Noviembre 3, 2004 20:25
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“Invasión o inversión China”

 

China prestaría 20 mil millones de dólares…en bonos del tesoro de EE.UU a la Argentina.

 

De esta forma Kirchner, lograría pagar las obligaciones de la  deuda externa y realizar inversiones…

Kirchner para 8 años …

 

Aunque no le guste leerlo al presidente, es obvio que “ La Argentina deberá mejorar la oferta a los bonista”¿ y esto será en función del dinero Chino?.

Además de que no hay que creerle a Kirchner cuando habla de la deuda externa porque tiene una política  ambigua o de doble discurso, lo cierto es que pagara mas a los bonistas , y la quita no será del 75 %, sino mucho menos , aunque quiera disfrazarlo. La prueba de esto es que aceptó hasta ahora la presión del FMI sobre el PBI.

Fuentes del Gobierno aseguran que el presidente Néstor Kirchner prepara un anuncio que lo entusiasma a tal punto que no viajaría este jueves a Río de Janeiro, para la cumbre de presidentes del Grupo Río. Las versiones apuntan a un acuerdo entre el Tesoro de EE.UU., China y la Argentina.

Con el acuerdo de Washington, China le prestaría a la Argentina 20.000 millones de dólares de las cuantiosas reservas que tiene en su Banco Central y que están constituidas, en gran parte, con bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

Ese dinero no ingresaría en la Argentina sino directamente se destinaría a cancelar la totalidad de la deuda con el FMI y una parte de la deuda con los demás organismos financieros. Así, la deuda argentina seguiría siendo la misma pero en lugar de adeudarle a los organismos, la Argentina quedaría con una deuda similar pero con China.

La Argentina iría cancelando la deuda con China a través del llamado sistema de capitalización de deuda por inversiones. Esto significa que todos los años el Gobierno cedería áreas de inversiones a China, dándole un cupo, por ejemplo de 1.500 o 2.000 millones de dólares.

El Gobierno emitiría los pesos necesarios para que realicen esas inversiones, a cuenta del pago de la deuda ya contraída. Una de las áreas que es de interés chino es el petróleo y ahí podrían jugar las concesiones que podría efectuar Enarsa. También se mencionan asociaciones o joint ventures que empresas argentinas con fuertes ventas en Asia podrían realizar con inversionistas chinos. Y asociaciones con China para desenvolver la obra pública.

 

Geopolítica:

No se dice abiertamente, pero EE.UU. ve a China como el “nuevo enemigo”, no sólo por la ideología podría pensar, sino por negocios…

 

China es un mercado que recién se esta abriendo al mundo propiamente dicho Y es la Argentina el pie para el desembarco latinoamericano, al menos eso quiere Kirchner. Tiene necesidades básicas importantes, entre estas los recursos naturales y particularmente los alimentos e hidrocarburos…

 

El ejército mas grande  y mas poderoso del mundo no es el de EE.UU. sino el de China.  Un batallón, podría tener  6 millones de hombres Y un ejército de 500 millones de hombres. Con potencial nuclear.

Las Bases militares subterráneas, son ciudades…

 

La expansión China, será en principio Comercial, para después  ser de influencia política. Paralelamente la inversión comercial ira con la “inversión”  ideológica” y de control de los recursos naturales .

 

Es cierto que el Mercado Chino en estos momentos  puede ser el más importante del mundo… Pero Geopolíticamente, Argentina es un país despoblado, con muchísimos recursos naturales y particularmente espacios.

 

No se va a decir abiertamente, pero seguramente, esto incluirá una importante corriente inmigratoria de ese país hacia la Argentina. Incluyendo la inmigración indeseable “ la mafia China”, mafia que nadie controla , ni hace inteligencia.

 

China es  un país con un estricto control de la natalidad, sólo se permite un niño por familia…

 

Entonces, con el poder económico y la necesidad argentina, no es de descartar inversiones de ese país en la Argentina. Pero claro, conociendo a nuestros políticos, y el debilitamiento de la instituciones de nuestro país, hablamos de “ invasiones” Chinas.

 

No es Ideología es Supervivencia:

 

Esto no tiene que ver con ideología política, es una cuestión estratégica, China  representa un imperio, como lo es EE.UU. Tanto Europa, EE.UU. y China, necesitan necesariamente los recursos de esto países empobrecidos y periféricos como la Argentina. Es una cuestión de supervivencia. De hecho estas últimas guerras realizadas por EE.UU. contra el terrorismo, son nada más que el control del petróleo mundial.

Luego seguirán por el Agua, y los alimentos.

 

Ahora la pregunta es “ EE.UU. dejará que el “patio trasero” juegue a un eje anti-norteamericano impulsado por China”?.

La respuesta la podemos adelantar:  NO.

 

Algo grave que paso desapercibido y fue un Globo de ensayo de la CIA : “ Ben Laden  esta en China”.

 

 

China niega dar refugio a Osama bin Laden

 

(EFE) El gobierno de Pekín desmintió noticias aparecidas en la prensa occidental sobre el presunto refugio de Osama bin Laden en el noroeste de China y la portavoz del Ministerio del Exterior chino las calificó de irresponsables.

“Puedo asegurar que Bin Laden no está en este país”, declaró la portavoz oficial Zhang Qiyue, en respuesta a una información del periodista británico experto en Oriente Medio Gordon Thomas, publicada en distintos medios de comunicación.

Según Thomas, el hombre más buscado por los servicios secretos de Estados Unidos se encuentra “cerca de un lago próximo a la frontera entre China y Pakistán”, donde está acompañado de su principal asesor y médico personal, Ayman al Zawahiri, también acusado de terrorismo.

La zona donde presuntamente se encuentra Bin Laden pertenece a la provincia de Xinjiang, con una importante minoría musulmana y en la que operan grupos separatistas que, según Pekín, están vinculados a Al Qaeda.

Según fuentes del Pentágono, China pactó con Bush la entrega de Bin Laden a cambio de acuerdos comerciales y una política menos agresiva de Washington hacia los derechos humanos en el país asiático. (EFE)

 

Es evidente que Ben Laden este o no este en China o en la Frontera de Afganistán-China, el hecho es grave y marca a China como amigo del terrorismo…

Por supuesto, por el momento, nadie piensa en una acción militar directa, inclusive con el problema de las Coreas.

 

 

Es de destacar que por ahora, China invertirá en Petróleo , automotrices, turismo, autopistas y comunicaciones…y lo que se le ocurra . Y lo preocupante tiene que ver también  en  “turismo” y control energético…

 

Obviamente, esto traerá sin dudas un enfrentamiento con Europa y EE.UU.  De hecho EE.UU. a través de agencias  de inteligencia como la   NSA entre otras, opera a través de “ testaferros” como podría ser Tompkins :

 

Al respecto este interesante análisis aportado a Seprin por una fuente:

 

 

¿BIENVENIDO MR TOMPKINS?

Octubre de 2004
Dueño de más de 300.000 hectáreas en Chile y de aproximadamente 200.000 en Argentina, Tompkins apunta al restablecimiento del viejo principio de canje de deuda por territorio, tendiente al apoderamiento legal de las inmensas reservas de recursos naturales que atesoran los países periféricos o autodenominados de reserva.

Ese proyecto se propone aplicar a los países en cesación de pagos o en 'default' el principio de derecho privado denominado 'concurso preventivo', para lo cual prevé que el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Corte de Basilea puedan operar como tribunales de quiebras.

En su edición de diciembre de 2001, el semanario inglés 'The Economist', a su vez portavoz del 'Royal Institute of Internacional Affaires', sostuvo: 'Argentina demuestra que existe la necesidad de introducir un procedimiento para administrar la quiebra de Estados soberanos'.

'Si se crea un mecanismo de bancarrota bajo auspicios del FMI, ello requerirá cambios en el estatuto del Fondo y quizás cambios en las leyes de todos sus países miembros', añadió 'The Economist'.

Las actuales negociaciones de Argentina en torno a sus aproximadamente 100.000 millones de dólares de 'default' proponen una quita sustancial de capital e intereses pero no llegan a establecer una solución definitiva para el problema. Ni el propio gobierno de Néstor Kircher se anima a desmentir con claridad a aquellos expertos que vaticinan nuevos cuellos de botellas en vencimientos futuros. No esta en discusión el pago sino la proporción del superávit fiscal afectado al mismo.

Frente a este escenario, organizaciones como el 'Internacional Forum on Globalization', Jubileo 2000, la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD) y el gobierno de Canadá, propusieron la creación de una especie de Corte Internacional de Quiebras, a cargo de buscar acuerdos
entre partes o, en su defecto, de actuar como tribunal especializado.

El experto estadounidense Norman Bailey, asesor de la presidencia argentina durante la administración de Eduardo Duhalde, sostuvo a principios de 2002 que 'en la Argentina no quedan muchos activos por vender, pero aun se pude armar un esquema de canje de deuda usando tierras fiscales y activos provinciales'.

Tanto el FMI como el BM presionan para que el gobierno de Néstor Kirchner privatice los bancos Nación y Provincia de Buenos Aires, ambos estatales y juntos poseedores de más de 15 millones de hectáreas en títulos de hipotecas no ejecutadas a pequeños y medianos productores agrícolas de todo el país.

Según fuentes confiables, el plan canje de territorio por deudas diseñado para Argentina incluye los codiciados Parques Nacionales, a los que el 'ecologista' Tompkins no cesa de donarles cada vez más hectáreas.

Los lazos del magnate norteamericano se hacen visibles en el flujo de fondos de dos de las asociaciones ecologistas más grandes del mundo: la ya nombrada 'International Forum on Globalization' (IFOG), y el 'Funders Network on Trade and Globalization' (FNTG).

