Agosto 10, 2004 12:35
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INFORME SEMANAL DE COYUNTURA

 ECONÓMICO, FINANCIERO Y POLÍTICO

Jorge Ruseler & Asociados

 FMI: El acuerdo actual entre la Argentina y el FMI quedará suspendido hasta fin de año. Y para evitar el riesgo de que se caiga definitivamente, el Gobierno tomó una decisión de fuerte impacto político: seguirá pagando los compromisos con el organismo que vencen hasta fin de año, por 2.248 millones de dólares. Estos pagos se cubrirán con las reservas de dólares atesoradas en el Banco Central.

El equipo económico debe evaluar también qué hacer con los vencimientos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, porque ambas entidades no girarán fondos a Buenos Aires si se mantiene interrumpido el acuerdo con el FMI.

Los vencimientos totales hasta fin de año son de 2.727 millones de dólares. De este total, 204 millones corresponden al Banco Mundial y 275 al Banco Interamericano de Desarrollo.

El resto se refiere al FMI, con ese desagregado: 600 aún pendientes del tercer trimestre del año y otros 1.648 millones de dólares que habrá que abonar entre octubre y diciembre. El total a pagar al Fondo es de 2.248 millones de dólares.

La decisión de pagar a pesar de la interrupción del acuerdo fue confirmada ayer a Clarín por fuentes del Ministerio de Economía. Admitieron además que se negocia con el organismo la forma de darle a esta situación un marco legal para que el acuerdo se pueda reanudar en el futuro y evitar su caída definitiva.

Las razones que llevaron a esta situación fueron las siguientes:

·  La decisión —como adelantó en exclusiva Clarín— del FMI de postergar en forma definitiva la tercera revisión del acuerdo y con ello el reintegro de 728 millones de dólares que el país había destinado a cancelar vencimientos. Así interrumpió la refinanciación que estaba vigente. El directorio del organismo atribuyó la decisión a que la Argentina incumplió sus obligaciones en materia de reformas estructurales que había asumido en la última carta de intención.

·  La nueva actitud del Tesoro de los Estados Unidos, que esta vez no intercedió a favor de la Argentina en la disputa con el FMI. Así, Roberto Lavagna perdió un aliado internacional clave, que lo había apoyado en setiembre de 2003 y enero y marzo de 2004.

·  El fracaso en la negociación de la tercera revisión llevó al ministro de Economía a decidir suspender las negociaciones con el Fondo Monetario hasta después que Argentina haga la oferta pública del canje de bonos para salir de default.

Lavagna quiere ensayar una estrategia inédita: intentar que los bonistas acepten la propuesta aunque no tenga el aval del Fondo Monetario. Hasta ahora, el Palacio de Hacienda buscaba el apoyo del FMI para dotar a la oferta de mayor confiabilidad para los bonistas.

La decisión que tomó el Gobierno implica que quedaría liberado por un tiempo de las exigencias del FMI. Pero tampoco recibirá la devolución del dinero que use para pagar los vencimientos de capital, algo que había sido prioridad en el acuerdo original.

Con el acuerdo suspendido, se necesitaría una nueva negociación para reflotarlo. El convenio original era a tres años y se firmó el 10 de setiembre de 2003. Tuvo una característica que propuso el Tesoro de EE.UU. para evitar que fracasaran las negociaciones: fijaba metas por los primeros 12 meses y las pautas de los otros dos años debían fijarse a partir de setiembre de 2004. Entre ellas, el futuro superávit fiscal.

Dos calificadas fuentes del equipo económico confirmaron la situación: "El acuerdo está virtualmente caído". Para los analistas privados, el convenio ya no estaría vigente.

La posición prescindente de los Estados Unidos es clave en todo este giro y se debe a varios facto res. Primero, al proceso eleccionario interno, que aleja la atención de Washington de problemas de terceros países. Pero también porque EE.UU. se alineó con los sectores más duros del influyente Grupo de los 7 países más industrializados, que cuestionan la postura argentina. A mediados de julio, en California, decidieron que el FMI congelara la tercera revisión del acuerdo.

