
cerrado. Si hay que salir a luchar vamos a hacerlo como siempre
lo hicimos. Pero no podemos estar siempre envejeciendo en la
ruta. Hay que prepararse para dar saltos. Porque si no, se nos
va la vida.
¿Y
no hubo algún encuentro con Marcos?
No
andaba por ahí. Yo creo que Marcos es la comunidad. El zapatismo
es la comunidad, su actividad, su vida. No me preocupaba especialmente
conocerlo.
Final:
¿cómo fue el encuentro con John Holloway (el autor de Cambiar
el mundo sin tomar el poder) en Puebla?
Hay
un equipo de unas 15 o 20 personas que se reúne a conversar
quincenalmente y me invitó. Estuvo también Raúl Zibechi. Se
armó una discusión porque hubo algunas preguntas, cuestionamientos.
Un tema fuerte lo planteó una señora, una compañera, analizando
si los movimientos no somos funcionales al modelo neoliberal.
Un parche.
Si
la idea de cambiar el mundo sin tomar el poder no es un maquillaje.
Claro.
Planteaban: ustedes son movimientos espontáneos, basados en
necesidades, pero quedan en eso. Movimientos sociales: algo
menor, diluido, sin estrategia y sin programa. Algo reactivo
que así como surge desaparece.
Interesante
debate. ¿Hubo respuesta?
Sí.
La verdad es que quise intervenir y estuve un poco calentón,
bah, apasionado. Dije que hay una actitud despectiva y una subestimación
de los académicos y bien pensantes que ven que siempre a los
movimientos hay que tutelarlos. Que tiene que haber un partido,
un organismo estratégico para tutelar al movimiento social que
está en una especie de infancia: no ve, no sabe, ni puede caminar
solo. Y que la legitimidad de los movimientos viene por su posibilidad
de establecer programas, siempre relacionados con la toma del
poder. Pero se los subvalora si no hay partido o grupo de vanguardia
que establezca hacia dónde hay que ir.
¿Y
la señora qué dijo?
Nada,
yo seguí diciendo que la misma realidad latinoamericana está
demostrando que las estructuras y partidos que acceden a los
gobiernos se encuentran en una terrible impotencia. Y que las
resistencias y verdaderas transformaciones se van dando en estos
movimientos, en cuanto a su posibilidad de hacer, pensar y crear.
¿Y
la funcionalidad al neoliberalismo?
Desde
la observación tradicional de una izquierda ortodoxa, sos funcional.
Y
desde los movimientos, ¿esa izquierda ortodoxa es funcional
al neoliberalismo?
En
su razonamiento creo que terminan coincidiendo. Primero, endespreciar
las posibilidades que están latentes en los movimientos, que
son los que más luchas han encarado, poniendo el cuerpo, con
trabajo y capacidad de ruptura. Cuando la izquierda ortodoxa
dice que los movimientos son reformistas, subestiman un núcleo
de lucha y buscan aislarlo, aunque no lo logren. Ahí son funcionales
al Estado represivo.