
Diciembre 14, 2004 13:45
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Su Excelencia Cardenal J. Bergoglio Arzobispo Metropolitano De nuestra mayor consideración:
Deseamos hacerle llegar nuestro mensaje solidario de repudio a la muestra “artística” de León Ferrari, que se está llevando a cabo en el centro cultural Recoleta en la sala Cronopios.
Creemos que la cultura debe estar al servicio de los más sublimes valores divinos y humanos y cuando es utilizada, según cree el autor, para denunciar o despertar conciencias, debe hacérselo cuidando las formas y guardando el respeto necesario, de lo contrario se incita al odio y al enfrentamiento más irracional que tanto daña la necesaria buena convivencia.
Nos parece grave que el gobierno de la ciudad no haya velado por cuidar el bien común y preservar la buena convivencia y por lo tanto le llamamos la atención para que no incurra en este tipo de errores que exacerban los ánimos.
Al señor León Ferrari le decimos que no es nuestra voluntad coartar su libre expresión sino preservar el marco de respeto bajo el cual debemos hacer conocer nuestras críticas o denuncias en cualquiera de sus formas, artísticas u otras.
Jesús y María (La paz sea con ellos), no pueden ser blasfemados más que por una monumental ignorancia, pues a través de ellos vendrá la salvación y la pacificación del mundo que el autor dice anhelar. Decimos esto como musulmanes, con la sabiduría que nos confieren nuestras fuentes de fe, el Sagrado Corán y las enseñanzas del Profeta Muhammad (BPD), que ensalzan a ambos hasta la cima de la representatividad divina.
Sabemos que el autor no cree en estas fuentes sagradas, pero al menos debería ser más coherente con la sensibilidad humana que intenta representar, cuidando de no herir brutalmente la sensibilidad de los que sí creemos en ellas, que somos nada menos que más de la mitad de la humanidad. Aún si supusiéramos que debiéramos ser guiados a una conciencia “más objetiva”, ¿acaso no deberíamos ser conducidos de una manera más cuidadosa?& nbsp; No será violentándonos o insultándonos como nos ayudaremos a crecer y madurar. Ninguna institución conformada por hombres falibles debe quedar exenta de la crítica de sus semejantes, pero la crítica debe ser constructiva y no destructiva. Esta es una se las enseñanzas proféticas y está inserta en la conciencia moral de los hombres.
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