Desde sus inicios, en 1997, el IFOG aglutina a organizaciones ecologistas de distintos puntos del planeta. Su presidente es Jerry Mander, mano derecha de Tompkins y a su vez director de Programas de la organización 'The Foundation for Deep Ecology'.

Si bien el mismo Tompkins es el primordial proveedor de fondos, con más de 850.000 dólares invertidos al año 2000, entre los apoyos financieros de IFOG figuran tres instituciones de renombre: el 'Rockefellers Brothers Fund', la 'Turner Foundation' y la 'Ford Foundation', instituciones vinculadas al banco JP Morgan Chase.

En la década del ´60, David Rockefeller financió una investigación patrocinada por Henry Kissinger, la que culminó en el llamado 'Iron Mountain Plan' (IMP).

El IMP exponía la imperiosa necesidad que tiene Washington de buscar una forma silenciosa de ganar presencia en las zonas geográficas que sean de interés estratégico. Entre muchas de las alternativas propuestas para tales fines sobresale la utilización de la causa 'ecologista', ya que la misma 'cuenta con el apoyo social suficiente como para no generar demasiadas sospechas entre la población'.

La familia Turner es dueña de varias estancias en la Patagonia argentina, dentro de las que se ubica el famoso Lago Escondido. Otro de los nombres que surgen de entre los directivos de IFOG es el del inglés Edward Goldsmith, titular de la revista 'The Ecologist'. Su hermano, Sir James, fue un millonario banquero de Londres, que formo parte tanto de la junta directiva del banco de inversiones 'St James Capital Place', de la familia Rothschild. También operó como ejecutivo del 'Quantum Fund', de George Soros. Sir James era, además, ferviente defensor de la causa ecologista y amigo personal de Douglas Tompkins. Luego de su muerte, el año pasado, su fortuna quedó en manos de la fundación que lleva su nombre, la cual es controlada por su hermano Edward.

James es el conocido autor del best-seller La Trampa donde denunció los procedimientos de alimentación artificial de vacunos y ovinos previniendo con carácter esencialmente anticipatorio ,lo que mas tarde se conocería como el mal de la" vaca loca" una degeneración neurológica extrema que afecto a miles de consumidores de carnes rojas en el mundo. Entre otros al ex canciller argentino Guido Di Tella.

Tanto James como el príncipe Carlos militan en las corrientes antimodernistas del Reino Unido que apuntan a la preservación arquitectónica y al monopolio -de hecho desarrollado por empresas vinculadas al mismo Carlos -que fomentan el consumo de vegetales libres de contaminantes en el mercado libre de Amsterdam.

La 'Funders Network on Trade and Globalization' muestra una relación de intereses todavía más clara. Surgió como iniciativa de IFOG y sus operaciones financieras están relacionadas con el 'Rockefeller Family Fund'.
Su mesa directiva esta integrada por 12 personas, entre las que se encuentran ejecutivos de 'Ford Fundation', de 'Rockefeller Fundation, de 'James Michael Goldsmith Fundation' y de 'The Foundation for Deep Ecology',
perteneciente Tompkins.

Durante un simposio organizado por la Universidad John Hopkins, de Estados Unidos, en el año 2002, Randall Hayes, uno de los principales líderes ecologistas, dio a conocer por primera vez la hoja de ruta con la que las organizaciones vinculadas a IFOG aspiran a marcar la senda hacia un mundo 'sustentable'.

En el documento, titulado 'Estructurando la Economía Global : Erradicando Bretón Woods y Creando Nuevas Instituciones', Hayes demarca una estrategia que incluye la desaparición del BM y del FMI, la reforma de Naciones Unidas (ONU) y la creación de nuevas instituciones para el manejo de la deuda, adecuadas a la operatoria de canje por territorio.

Respecto de las deudas de los países del Sur, Hayes recomienda la fundación de la Corte Internacional de Insolvencia, cuya labor ve en términos de lo recomendado por la UNCTAD , Jubileo 2000 y el gobierno canadiense. Los territorios adquiridos por Tompkins, tanto en la Patagonia como en la nordestina provincia de Corrientes ( 100.000 hectáreas en los Esteros de Iberá), sobresalen por su potencialidad en recursos mineros y acuíferos.

Por otra parte, y según lo afirmado por fuentes seguras, desde hace aproximadamente un año, cuadrillas de geólogos no identificadas realizan tareas de exploración minera en la Patagonia , sin ningún tipo de autorización por parte de las autoridades nacionales. Entre las compañías mineras más grandes que operan en la Patagonia , se destacan dos: la 'Anglo Gold' y la 'Barric Gold'. La primera tal vez sea la mayor minera del mundo. Entre sus directivos se encuentran altos ejecutivos de dos conocidas firmas bancarias: 'Rothschild and Sons', y 'JP Morgan Chase'.

Otra importante cara del directorio de 'Anglo Gold', es Nicholas Oppenheimer, heredero de un imperio financiero que se remonta a más de cuatro siglos de antigüedad. Aparte de ser una muy sustanciosa accionista
del Citybank de Nueva York, la familia Oppenheimer cuenta con una posición casi monopólica en la compraventa de diamantes a traves de Des Bergs . El 95 por ciento del comercio mayorista de dicho mineral transita por la 'Central Sellings Organization', de su propiedad.

Por ahora, las inversiones de 'Anglo Gold' en Argentina se centran en el yacimiento de Cerro Vanguardia. Desde hace dos años posee el 98 por ciento de las acciones, luego de que el empresario argentino Gregorio Perez Companc le vendiera su 46 por ciento.

Barrick Gold, por su parte, es concesionaria de siete yacimientos en la provincia de San Juan (sobre la cordillera de los Andes) y dos en la patagónica Santa Cruz. El ex presidente de Estados Unidos George Bush padre, forma parte de su directorio.

En la Argentina el dirigente peronista Juan Gabriel Labake ha denunciado reiteradamente esta situación, acuñando la frase -ya popular -canje de"deuda por territorio".

Otros diputados, cercanos a la UCEDE ,no ven mayor problema en la internacionalización de la tierra pero lo que todavía no parece estar en discusión es el sistema de venta de tierras de frontera, supervisado por le Ministerio del Interior pese a la férrea oposición del ministro Domingo Cavallo en los años noventa.

La posición de Interior mantenía los criterios básicos de la Defensa Nacional , en tanto que Cavallo apuntaba a un crecimiento de las regiones productivas supranacionales. La propia situación de Malvinas era analizada por Cavallo como un sometimiento inevitable de los británicos, ante el crecimiento exponencial de la masa monetaria argentina. Los hechos posteriores parecen haber arrumbado esas apreciaciones en la hoguera de las vanidades

 

 

 

Buscan lanzar una operadora nacional de teléfonos
 
Estaría conformada por cooperativas que se desempeñan en distintos puntos del país. Es para competir con Telefónica y Telecom

 

Parece que ENARSA, la flamante empresa petrolera estatal, tendrá un hermano gemelo en el área de las telecomunicaciones.

La idea salió del propio Gobierno. El secretario de Comunicaciones, Guillermo Moreno, les pidió en una reunión a los representantes de cooperativas telefónicas que se “asocien si quieren competir”.

De esta forma, los instó a que avancen en la conformación de una operadora telefónica que pueda tener relevancia nacional así poder competir de igual a igual con Telefónica y Telecom, tanto en el mercado de telefonía celular como en el de la telefonía fija

De acuerdo a estimaciones oficiales, se precisarían alrededor de 100 millones de dólares para que la empresa esté operativa en 2007.

"El Estado los va a acompañar, pero no somos estatistas, no vamos a participar", dijo Moreno, que precisó que el Ejecutivo ve con buenos ojos una empresa nacional en este mercado.

La reunión
El encuentro con los cooperativistas fue el miércoles en el Palacio de Correos. Contó con la presencia de representantes de distintas federaciones: Antonio Roncoroni (Fecosur), Juan Carlos Fissore (Fecotel), Marcos Citrynblum, (TelViso), y los presidentes de Telpin, de Pinamar; EPEC, de Córdoba, Santa Rosa, Tortuguitas y El Calafate, entre otros.

También estaban representantes de Datco, empresa que preside Héctor Martínez. En la nueva empresa también podrían asociarse fabricantes nacionales de equipos.

Los cooperativistas, que se comprometieron a entregarle al gobierno en dos semanas el proyecto con la nueva figura jurídica con la que se constituirá la empresa, están en conversaciones con la empresa china Huawei, que viene ganando mercado como proveedor en la región, ya que sus equipos son sensiblemente más baratos.

El proyecto inicial de las cooperativas define que cada entidad tendrá libertad de acción en cuanto a la elección de proveedores en su zona. También que cada una deberá hacer la inversión necesaria en su área de operaciones. En el nivel nacional se conformará una sociedad madre, que va a estar abierta a otros operadores privados, como podrían ser fabricantes de equipos (Infobae.com)

 

ENARSA  PDVSA:

El Presidente de PDVSA ahuyentó rumores y proclamó la integración.
Modesto Emilio Guerrero - Argenpress, Argentina.

  Martes, 5 de octubre de 2004

El asedio periodístico fue feroz, tratándose de lo que puede significar PDVSA para las nuevas relaciones de la revolucionada Venezuela con Argentina y el Mercosur.

El puntualizado y prudente discurso del Presidente de PDVSA, Alí Rodríguez Araque, casi bajo el mediodía porteño, arrancó diciendo que la sucursal en Argentina es un instrumento para 'materializar el discurso integrador' del gobierno bolivariano de Hugo Chávez.