 

Al plantear la suspensión del acuerdo con el FMI, el Gobierno no hace más que montarse sobre una situación preexistente: el convenio ya estaba congelado de antemano, cuando el Fondo decidió postergar sin fecha la tercera revisión y se consideró eximido de cumplir con el reintegro de los pagos que Argentina le fue haciendo. Esa situación sólo beneficiaba al Fondo, que seguía cobrando y no tenía que poner su contraparte. Así lograba reducir su exposición crediticia en el país. Ahora, Lavagna intenta negociar un marco legal para la suspensión. Y ofrece seguir pagando, pero con la condición de que el FMI concrete todos los desembolsos pendientes cuando el reloj del acuerdo vuelva a correr.

 

MERCADOS: La Bolsa porteña logró soportar con modestia el cimbronazo que la abrupta suba del precio del petróleo provocó en la mayoría de los mercados internacionales, apuntalada por los generosos balances de Acindar, Siderar y Tenaris.

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Con el precio del barril de crudo por encima de los 44 dólares en el mercado de futuros norteamericano (WTI) y de los 40 dólares, en la bolsa londinense (Brent), las bajas en los principales mercados de la región rondaron el 4%; mientras que el Merval concluyó con un leve retroceso del 0,21%, hasta los 964,11 puntos.

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Más que nunca el índice de acciones líderes se acercó a los 1000 puntos (el máximo intradiario llegó a las 993 unidades el jueves), pero el volumen de negocios, aunque mayor que las últimas dos semanas, no fue suficiente para darle el empujón final. Se negociaron 176 millones de pesos, de los cuales sólo 12,7 millones fueron operados en cedears.

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El Merval hace semanas que viene moviéndose en un rango que va desde los 940 a los 990 puntos y nada logra modificar este proceso de lateralización. Los 1000 puntos dejaron de ser una barrera psicológica y se transformaron en un muro imbatible. ¿Por qué es tan importante para la Bolsa superar esa marca?

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"Es una cuestión técnica. Por encima de los 1000 puntos el mercado espera que se disparen una serie de órdenes de compra de todo el dinero que hoy está disponible", opinó Leopoldo Olivari, analista de la sociedad de bolsa Hector Baqué.

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El empujón final podrían dárselo los balances de las principales acciones cotizantes en el Merval como Grupo Galicia, Petrobrás, Aluar o Telecom, que se conocerán esta semana.

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Los números presentados en las últimas ruedas por las principales siderúrgicas cotizantes alimentó el ánimo de los inversores que no esperaban semejante performance de las empresas en el primer semestre del año.

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Siderar arrojó una ganancia neta de 568 millones de pesos entre enero y junio, lograda gracias a un excelente resultado operativo; es el dato más mirado por los analistas al juzgar los beneficios de una empresa, ya que muestra la capacidad de la firma para invertir o pagar dividendos. Acindar, en tanto, ganó 244,1 millones de pesos.

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Por su parte, Tenaris se alzó con 175,6 millones de dólares para el mismo período. Ese resultado sumado a la fuerte suba del precio del petróleo en el mercado internacional y a un mayor interés de los inversores por activos dolarizados como empresas exportadoras le valieron una suba del 13,68% en la semana.

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Estas operaciones de cobertura alcanzan también a Molinos, que por su fuerte perfil exportador que se beneficia directamente con la suba de la moneda norteamericana. El papel ganó 5,63% en la semana.

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"Los resultados muestran que las empresas se encuentran trabajando cerca de los máximos de su capacidad instalada, con excelentes precios, que les permiten tener una posición financiera muy desahogada. Sin embargo, la valuación de muchos de estos papeles ya refleja esta mejora operativa y financiera y solo un proceso de inversión masivo podría elevar la valuación futura de estas acciones", afirmó la consultora Delphos en su informe semanal.

