Diciembre 13, 2004 23:54
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JM + JA 10.12.2004

Por los muertos en la Subversión.

HOMILÍA del OBISPO Castrense Monseñor Antonio Juan BASEOTTO; con motivo del recordatorio de los ASESINATOS cometidos durante la Subversión en la misa organizada por la Organización Vicil Argentina de lucha Contra el Terrorismo.

Estamos en pleno tiempo de Adviento. Un tiempo litúrgico que se enmarca entre dos hechos: el rimero sucedido hace 2000 años. El otro, la segunda venida del Señor al fin de los tiempo.

El primero recuerda y celebra la presencia del Salvador de los hombres que llega como niño: el Verbo, la Palabra de Dios, un infante (uno que no sabe hablar).

No habla con palabras. Habla con hechos; su entrega total en bien de los hombres.

Habla por los ángeles que glorifican a Dios y ofrecen la paz a los Hombres...

Y vendrá en la segunda venida, como el señor de la historia, como Juez de los hombres, como Rey cuyo dominio es de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz.

Y en este marco pedimos hoy por quienes fueron victimas del terrorismo y de la subversión; militares y civiles, de uno u otro bando. Hubo idealistas y delincuentes. Se trató de una guerra. Y en una guerra es imposible evitar excesos.

Lo que ahora nos cabe a todos, es buscar el encuentro , trabajar por la paz. Es insensato que tanta sangre derramad, tanto dolor sufrido, todavía tenga secuelas de venganza, represalias e iniquidades.

Si amamos a la patria, debemos trabajar para la reconciliación y la paz. No cabe sembrar odio.

Quien no ha entendido el sentido del perdón, no tiene derecho a llamarse Cristiano.

Siempre encontramos motivos de quejas y reclamos, sea cual fuere el ángulo desde el que uno mire. Jesús en el Evangelio lo describe: “Vino Juan que era penitente y austero, y Uds. Lo llamaron endemoniado. Viene el hijo del hombre que come y bebe como uno más, y Uds. Lo llaman borracho y comilón; ¿Quién podrá contentarlos?”.

Ciertamente lo vivido como comunidad Nacional, debe llamarnos a reflexión. “Yo soy el señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que has de seguir” – no dice por Isaías en la primera lectura.

El profeta hablaba al pueblo atenaceado por la Fuerzas asirias, al pueblo que por no haber sido fiel a la alianza, padecía el castigo aleccionador de Dios.

Me pregunto: ¿Y Dios no nos está queriendo dar una lección con lo que nos sucedió y nos sucede?.

Nos llamamos Argentina Católica. ¿Hasta donde lo somos de verdad?.

La injusticia Social.

La aversión a la cultura del trabajo.

La corrupción a todos los niveles, en especial de los que por su liderazgo deben ser ejemplo ¿qué tienen que ver con los principios y normas del evangelio?...

La destrucción de la familia, la corrupción de menores (que no otra cosa son las leyes que propician el sexo seguro, la salud reproductiva y anejos...): ¿Son de un pueblo cristiano o de un neopaganismo que aflora como regurgita una cloaca?.

Que el clamor del profeta resuene no sólo en nuestros oídos, sino especialmente en nuestro corazón.

Juan Bautista fue un apasionado por la verdad. A él se refiere Jesús en el Evangelio con tanta ponderación. No podemos seguir alimentando a nuestra juventud con verdades a medias, que es una forma excelente de mentir.

La paz se construye sobre la verdad, la Justicia, el amor y el perdón.

Sino estamos dispuestos a vivir en plena verdad, en la justicia que merezca ese nombre, en el amor que al estilo de Cristo perdona... no soñemos con la paz.

Seguirán cantando los ángeles: “paz en la tierra para los hombres a quienes Dios tanto ama”; pero si estos hombres no tienen buena voluntad, voluntad de conversión, son incapaces de recibir la paz.

Al pedir por la paz eterna de las víctimas del terrorismo y la subversión, trabajemos con todo empuje y realismo para construir la paz en la patria argentina que tanto la necesita. Y comencemos por la paz interior, a la que se accede por el camino de una sincera conversión.

Señor de la Paz: danos la grandeza para construirla.

Madre de Luján, que velas por la patria y la acunas en tus brazos desde su nacimiento, ruega por nosotros y haznos constructores de la paz.

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