Ese fue el marco conceptual. El mundillo empresarial sureño aún observa estas frases con aprensión calculada. Por ahora está más motivada por la ecuación comercial que por la ideología contenida en la suave oratoria del venezolano. Rodríguez Araque le pegó al neoliberalismo por donde más le duele: 'Las tesis neoliberales colocan como piedra angular de la prosperidad la competencia, que conduce al triunfo del más competitivo que, por diseño, suele ser el más fuerte.'

No era difícil apreciar la imperturbable tolerancia de los funcionarios y empresarios presentes ante un discurso tan puntiagudo frente a la doctrina oficial de los dueños del mundo. Sobre todo viniendo del conductor de la quinta petrolera internacional. Al mismo tiempo y ante las mismas palabras, fue visible el regodeo de la militancia nacionalista que poblaba la sala.

Calificó de 'egoísmo nacional' la visión que 'pretende alcanzar la integración sobre la base de la competencia'. El gerente de una fábrica de válvulas, consultado por este cronista, comentó al final: 'Muy buenas ideas, la verdad muy buenas, lástima que antes yo debo asegurar la rentabilidad de la empresa que represento aquí' y siguió moviendo la cabeza como diciendo 'muy buenas ideas, muy buenas'.

Cerca de diez veces le preguntaron los reporteros sobre las negociaciones con la multinacional Shell por las estaciones de servicio. Cerca de diez veces, el jefe petrolero venezolano negó las versiones 'del mercado'.

Si, en cambio, aseguró que todo lo que se haga en Argentina pasará por la mesa de ENARSA, la aún nonata empresa mixta argentina. Todo en la perspectiva integradora de PetroSur. Y para ilustrarlo, a la entrada de las oficinas, un aviso luminoso en plexiglás mostraba con insistencia las palabras 'Petrosur', 'Petroamérica'.

Aclaró Araque que el objetivo es trabajar con ENARSA en todo lo que conduzca a inversiones comunes en exploración, explotación, producción, refinación y distribución en los mares del sur, además del aporte que puede brindar INTEVEP, el centro de investigaciones petroleras de Venezuela. 'En esas áreas estamos capacitados para competir en el mercado argentino'. La penúltima área, Distribución, es precisamente donde se asegura que PDVSA negocia con Shell lo que Araque negó.

Adelantó que está en estudio un plan para reducir la estructura de PDVSA en Estados Unidos y Europa y asentarse más en el Mercosur.

Informó que la inacabable demanda de China no significará la retirada o reducción de la cuota que mantiene en el mercado estadounidense, que es del 13% en crudos. Lo que si confirmó es la fluida relación de Caracas con el gigante asiático, en inversiones. 'Ellos tienen grandes inversiones en energía en Venezuela y estamos estudiando otros proyectos dentro del plan de inversiones aprobado por el gobierno nacional', dijo.

Venezuela aprobó este año un plan de inversiones entre 2004 y 2009 que supera los 37 mil millones de dólares. Unos 27 mil los cubrirá el Estado venezolano, el restante monto se les deja a las inversiones privadas nacionales y de otros países. Existen más de 50 empresas internacionales desarrollando negocios en el mapa energético venezolano. Unas 10 son de Argentina, que desde 1995, se constituyó en uno de los tres inversores más importantes en esta economía del Caribe. Un dato que seduce al empresariado argentino es la bicoca de casi 4.500 millones de dólares que PDVSA gastará entre 2004 y 2005 en componentes y repuestos, muchos de los cuales se producen en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Neuquen, Santa Cruz o la ciudad de Bahía Blanca.

A una periodista chilena, Rodríguez Araque le contestó que con el gobierno trasandino existen conversaciones para explorar negocios comunes, y repitió lo mismo que expresó para Argentina: 'PDVSA no está comprando a la Shell de Chile, como se ha dicho'. Es otro rumor, aseguró.

 

¿Libertad?

Detenido un ciudadano chino por difundir mensajes subversivos en Internet

Un ciudadano chino de la provincia de Hubei, en el centro del país, ha sido detenido y acusado de difundir mensajes subversivos en Internet, anunció el martes, la policía local.

Según las investigaciones preliminares, Du Daobin, de 39 años, había escrito y difundido 28 artículos en Internet desde 2001, incitando a la subversión del Poder estatal de China y a la destrucción del sistema socialista del país, señaló un portavoz del Departamento de Seguridad Pública de Hubei. (Xinhua)

 

   

China prepara un ejército cibernético

Según un diario norteamericano, la potencia asiática podría estar formando especialistas en operaciones de ataque contrav otros países a través de la Red

FELIPE CUNA
Especial para EL MUNDO

NUEVA YORK.- China quiere convertirse en el primer país en contar con una división en sus Fuerzas Armadas dedicada exclusivamente a la guerra cibernética en Internet. Según el diario The Washington Times, que cita fuentes periodísticas y oficiales en Pekín, los militares chinos consideran que los ataques a través de la Red contra otros países y otros Ejércitos deben equipararse a las operaciones militares por tierra, mar y aire.

En un reciente artículo, el diario oficial de las Fuerzas Armadas chinas advertía que entre los objetivos de las operaciones de sabotaje de estos soldados cibernéticos están las finanzas, el comercio , las comunicaciones y las telecomunicaciones del enemigo que tanto dependen de la tecnología punta.

Según The Washington Times, los chinos consideran los ataques informáticos son como "bombas electrónicas que saturan el espacio cibernético del enemigo".

El artículo señala que para lograr una "Fuerza Net", al mismo nivel que las disiviones del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea , es imprescindible contar con la mejor tecnología posible como scanners para realizar seguimiento de la información que circula en la Red , programas para romper las comunicaciones cifradas y secretas, software para robar documentos y tecnología para bloquear las telecomunicaciones e interferir en las redes de ordenadores en los sectores más importantes de la economía del enemigo.

En los últimos meses, el FBI ha detectado un incremento considerable de los ataques contra algunas páginas web del gobierno estadounidense, como la Casa Blanca , el departamento de Estado, el Pentágono y varias redes de ordenadores de la Administración que proceden de direcciones chinas en la Red.

En un informe elaborado el pasado mes de mayo, el FBI advertía que estos ataques tienen su origen en las más altas instancias del gobierno y del Ejército chino.

 

 

En una reunión entre militares y agente de la SI , se planteaba “el avance” de los EE.UU. en la Argentina a partir de las agencias ,  en el control de los recursos naturales, pero nos decían , El tema es que se deberá elegir entre los Chinos y los Norteamericanos … Ahora  la elección la dejamos a usted

Como conclusión podemos decir que al corto plazo, esto será muy positivo, con lo cual, evidentemente, esto se verá a mediados del 2005 y si se manejan las políticas adecuadas, podrá ser beneficio al corto plazo y una serie de "Bonanza económica" para la Argentina, asegurando la reelección del Presidente Kirchner. Sin embargo al mediano plazo se desataran conflictos con EE.UU. y posiblemente nos comprometa soberanamente como país, en particular con nuestros recursos naturales, más aún por las consideraciones y consecuencias del expansionismo Chino y por ende del eje anti-norteamericano Europeo. Kirchner no descubriò la polvora, sino que la "inversión China" es una cuestión estrategica de ese paìs. Esto esta en las Hipòtesis del Departamenteo de Estado". Y puede ser el comienzo de una nueva guerra frìa sin dudas.

 Un Consejo Final: De acuerdo a las políticas de K,  mande a sus hijos a aprender chino y hágalo usted también!

 

 

Temas relacionados :

 

LA SOMBRA DEL DRAGON AMARILLO

Cuando Kirchner viajó a CHINA para extender el mercado argentino, todo parecía muy bueno, hasta que leímos que la Argentina , facilitará la inmigración de chinos: Allí nos alertamos sobre el peligro del avance de la mafia China, que ya controla barrios enteros en la Ciudad de Buenos Aires, pero tambien una situación geopolitica. No es una cuestión ni siquiera política, aunque por allí algunos trasnochados de los 70 sueñen con Mao, lo cierto que China es el mercado más importante del mundo, y a pesar de todo el marketing, cerro la exportación de Soja argentino. No obstante, el peligro radica, en la exportación China de la temible y sangrienta Triada, cuya facilitación de ingreso inmigratorio será a través de los acuerdos de Turismo e inmigratorio. Este es un informe con datos de los ex agentes de la SIDE .[ampliar]

 

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ANALISIS SOBRE EL EXPNASIONISMO CHINO:

 

Pensamientos sobre China y una Guerra
Futura con China

Dr. Jeffrey Record

El nacionalismo xenófobo y cada vez más estridente de China refuerza el argumento de que está destinada a convertirse en el siguiente gran rival estratégico de los Estados Unidos y, por ende, que Estados Unidos debería empezar a tomar en serio la posibilidad de una guerra con ese país.1 La combinación de una autocracia continua en Pekín, la reafirmación militante de China a través del Estrecho de Taiwán y en el Mar del Sur de China, así como la creciente influencia del Ejército de Liberación Popular (ELP) “en el desarrollo de la política de seguridad e identidad nacional de China” indican una determinación de desplazar el poderío estadounidense en Asia Oriental y en el Pacífico Occidental.2 

Evidentemente, la nueva administración Bush está preparada para adoptar una línea más dura que la de que su antecesor en las dimensiones no económicas de la relación Chino-Americana, incluyendo los innumerables de abusos de los derechos humanos y la intimidación militar de sus vecinos por parte de Pekín. La administración Bush ha rechazado la ilusión de una asociación estratégica con China, ha sido explícita en la protección de Taiwán contra un ataque de China Continental, y está reorientando abiertamente el enfoque estratégico primario de los Estados Unidos de Europa hacia Asia. En pocas palabras, se prepara para contener a China mientras acepta una ampliación del comercio con ese país. De hecho, para la administración Bush, el comercio sirve como medio de contención; el comercio promueve la democratización económica, lo que a su vez—por lo menos así se piensa—socavará la misma autocracia que ha adoptado un nacionalismo extremo como sustituto legitimizado de una ideología comunista fracasada. La administración Bush concuerda con su antecesor en cuanto al atractivo de intentar minar políticamente a China a través de la democratización económica asistida por el comercio.

La política de contener el expansionismo de China Comunista no es nada nueva. Empezó en 1950, cuando la administración Truman ordenó que la Séptima Flota se interpusiera entre China Continental y lo que en ese entonces se conocía como Formosa, para impedir que Mao Zedong se apoderara de dicha isla. Posteriormente la administración luchó contra las fuerzas chinas hasta el estancamiento en Corea. La contención prosiguió durante la década de 1960, cuando las administraciones Kennedy y Johnson intensificaron la intervención militar estadounidense contra el avance del comunismo vietnamés, a la que consideraban un caballo de Troya para el imperialismo chino en Asia del Sudeste. Incluso durante la era del alineamiento estratégico tácito chino-americano contra la Unión Soviética en la década del 70 y comienzos de la década del 80, Estados Unidos insistió en una resolución no violenta de la relación entre Taiwán y China Continental.

Pero la China que Estados Unidos trató de contener durante la Guerra Fría era pobre y de la era pre-industrial y, durante el gobierno de Mao Zedong, periódicamente sufría de agitación política interna. Para Mao, la purificación política siempre fue más importante que la creación de riqueza, y sus nociones de industrialización eran absurdas. Por consiguiente, la economía china permaneció en completo desorden hasta fines de la década del 80. Por otro lado, durante la mayor parte de las dos últimas décadas de la guerra fría, la postura militar de China fue defensiva y su dirección concentrada en la Unión Soviética.

Aunque el surgimiento de China como rival estratégico está lejos de ser inevitable, es hora de pensar sobre la posibilidad de una guerra futura con China. Los valores políticos fundamentales de Pekín son hostiles a todo lo que representa Estados Unidos; China tiene ambiciones territoriales; su potencial militar es impresionante aunque muy lento; y existen puntos de posible conflicto chino-americano en el Estrecho de Taiwán y en el Mar del Sur de China. Por otro lado, la historia demuestra que la potencia e influencia relativas que actualmente disfruta Estados Unidos en todo el mundo inevitablemente declinará en algún momento. Ese punto puede ocurrir dentro de 50 ó 200 años, pero llegará—porque ninguna gran potencia dura para siempre.

La historia de China y el sistema político internacional como un todo también sugieren la poca probabilidad de que una hegemonía emergente china sea un estado cooperativo con voluntad de aceptar un orden internacional continuo dominado por Estados Unidos.3 Durante la mayor parte de su historia, el Reino Medio fue la potencia dominante en su mundo; sólo recientemente, empezando con las Guerras del Opio de mediados del siglo diecinueve, China cayó víctima de más de un siglo de intrusión y humillación occidental y japonesa. Henry Kissinger anota que China “casi no ha tenido la experiencia de tratar con otras sociedades en una base de igualdad”.4 Incluso descartando su profundo sentimiento de ser víctima de Occidente, es probable que China como potencia emergente insista en un orden internacional que refleje el crecimiento de su poder en relación al de Estados Unidos.

El pensamiento preventivo acerca de una guerra con China debe considerar como mínimo cuatro aspectos: los ingredientes económico, político, militar y de política exterior de China como rival estratégico calificado; las causas probables de una guerra chino-americana; las fortalezas y debilidades que cada lado llevará al conflicto; y el ámbito probable del combate. El pensamiento acerca de una guerra con China también debe tomar en cuenta el examen de la Guerra de Corea—la única guerra chino-americana hasta la fecha, y una maratón de incomprensión y errores de cálculo mutuos.

China Como el
Próximo Rival Estratégico

La postulación de China como el próximo equivalente funcional de la Unión Soviética se apoya en varias suposiciones necesariamente especulativas. La primera es que China continuará las altas tasas de crecimiento de su producto nacional bruto. Ciertamente el crecimiento económico de China a fines de la década del 80 y durante los 90 fue impresionante, sin embargo, éste ha desacelerado durante los últimos años. Pero la explosión económica empezó en una base muy baja y ha sido tremendamente dispareja entre las provincias de la costa y el atrasado interior.5 Gran parte de la producción industrial China aún consiste de productos de propiedad del estado, con mínimo valor económico. La corrupción es rampante a través de toda la economía y los niveles de desempleo y subempleo sorprendentes y potencialmente desestabilizantes.6 Incluso si las estadísticas de China fueran fiables, no hay base para simplemente extrapolar al futuro las tasas de crecimiento del pasado.

No obstante, hasta las más conservadoras tasas de crecimiento estimadas aún superan las de Estados Unidos y reafirman la sabiduría estratégica de la decisión memorable de Deng Xiaoping al dar rienda suelta al capitalismo en China. A diferencia de su antecesor, políticamente soñador y romántico, el realista Deng comprendió que no se podía lograr seguridad sin poderío y que la base del poderío nacional era la creación de riqueza. El éxito económico sigue siendo un prerrequisito para la competitividad militar de China. La Unión Soviética perdió la Guerra Fría porque se convirtió en una potencia unidimensional cuyo rendimiento económico declinante no pudo sostener sus ambiciones imperialistas.

Una segunda suposición es la continuación de la autocracia en Pekín. Durante las últimas dos décadas, los gobiernos dictatoriales han sido duramente rechazados en todo el mundo, incluyendo Asia Oriental, y tanto la historia de Europa como el cambio político reciente en Taiwán y Corea del Sur sugieren que la democratización económica puede realmente ejercer una presión poderosa e irresistible para la democratización política. Por lo tanto, no se pueden descartar las perspectivas de una China democrática, y la evidencia sugiere que las democracias son mucho menos propensas a guerrear entre ellas, que las autocracias entre sí y con las democracias. (Esto realmente no implica una transición pacífica; con mucha frecuencia el camino de la autocracia a la democracia es violento, debido a que los autócratas no están dispuestos a renunciar al poder sin presentar lucha).

Incluso si Adam Smith y James Madison vencieran a Lenín en China, persiste la interrogante de si una China democrática sería menos nacionalista. El régimen actual de Pekín ha animado y refrenado la expresión de las pasiones nacionalistas populares: recuerde la incitación a las demostraciones callejeras después del bombardeo accidental de los aviones estadounidense a la Embajada China en Belgrado, y la represión subsiguiente de tales demostraciones después de la embestida de un avión chino a un avión de vigilancia electrónica estadounidense. No se volvería un régimen democrático más prisionero de las pasiones nacionalistas que uno dictatorial?

La tercera suposición es que China continúe unificada. Su larga historia ha sido de alternación cíclica entre el control político central y las guerras entre caudillos.7 Aunque étnicamente homogénea (excepto a lo largo de sus periferias norte y oeste), siempre ha sido difícil gobernar China, incluso en ausencia de cambio social y económico importante. Sin embargo, la China post-marxista ha invitado a un cambio enorme; nunca antes un régimen ha tratado de desplazar tan rápido tanta gente hacia la economía moderna, y será muy difícil que los gobernantes de Pekín puedan interrumpir esta tendencia sin crear agitación revolucionaria, lo que fue la norma para China en el siglo veinte. La ofensiva actual contra el movimiento espiritual, aparentemente inofensivo, del Falun Gong pone en relieve la inseguridad del régimen y su preocupación para preservar su propia legitimidad, que en el período post-marxista ha dependido fuertemente del progreso económico y el nacionalismo. Richard Betts y Thomas Christensen advierten con razón que “antes de lamentar el surgimiento del poderío chino, se debe considerar una alternativa aún más incierta: su debilidad y colapso. No hay nada que impida que la marcha de China hacia una gran potencia pueda descarrilarse.”8

Una cuarta suposición es que China tiene ambiciones imperialistas, cuya realización comprometería intereses de seguridad fundamentales para Estados Unidos. A diferencia de la Unión Soviética , China no tiene pretensiones de formar un imperio global. Sus ambiciones no son globales ni ideológicas, más bien tienen un ámbito nacional y regional, incluyendo la afirmación de su soberanía en Taiwán y el Mar del Sur de China. El dilema principal es si China está preparada para imponer ambiciones de una manera que pueda provocar una respuesta estadounidense violenta. Estados Unidos difícilmente objetaría una incorporación pacífica de Taiwán en condiciones satisfactorias para los chinos y taiwaneses, aún cuando eso incremente significativamente el poderío económico y militar latente de China. El interés estadounidense radica en la manera—no en el hecho— de la reunificación de China. En cuanto al Mar del Sur de China, ésta se ha adueñado de pequeños islotes disputados, aunque no ha desafiado la libertad de navegación internacional.

Más allá de Taiwán y el Mar del Sur de China están los territorios sobre los cuales China Imperial mantuvo dominio en algún momento. Entre ellos se incluyen gran parte de Asia Central y el Lejano Oriente Ruso (LOR) así como la parte norte y central de Vietnam (que China gobernó durante un milenio). Tratará China de recuperar esos territorios “perdidos”, y estará preparada para usar la fuerza para ello? O ha llegado a entender, como lo hacen la mayoría de estados modernos industriales y post-industriales, que la extensión de territorio no es por sí misma un ingrediente clave del poderío nacional moderno? La definición última de las ambiciones territoriales chinas en Asia simplemente no es evidente en este momento de la historia—probablemente ni siquiera para China misma.

Los intereses de seguridad de Estados Unidos en Asia Oriental también están sujetos a cambios. En efecto, podrían evolucionar durante la década siguiente hasta el punto en que se podría considerar innecesaria la robusta presencia militar avanzada estadounidense de hoy. Las justificaciones básicas para esa presencia en la actualidad son la disuasión de la agresión de Corea del Norte contra Corea del Sur y cualquier ataque contra Japón, y una invasión de China a Taiwán. Sin embargo, estas justificaciones serían difíciles de sostener en el caso de la reunificación de Corea, un reacercamiento chino-japonés, o el retorno voluntario de Taiwán al gobierno de China Continental. Incluso en ausencia de tales eventos, aún queda por ver el posible surgimiento de una presión política nacional irresistible para el retiro de los militares estadounidenses en el extranjero. El pueblo estadounidense nunca ha codiciado las costosas cargas derivadas de ser una gran potencia.

Motivos de Guerras

El motivo de guerra más evidente sería un asalto continental contra Taiwán en la forma de una invasión militar manifiesta o un intento de quebrar la economía de Taiwán mediante bloqueos y otros actos de intimidación similares a los empleados por Pekín en 1996 para influenciar la primera elección presidencial legítima de Taiwán. La toma forzada de un Taiwán democrático y económicamente vibrante sería estratégicamente inaceptable para Estados Unidos. Otro motivo de guerra serían los intentos chinos de desafiar la libertad de navegación en el Mar del Sur de China (o en cualquier otro lugar del Pacífico occidental). La libertad de navegación es un principio fundamental del arte de gobernar estadounidense, y a través del Mar del Sur de China se desplazan petróleo y otras mercancías vitales para las economías de Japón y otros países aliados y amigos de los Estados Unidos.

Una acción militar china contra estados en el continente asiático que no sean aliados de Estados Unidos probablemente no ocasionarían una respuesta armada estadounidense directa. Los escenarios de guerra Chino-Ruso, -Hindú y -Vietnamés como los ocurridos en 1962, 1969 y 1970 respectivamente, no afectarían directamente los intereses vitales estadounidenses—salvo que impliquen ataques a fuerzas estadounidenses y aliadas. Por qué intervendría Estados Unidos en tales conflictos? Ciertamente, Estados Unidos tiene un interés general por la paz y estabilidad en el continente asiático y un interés concreto en disuadir la guerra nuclear entre otros estados. Pero, iría a la guerra para evitar un intercambio nuclear, digamos, entre Rusia y China? Ciertamente, durante el amago de guerra nuclear de Asia del Sur en 1999 no estaba preparado para disuadir un intercambio entre India y Pakistán.

Qué pasaría si China empieza a absorber al LOR? Esta perspectiva es ciertamente verosímil. El control de Moscú sobre el LOR se ha debilitado constantemente desde la desaparición de la Unión Soviética ; la economía del LOR está convirtiéndose rápidamente en una subsidiaria de China; y la infiltración demográfica china en el LOR podría hacer surgir eventualmente el tema de la autodeterminación del LOR en favor de China.

Sin embargo, con qué base intervendría Estados Unidos contra una invasión manifiesta de China al LOR, más aún, podría intervenir de manera efectiva? La suposición del control chino de los vastos recursos, aunque difíciles de explotar, del litoral del LOR y Siberia, provocarían una reevaluación fundamental de las intenciones y capacidades chinas en Asia, dando lugar tal vez a la creación de nuevas alianzas de seguridad en el Sur y Sudeste de Asia y mayores aumentos de los gastos en defensa. Pero es difícil imaginar una intervención estadounidense en apoyo de los intentos rusos de retener ganancias territoriales zaristas del siglo diecinueve en el Lejano Oriente. Excepto por sus misiles nucleares de largo alcance, se podría considerar que Rusia ya no es una gran potencia; en todo caso, es altamente dudoso que baste el poderío aéreo de los Estados Unidos pueda derrotar una invasión china del LOR. Durante la Guerra Fría , Estados Unidos y sus aliados del Pacífico se encontraron con un litoral hostil de Asia Oriental que se extendía desde el Mar de Bering hasta el Mar del Sur de China. Por qué debería Estados Unidos temer más a los misiles nucleares chinos en el LOR que cuando los misiles soviéticos estaban allí?

Una guerra chino-hindú, que por razones geográficas podría llevarse a cabo principalmente en el aire (y potencialmente en el espacio) y tal vez por mar, tampoco comprometería los intereses militares de Estados Unidos. Lo mismo se podría decir de la agresión de China contra Vietnam, que se ha repetido a través de la historia de Vietnam—la más reciente en 1979.

Obviamente, un ataque chino a Japón (o cualquier otro aliado de Estados Unidos) sería un motivo automático de guerra. Tal ataque sería preventivo, dirigido a frustrar la resurrección militarista de Japón. China no es la única víctima de la agresión japonesa que está disgustada por la conducta racista inalterable de Japón, cuyos líderes y habitantes se encuentran en un estado cada vez más alarmante de negación de la conducta de su nación en Asia entre 1895 y 1945. En una crisis Chino-Americana, Japón también podría invitar al ataque, o cuando menos a la intimidación armada, debido al acceso que proporciona al poderío militar estadounidense en Asia del Noreste. El intento de quebrar la coalición es un requisito indispensable para la mayoría de adversarios estadounidenses debido a que Estados Unidos depende fuertemente de las coaliciones para la legitimación política y el acceso logístico. Separar a Japón de Estados Unidos en medio de una confrontación militar chino-americana en Asia sería un tremendo golpe maestro para Pekín.

No se debe olvidar que el surgimiento de Japón como gran potencia en la primera mitad del siglo veinte se produjo mayormente a costa de China: primero, la extracción de concesiones económicas, después la conversión de Manchuria en estado títere japonés, y finalmente la invasión y brutal ocupación de la mayor parte de la misma China. Aunque no hay disputas territoriales importantes entre China y Japón, el surgimiento de China como gran potencia se dará inevitablemente en parte a expensas de Japón en términos de su influencia económica y política en Asia. Éste será el caso si continúa el estancamiento económico y demográfico de Japón.

Ventajas y Desventajas
Comparativas

Los motivos primarios de una guerra Chino-Americana parecen ser la agresión de China contra Taiwán y en el Mar del Sur de China. Sin embargo, una defensa estadounidense de Taiwán y de la libertad de navegación en el Pacífico occidental favorecerían enormemente las ventajas militares tradicionales estadounidenses, mientras que a la vez explotarían las debilidades chinas de mucho tiempo.

Históricamente, el único punto fuerte estratégico en la lucha de la guerra de China ha sido el número de sus tropas de tierra, algo poco importante en la búsqueda de las ambiciones imperiales en el exterior. Afirmar y mantener dominancia sobre Taiwán y el Mar del Sur de China requiere un manejo efectivo del poderío naval y aéreo—áreas en las que Estados Unidos no tiene rival y que probablemente se mantendrá así por varias décadas (suponiendo que no se vuelve al aislacionismo y que se mantiene la determinación de una supremacía militar convencional y una presencia militar avanzada en Asia del Este—ninguna de las cuales se puede considerar asegurada). Según los estándares estadounidenses, las fuerzas navales y aéreas chinas son rudimentarias, pero tal vez una deficiencia aún más grande es la falta de experiencia en combate moderno. China no ha luchado una guerra importante desde Corea (donde el poderío aéreo estadounidense aporreó al ELP), mientras que Estados Unidos ha participado en varias guerras desde el fin de la Guerra Fría. La práctica no hará la perfección, pero es con toda seguridad mejor que estar sentado en la banca militar por más de medio siglo. (La breve y altamente restringida invasión china de Vietnam, en 1979, enfrentó cantidades inmensas de tropas chinas deficientemente armadas y entrenadas contra los veteranos de combate de Vietnam del Norte.)

De vital importancia para el sano juicio acerca de una guerra con China es reconocer que el cambio del enfoque estratégico primario de Estados Unidos de Europa hacia Asia representa cambiar de un teatro de operaciones predominantemente aire-tierra a un teatro aire-mar. Por qué? Debido a la división asimétrica de riqueza y poder entre las dos regiones. La mayor parte de la riqueza y el poder de Asia aún se encuentra en estados peninsulares y fuera del continente, mientras que en Europa está concentrado en la costa. Por lo tanto, la mantención de un equilibrio de poder en Europa (es decir, evitar la dominación de Europa por una potencia hostil) demanda una voluntad y capacidad de librar guerra terrestre dentro del continente. En contraste, para mantener el equilibrio de poder en Asia se requiere realizar la tarea más simple de mantener la parte peninsular y alejada de la costa de Asia fuera del alcance hegemónico continental.9 Las grandes operaciones de guerra terrestre en el interior de Asia no son simplemente innecesarias; también se deben evitar a toda costa porque podrían enfrentar las debilidades estadounidenses contra las fortalezas hegemónicas continentales. Incluso el General Douglas MacArthur, que en 1951 quería expandir la Guerra de Corea a un asalto por aire y mar contra China, declaró que “hubiera sido una tremenda locura contemplar el uso de las tropas de tierra de los Estados Unidos en China”, añadiendo que “No puedo concebir ninguna posición estratégica o táctica donde poner . . . tropas de tierra estadounidenses en China continental”.10 

Además de la inferioridad naval y aérea, China entraría a una guerra con Estados Unidos con importantes desventajas estratégicas. La sospecha regional de las ambiciones imperiales de China le ha restado a Pekín aliados importantes e incluso amigos en Asia Oriental, mientras que Estados Unidos tiene bastantes de ambos. India sigue siendo un competidor estratégico, y el comportamiento chino en el Mar del Sur de China ha alienado a la mayor parte del Sudeste de Asia. El acercamiento entre China y Rusia después de la Guerra Fría no ha eliminado siglos de animosidades nacionales y raciales entre los dos países, animosidades que sólo pueden aumentar con el incremento de la influencia económica y la “agresión” demográfica china del LOR. En todo caso, el poder militar ruso prácticamente se ha evaporado en Asia. Un disuasor nuclear estratégico basado en tierra es el único activo real que Moscú puede ofrecer a China en una guerra chino-americana, pero es difícil imaginar que Rusia invitaría a su propia destrucción por promover los intereses de China en Asia del Este.

Finalmente, una guerra con Estados Unidos podría ser económica e incluso políticamente catastrófica para los gobernantes comunistas de Pekín. A diferencia de la difunta Unión Soviética, China tiene un enorme interés en el orden comercial capitalista internacional. En efecto, el enorme superávit comercial de China con Estados Unidos ha sido indispensable para sostener el extraordinario crecimiento económico de China y ha suministrado grandes cantidades de moneda fuerte con los cuales financiar su modernización militar selectiva. Una guerra con Estados Unidos destruiría el comercio chino-americano (así como el lucrativo comercio entre China y Taiwán y las inversiones provenientes de Taiwán). Cesaría el atractivo de China como imán para el capital extranjero. Las consecuencias del desplome de su crecimiento no serían sólo económicas. Debido a que el régimen post-marxista de Pekín ha apostado mucho de su legitimidad a su habilidad para producir mejores estándares de vida, una depresión económica causada por la guerra podría derribar al mismo gobierno.

Con el tiempo, por supuesto, el interés de China en el orden comercial internacional podría disminuir si China cambia su enfoque primario de expandir sus mercados de exportación hacia desarrollar sus mercados internos. El histórico Reino Medio era más o menos económicamente autosuficiente, y una China futura con pretensiones de desplazar un sistema político y económico internacional dominado por Estados Unidos tendría un fuerte interés en reducir su dependencia de ese sistema. De hecho, es muy importante distinguir entre crecimiento económico como un fin en sí mismo y crecimiento económico como un medio para un fin político. Evidentemente, China ha optado en el corto y mediano plazos por la primacía del crecimiento económico y su dependencia concomitante en el orden económico internacional dominado por Estados Unidos. Pero con qué fin? Por su propia conveniencia? O con el propósito de poner a China en una posición de ejercer primacía política y militar en Asia dentro de unas décadas?

Una evaluación reciente de estas preguntas por RAND Corporation concluye que una política de reafirmación es probable por dos razones: “Primero, la experiencia única y duradera de primacía geopolítica de China y la asociación de esa primacía con buen orden, civilización, virtud y justicia, pueden aumentar nuevamente el atractivo de la búsqueda del centralismo geopolítico a través del comportamiento firme”. Segundo, “es probable que en el largo plazo surja una China firme y enérgica . . . precisamente porque Estados Unidos, la hegemonía establecida, se preparará—si resulta cierta la historia perteneciente a previas hegemonías declinantes—para contrarrestar su propia pérdida gradual de poder e influencia relativa”.11 Tanto la historia como la ideología indican a los chinos que Estados Unidos no puede evitar la declinación, y mucha gente involucrada en administrar la seguridad china cree que Estados Unidos ya entró en declinación militar—una receta para el cálculo incorrecto si alguna vez lo hubo.12

La idea de que debido a su participación en una economía global China modificaría su enfoque relativo a los asuntos de seguridad puede ser errónea. David Lampton cree que aunque “es fácil suponer que la globalización erosionará lentamente la dedicación de Pekín a su interés nacional y práctica de política real de alcance estrecho” y mientras que “hay abundante evidencia de un aumento de la cooperación china y de la conformidad con las normas internacionales, hay muy poca evidencia de que las consideraciones de interés nacional y política real tengan menos importancia en el pensamiento chino que antes.”13 

Según cualquier cálculo racional de interés, China cometería—ahora y en el futuro predecible—un error si arriesgara una guerra con Estados Unidos sobre el futuro de Taiwán y el Mar del Sur de China. Sin embargo, los estados están motivados por temor y honor, así como por los cálculos de interés, y el hipernacionalismo chino podría fácilmente convertirse en un enemigo de la prudencia estratégica. Los chinos son excepcionalmente sensibles a corregir errores reales e imaginarios impuestos sobre ellos por el imperialismo occidental, japonés y ruso-soviético durante el siglo que se extiende desde el comienzo de la primera Guerra del Opio hasta la consolidación de la revolución Comunista China. Betts y Christiensen sostienen que “es poco lógico asumir que el interés económico sensato necesariamente reemplazará al honor nacional en una crisis”.14 Si ocurriera una crisis, los líderes de Pekín podrían perder el control de las pasiones nacionalistas populares y encontrarse frente a la dura opción de tomar decisiones estratégicamente imprudentes o arriesgar su propia supervivencia política doméstica.15 

Además, China podría entrar en la guerra con algunas ventajas importantes sobre los Estados Unidos que impulsarían una decisión de guerra en una crisis chino-americana. La primera y más importante de ellas, especialmente en una lucha sobre Taiwán, sería un interés más fuerte y, por lo tanto, voluntad para el sacrificio. El futuro de Taiwán nunca será tan importante para Estados Unidos como lo es para China, y ésta podría—como en el caso de Corea, donde se sintió directamente amenazada por el avance de MacArthur al río Yalu—presentar una tolerancia más alta a las pérdidas humanas que los Estados Unidos. La analogía más relevante aquí es la Guerra de Vietnam, en la que el poder de fuego y la tecnología estadounidense superiores fueron vencidos por un enemigo cuya mayor fuerza de voluntad para ganar se manifestó en una paciencia estratégica impresionante y una voluntad para aceptar horrorosas pérdidas de personal.

Los chinos no tienen miedo de amenazar o usar la fuerza, incluso en circunstancias en las que el balance militar objetivo les sea desfavorable, como fue el caso en Corea, en 1950, y en el Estrecho de Taiwán, en 1996. De hecho, los chinos parecen creer que la debilidad militar exige una voluntad superior para usar la fuerza. John Garver sostiene que “el pensamiento estratégico chino a menudo llegó a la conclusión de que los períodos de debilidad requerían políticas enérgicas, precisamente porque el enemigo podría sentir la tentación de explotar la vulnerabilidad de China”. Algunos ejemplos de esta relación inversa entre belicosidad y fortaleza en la política exterior de China son “la decisión de guerra con Estados Unidos en octubre de 1950; la decisión de lanzar una intensa lucha política contra Khrushev en 1960, justo cuando la economía de China se estaba derrumbando; la decisión en 1962 de guerra con India cuando China experimentaba una hambruna masiva y su alianza con Moscú se había derrumbado; y la decisión en 1969 de confrontación militar con los soviéticos en el Río Ussuri mientras que el ELP estaba preocupado con el caos de la Revolución Cultural ”.16

Tampoco los chinos confunden el éxito militar con la minimización de las pérdidas humanas. China tiene una población excesiva y una larga historia de subordinar las vidas humanas a los imperativos del arte de gobernar. China Comunista ha usado la fuerza en Corea y Tíbet; contra las islas retenidas por los Chinos Nacionalistas fuera de la costa continental; y contra fuerzas de India, Vietnam y Soviéticas a lo largo del Río Ussuri. China también acepta la guerra como una continuación de la política más que como un sustituto de la misma, y la fuerza como un compañero indispensable de la diplomacia con estados no amigables.

La proximidad geográfica a Taiwán y el Mar del Sur de China también le favorece. Las líneas de comunicación chinas son cortas comparadas con las que separan Asia Oriental de Estados Unidos. Aún cuando las fuerzas navales y aéreas chinas no podrían compararse con las estadounidenses en un futuro predecible, China tiene una creciente fuerza de misiles capaz de atacar directamente Taiwán y objetivos en el Mar del Sur de China desde bases en el continente. Someter a Taiwán a un ataque continuo de misiles podría desbaratar la economía de Taiwán, y también complicar la defensa de la isla.

Una tercera ventaja es la alta probabilidad de que los chinos evitarían enfrentar el poderío militar estadounidense en sus propias condiciones. Los chinos aprendieron en la Guerra del Golfo que tratar de derrotar a los estadounidenses en su propio juego es una receta para el desastre. Casi con seguridad los chinos buscarían una guerra asimétrica contra Estados Unidos, incluyendo el intento de impedir el acceso de los militares estadounidenses a la región; interrupciones de las líneas de comunicación marítimas y aéreas estadounidenses; y ataques a los centros de comando, control y comunicaciones estadounidenses, y posiblemente a los satélites. El militar estadounidense jominiano se vería enfrentado por la guerra de engaños de Sun Tzu. Los chinos reconocen su inferioridad tecnológica—incluyendo la de información—pero también representan una tradición militar, como señala Gerald Segal, que pone un “énfasis poco usual” en los “estratagemas ingeniosos” y la “minimización de la fuerza bruta”.17 También han reorientado el foco de su estrategia de defensa continental a la preparación para la “guerra local, limitada bajo condiciones de alta tecnología” (es decir, precisamente la amenaza estadounidense que ellos perciben).18 

Guerra Limitada como
Unica Alternativa?

Suponiendo que no ocurre una escalada insensata hacia un intercambio nuclear general, una guerra entre China y Estados Unidos estaría restringida por la capacidad militar limitada y los objetivos políticos. Para empezar, ni China ni Estados Unidos es capaz de invadir ni someter al otro, e incluso si Estados Unidos tuviera la capacidad de hacerlo, el evitamiento de una guerra terrestre en el continente asiático ha sido por mucho tiempo un mandato de la estrategia estadounidense. Los objetivos de una guerra chino-americana sobre Taiwán o la libertad de navegación en el Mar del Sur de China serían limitados—tal como lo fueron en la guerra chino-americana en Corea. Y como en cada caso el resultado sería decidido por fuerzas navales y aéreas, con las fuerzas de tierra relegadas a un rol secundario, una guerra por Taiwán o el Mar del Sur de China también sería limitada en términos del tipo de fuerza empleado. Este no fue el caso en la Guerra de Corea, en la que el combate en tierra fue dominante. (La posición de Estados Unidos en tierra hubiera sido insostenible sin la dominación aérea.)

Sin embargo, durante la Guerra de Corea los Estados Unidos se abstuvieron de atacar objetivos en China. (La administración Truman estaba rearmando intensamente a los Estados Unidos y no deseaba intensificar una guerra en Asia en un momento en que Europa no tenía defensas contra una posible invasión soviética. Por lo tanto, rechazó el pedido de MacArthur para lo que representaba una guerra limitada contra China misma en lugar de una guerra limitada contra las fuerzas chinas en Corea.) Se podría montar una defensa efectiva de Taiwán o de la libertad de navegación sin atacar objetivos en el continente? Evidentemente, las unidades navales y aéreas chinas que se aproximen a Taiwán o que operen en el Mar del Sur de China podrían ser atacadas por separado. Pero que pasaría con las bases que operan en el continente? Y que pasaría con las instalaciones de lanzamiento de misiles, especialmente en ausencia de defensas efectivas de misiles en el teatro de guerra taiwanés? En circunstancias de ataques aéreos y con misiles sobre Taiwán, las presiones militares y políticas para contraatacar objetivos asociados en el continente posiblemente resulten irresistibles. Aunque tales contraataques, a su vez, invitarían a la intensificación contra las bases de Estados Unidos en el Pacífico occidental y tal vez incluso asaltos terroristas contra objetivos de población en el mismo Estados Unidos. Cómo respondería un presidente estadounidense a un ataque químico o biológico que se sospeche, pero que no se pueda demostrar, que lo hizo China contra una cuidad estadounidense?

La Ultima Guerra
Chino-Americana

La última guerra entre China y Estados Unidos fue en Corea, desde 1950 hasta 1953, y aunque el conocimiento de cada país sobre el otro ha aumentado enormemente desde entonces, las barreras culturales e históricas a la comunicación efectiva siguen siendo formidables como para azuzar la guerra debido a cálculos erróneos. La descripción de Henry Kissinger sobre los enfoques diferentes de los dos países merece una cita completa:

El enfoque de China a la política es escéptico y prudente, el de Estados Unidos es optimista y misionario. El sentido del tiempo para los chinos tiene un ritmo diferente al estadounidense. Cuando a un estadounidense se le pide que indique la fecha de un evento histórico, éste se refiere a un día específico del calendario; cuando un chino describe un evento, lo coloca dentro de una dinastía. Y de las catorce dinastías imperiales, diez han durado más que la historia completa de Estados Unidos.

Los estadounidenses piensan en términos de soluciones concretas a problemas específicos. Los chinos piensan en términos de etapas en un proceso que no tiene culminación precisa. Los estadounidenses piensan que las disputas internacionales provienen de malentendidos o animadversión; el remedio para la primera es la persuasión—ocasionalmente bastante intensa—y, para la segunda, la derrota o destrucción del villano. El enfoque chino es impersonal, paciente y distante; el Reino Medio tiene terror a proyectar una apariencia suplicante. Donde Washington mira hacia la buena fe y buena voluntad como lubricante de las relaciones internacionales, Pekín asume que los estadistas han hecho su parte y entenderán las vaguedades sutiles; por lo tanto la insistencia se trata como una señal de debilidad, y las buenas relaciones personales no son consideradas un lubricante del diálogo serio. Para los estadounidenses los líderes chinos parecen corteses pero distantes y condescendientes. Para los chinos, los estadounidenses parecen erráticos y algo frívolos.19 

La Guerra de Corea sobresale como un caso de estudio de cálculos equivocados tanto de Washington como de Pekín, a pesar de los repetidos intentos de ambos lados para indicar intenciones entre ellos. Estados Unidos subestimó terriblemente la voluntad y capacidad de China para defender sus intereses estratégicos en Corea; en efecto, para la administración Truman fue difícil aceptar la misma presencia de tales intereses. Max Hastings observa que debido a que “Estados Unidos” estaba convencido de que sus políticas . . . no presentaban amenazas a ningún interés legítimo de China, Washington se persuadió a sí mismo de que Pekín llegaría a la misma conclusión.”20 Cuando las fuerzas de MacArthur cruzaban el paralelo 38 y avanzaban hacía el Yalu, la administración creía que bastaba con simplemente declarar que no tenía mapas del territorio Chino; y aparentemente nunca se le ocurrió al presidente Truman ni al secretario de estado Dean Acheson que Pekín podría considerar el establecimiento de una Corea anticomunista, reunificada próxima al corazón industrial de China como una amenaza estratégica. (Después de todo, no usaron los japoneses a Corea como el punto de partida para conquistar Manchuria?) Esta falta de imaginación contribuyó a su vez a la sordera virtual de la administración a las numerosas advertencias de Pekín de que estaba preparado para entrar en la guerra a fin de evitar un estado cliente de Estados Unidos a lo largo del Yalu. Incluso cuando ocurrió el primer contacto con las fuerzas chinas, la administración se rehusó a creer que representaba algo más que una postura política, una expresión de intervención.21 

La incomprensión de la administración sobre los motivos de China—específicamente, su incapacidad para entender el poderoso interés de ese país en Corea—fue tratada por el desdén hacia la capacidad militar china. MacArthur y el resto de los militares estadounidenses sólo sentían desdén por el poder de lucha de los chinos; en efecto, MacArthur le aseguró a Truman que se desharía rápidamente de los chinos si trataban de intervenir. En esa reunión con Truman en la Isla Wake , MacArthur dijo que “era muy remoto” que los chinos intervinieran. “No tienen fuerza aérea. Ahora que tenemos bases para nuestra Fuerza Aérea en Corea, si los chinos intentan llegar hasta Pyongyang, se produciría la carnicería más grande de todas”.22 Desde una perspectiva estadounidense, un ejército de simples campesinos armados con rifles antiguos y que carecía de cobertura aérea no era contendor para las fuerzas estadounidenses, y si este hecho era evidente para los estadounidenses obviamente también lo sería para los chinos. El comandante del cuerpo del ejército de MacArthur, el general Edward Almond, exhortó a las tropas que se dirigían a Yalu diciéndoles, “No permitan que una banda de lavanderos chinos les paren”.23 No se tenía una idea real de los puntos fuertes del ELP—su disciplina, tenacidad y capacidad excelentes para soportar las dificultades—ni del grado con que podrían aprovechar el terreno del norte de Corea usando tácticas de guerrilla a expensas de un ejército convencional desplazable por carretera.

Sin embargo, si los estadounidenses calcularon mal en Corea, lo mismo hicieron los líderes chinos. Mao Zedong no sólo creía que la intervención de China era imperativa, también creía que el ELP podría arrojar a los estadounidenses de la península—una convicción fortalecida después que el ELP hizo salir a los estadounidenses del Yalu.24 Si los estadounidenses ponían excesiva fe en la superioridad material, Mao creía que los factores humanos—voluntad, disciplina y capacidad de lucha superiores—y, por sobre todo, una causa superior podrían derrotar al enorme poder de fuego de las fuerzas estadounidenses. Consideraba a las tropas estadounidenses como blandengues cómodos que viajaban por carretera y luchaban por la causa diabólica del imperialismo—y, por consiguiente, que eran incapaces de poseer la capacidad de sacrificio característica de las fuerzas experimentadas del ELP.25 

El desempeño efectivo del ELP contra las fuerzas estadounidenses fue impresionante, especialmente el asalto masivo por sorpresa a fines de noviembre de 1950, que obligó a MacArthur a la retirada más larga de la historia militar estadounidense. En esta y otras operaciones posteriores, el ELP demostró un dominio de la disciplina de marcha, tácticas de infiltración nocturna, ocultación y camuflaje que contrarrestó parcialmente la ventaja del poder de fuego de los estadounidenses. Los comandantes del ELP también demostraron una insensibilidad a las bajas en relación a sus contrapartes estadounidenses. Sin embargo, el éxito inicial del ELP a lo largo del Yalu se debió en gran parte a la propia negligencia de MacArthur y a la incapacidad de la administración Truman para controlar a su vanidoso comandante del Lejano Oriente. Por otro lado, el poder de fuego de los Estados Unidos, aunque incapaz de aplastar a los chinos, demostró ser más que adecuado para bloquear cualquier posibilidad de que los chinos pudieran expulsar a las fuerzas estadounidenses de Corea (sólo MacArthur estaba asustado y creía que sus fuerzas estaban destinadas a un Dunkerque asiático). Hacia la primavera de 1951, la combinación del incesante bombardeo aéreo a las largas líneas de suministro chinas y la aplicación incesante del poder de fuego contra las fuerzas chinas amasadas en la frontera habían restringido seriamente la capacidad del ELP para llevar a cabo operaciones ofensivas en el espacio y el tiempo.

Desafortunadamente, para muchos soldados del ELP, el comandante chino en Corea reconoció este hecho desagradable mucho antes que Mao, quien continuaba creyendo que la sola voluntad era la clave de la victoria y ordenó más ofensivas, condenadas al fracaso, con el objetivo de arrojar hacia el mar al Octavo Ejército. Las tropas estadounidenses, especialmente con el nombramiento del General Matthew Ridgway como comandante del Octavo Ejército, también lucharon con un grado de destreza y determinación que desdijo las suposiciones de Mao acerca de las cualidades de lucha de los soldados estadounidenses.

Debido a que la Guerra de Corea se luchó hasta el estancamiento, ningún lado pudo declarar victoria decisiva. Estados Unidos restauró la integridad territorial de Corea del Sur pero no pudo reunificar la península de Corea bajo un gobierno anticomunista. Igualmente, China salvó a Corea del Norte pero no pudo reunificar la península bajo el auspicio comunista. Pero China, el lado más débil, fue sin lugar a dudas el ganador relativo del conflicto. El hecho de que el David chino había estancado al Goliat estadounidense elevó enormemente el prestigio chino a través de Asia y promovió movimientos revolucionarios por todas partes. La guerra instituyó a China como un país capaz de arriesgar y por ende una fuerza que había que reconocer, qué diferencia con la imagen de China antes de la guerra, que las potencias imperialistas trataban con desdén. No se hablaría más de los lavanderos chinos.

La intervención y el desempeño militar de China en Corea también ejerció un efecto escalofriante sobre la intervención posterior de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. Por temor a provocar una repetición de la intervención de China, la administración Johnson limitó el alcance de guerra a la preservación de un Vietnam del Sur no comunista y puso restricciones importantes a las operaciones aéreas contra Vietnam del Norte. Como lo observó el Premier Chou En-lai al presidente Nixon en 1972, “Estados Unidos [fue] tuvo más cuidado con China en la Guerra de Vietnam que en Corea”.26 

Las idiosincrasias de la Guerra de Corea no nos dicen nada acerca de cómo sería y qué resultados tendría una guerra futura chino-americana. Pero por distante que sea esa guerra, sigue siendo una lección objetiva de la incomprensión cultural y los errores de cálculo políticos y militares consiguientes. Y mientras que pensar en una guerra con China es difícilmente una predicción—no es inevitable el surgimiento de China como el próximo rival estratégico calificado de Estados Unidos—ignorar la posibilidad de una guerra podría ser una negligencia profesional del deber.

Notas

1. Véase por ejemplo, Steven W. Mosher, Hegemon: China’s Plan to Dominate Asia and the World (Hegemonía: Plan de China para Dominar Asia y el Mundo) (San Francisco,: Encounter Books, 2001); Richard Bernstein y Ross H. Munro, The Coming Conflict with China (El próximo Conflicto con China) (New York: Alfred A. Knopf, 1997); y Robert Kagan, “What China Knows That We Don’t (Lo que Saben los chinos y Nosotros No)”, The Weekly Standard, 20 de enero de 1997. Para una visión más benigna de las implicaciones del surgimiento de China para la seguridad de los Estados Unidos, véase Andrew J. Nathan y Robert S. Ross, The Great Wall and the Empty Fortress: China’s Search for Security ( La Gran Muralla y la Fortaleza Vacía : La Búsqueda de Seguridad de China) (New York: W. W. Norton and Co., 1997); Gerald Segal, “Does China Matter? (Es importante China?)” Foreign Affairs, septiembre/octubre de 1999, 24–36; y Nicholas Berry, “China Is Not an Imperialist Power (China no es una Potencia Imperialista)”, Strategic Review, invierno del 2001, 4–10. 

2. Nan Li, From Revolutionary Internationalism to Conservative Nationalism: The Chinese Military’s Discourse on National Security and Identity in the Post-Mao Era (Del Internacionalismo Revolucionario al Nacionalismo Conservador: Análisis de los Militares chinos sobre Seguridad Nacional y la Identidad en la Era Posterior a Mao) (Washington, D.C.: United States Institute for Peace, 2001), 12. Véase también Koro Bessho, Identities and Security in East Asia (Identidades y Seguridad en Asia del Este), Adelphi Paper 325 (London: International Institute for Strategic Studies, 1999), 27–37. 

3. Véase Michael D. Swaine y Ashley J. Tellis, Interpreting China’s Grand Strategy: Past, Present, and Future (Interpretación de la Gran Estrategia de China: Pasado, Presente y Futuro) (Santa Mónica, Calif.: RAND Corporation, 2000), especialmente las páginas 151–241. 

4. Henry Kissinger, Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for the 21st Century (Necesita Estados Unidos una Política Exterior? Hacia la Diplomacia para el Siglo 21) (New York: Simon and Schuster, 2001), 139. 

5. En 1997 el producto bruto interno per-cápita (en yuanes) variaba entre 25.750 en la Provincia de Shanghai y 2.215 en la Provincia de Guizhou. Véase Peter T. Y. Cheung y James T. H. Tang, “The External Relations of China’s Provinces (Las Relaciones Exteriores de las Provincias de China)”, en The Making of Chinese Foreign and Security Policy in the Era of Reform (El Desarrollo de una Política Exterior y de Seguridad de China en la Era de la Reforma ), 1978–2000, ed. David M. Lampton (Stanford, Calif.: Stanford University Press, 2001), 95. 

6. Véase Bruce Gilley, “People’s Republic of Cheats (República Popular de Engaños)”, Far Eastern Economic Review, 21 de junio del 2001, 59–60. 

7. El “Estado chino permanecido como una entidad única bajo gobierno chino durante aproximadamente la mitad del período desde el fin de la Dinastía Han en 220 D.C. Durante la otra mitad, China ha estado envuelta en conflictos domésticos, dividida entre regímenes chinos y no chinos, o gobernada totalmente por invasores chinos que no eran Han.” Swaine y Tellis, 13.

8. Richard K. Betts y Thomas J. Christensen, “China: Getting the Questions Right (China: Haciendo las Preguntas Correctas)”, The National Interest, Invierno del 2000/2001, 29. 

9. La conquista de Manchuria y la Costa de China por Japón Imperial en sí misma no representó una amenaza directa para los intereses básicos de Estados Unidos en Asia. Tal amenaza surgió sólo cuando Japón amplió su enfoque agresivo costa afuera y al Asia peninsular.

10. Senado, Testimonio del General Douglas MacArthur ante los Comités de los Servicios Armados y Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, 82avo Congreso, primera sesión, 103, 108 (3–5 de mayo de 1951; reimpresión, Paterson, N.J.: Hour-Glass Publishers, 1966). 

11. Swaine y Tellis, 231, 233. 

12. Véase Michael Pillsbury, China Debates the Future Security Environment (China Debate el Entorno de Seguridad del Futuro) (Washington, D.C.: National Defense University Press, 2000), 63–105. 

13. David M. Lampton, “China’s Foreign and National Security Policy-Making Process: Is It Changing and Does it matter? (Proceso de Desarrollo de la Política Exterior y Seguridad Nacional de China: Está Cambiando y Tiene Importancia?)”, en Lampton, 25. 

14. Betts y Christensen, 22. 

15. Véase James Miles, “Chinese Nationalism, U.S. Policy and Asian Security (Nacionalismo chino, Política Estadounidense y Seguridad de Asia)”, Survival, Winter 2000–2001, 51–57; y Joseph Fewsmith y Stanley Rosen, “The Domestic Context of Chinese Foreign Policy: Does ‘Public Opinion’ Matter? (El Contexto Doméstico de la Política Exterior China: Tiene Importancia la ‘Opinión Pública’?)” en Lampton, 151–87. 

16. John W. Garver, Face Off: China, the United States, and Taiwan’s Democratization (Confrontación: China, los Estados Unidos y la Democratización de Taiwán) (Seattle: University of Washington Press, 1997), 62–63. 

17. Gerald Segal, Defending China (Defendiendo a China) (Oxford: Oxford University Press, 1985), 40. 

18. Véase Paul H. B. Godwin, “El ELP enfrenta el siglo veintiuno: Reflexiones sobre tecnología, doctrina, estrategia y operaciones”, publicado en China’s Military Faces the Future (Los militares chinos Enfrentan el Futuro), ed. James R. Lilley and David L. Shambaugh (Washington, D.C.: American Enterprise Institute, 1999), 39–63. 

19. Kissinger, 137–38. 

20. Max Hastings, The Korean War ( La Guerra de Corea) (New York: Simon and Schuster, 1987), 135. 

21. Las evaluaciones del comportamiento chino y los cálculos erróneos de los estadounidenses en el otoño de 1950 aparecen en Allen S. Whiting, China Crosses the Yalu: The Decision to Enter the Korean War (China Cruza el Yalu: La Decisión de Intervenir en la Guerra de Corea) (New York: Macmillan, 1960); Chien Jian, China’s Road to the Korean War: The Making of the Sino-American Confrontation (Ruta de China a la Guerra de Corea: La Creación de una Confrontación chino-americana) (New York: Columbia University Press, 1994); Hao Yufan y Zhai Zhihai, “China’s Decision to Enter the Korean War: History Revisited ( La Decisión de China de Intervenir en la Guerra de Corea: Revisión de la Historia )”, The China Quarterly, Marzo de 1990, 94–115; Thomas J. Christensen, “Threats, Assurances, and the Last Chance for Peace: The Lessons of Mao’s Korean War Telegrams (Amenazas, Garantías y la Ultima Oportunidad de Paz: Las Lecciones de los Telegramas de Mao en la Guerra de Corea)”, International Security, verano de 1992, 122–54; Michael H. Hunt, “Beijing and the Korean Crisis, June 1950–June 1951 ((Pekín y la Crisis de Corea, junio de 1950 a junio de 1951),” Political Science Quarterl