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En el caso de Metrogas, TGS y Transener, los anuncios estuvieron centrados en las pérdidas debido a la fuerte incidencia de los resultados financieros negativos. Se trata de empresas con un elevado endeudamiento en moneda extranjera. Así y todo las tres mostraron una aceptable marcha operativa, a juzgar por los analistas locales.

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Bonos y tasas

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Sin duda la noticia más importante del mercado financiero pasó por el dólar que trepó 3% en la última semana. El Banco Central mostró más que nunca su firme convicción de mantener la divisa en torno de los 3 pesos y decidió conservar su ritmo de intervención en la semana aún cuando los exportadores disminuyeron sus liquidaciones.

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"La actitud del BCRA estuvo en línea con su política de concentrarse en la inflación y no en el tipo de cambio, pero esto no produjo una reacción en la gente. No estamos viendo que el mercado sea el que presione el precio del billete", explicó José Luis Panero, gerente de Finanzas del Banex.

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La evolución que muestre el dólar durante esta semana dará una pauta más precisa para confirmar que los objetivos del Central continúan vigentes, y que el nuevo rango de precios de la divisa se estabilizará no muy lejos de la relación dólar/real.

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Justamente fue la suba del dólar lo que produjo las únicas alzas vistas en el mercado de títulos públicos. Los Boden 2005, 2012 y 2013, los tres denominados en dólares, mostraron subas promedio del 2% en la semana. El resto fueron bajas tanto para el grupo de los defaulteados como para los emitidos luego del default. Las mayores caídas se las llevaron el PR11 y el PR12 con retrocesos del 2,3% y 1,8%, respectivamente.

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Hacia el final de la semana las miradas se centraron en las tasas de interés de los plazos fijos para depósitos de más de un millón de pesos, donde se vieron subas promedio de un cuarto de punto porcentual hasta el 4 por ciento. Los analistas consultados consideran que se trata de un acomodamiento, luego de que el Banco Central profundizara el sistema de pases como mecanismo para contraer o expandir la base monetaria.

 

PESIFICACIÓN: Primero resolvieron los casos de quienes habían aceptado cobrar pesos por sus depósitos en dólares, pero luego se arrepintieron y recurrieron a la Justicia. Ahora están por resolver la situación de los depósitos judiciales, que no fueron alcanzados por la pesificación, y el problema de los créditos entre particulares. Pero lo que desvela a los jueces de la Corte Suprema es la solución al planteo de fondo del conflicto: ¿es constitucional o no la pesificación de los depósitos dispuesta por Eduardo Duhalde a principios de 2002?

Hasta ahora, parece haber cinco jueces dispuestos a decir que sí fue constitucional, aunque todavía no habría acuerdo en cómo establecer mecanismos de compensación, ya sean bonos o cuotas, para implementar la llamada teoría del "esfuerzo compartido", un punto intermedio entre el valor real del dólar y el 1,40 peso más el índice CER que devolvieron los bancos por cada dólar depositado en la época dorada del 1 a 1.

El martes pasado, el primer juez designado en la Corte por el presidente Néstor Kirchner, Eugenio Zaffaroni, reavivó el debate cuando comentó que si la emergencia económica que dio pie a esa medida había terminado, tal vez era hora de buscar alguna forma de devolver los dólares a los ahorristas.

Los partidarios de la redolarización en la Corte creyeron entender que Zaffaroni estaba de su lado, pero quienes se inclinan por confirmar la pesificación relativizan la opinión del nuevo juez; creen que confirmará la validez de las normas pesificadoras, aunque tratará de hallar un mecanismo de compensación más eficiente.

Entre los jueces redolarizadores estarían Adolfo Vázquez y Carlos Fayt, y entre los dispuestos a avalar la pesificación Juan Carlos Maqueda, Antonio Boggiano, Augusto Belluscio, Elena Highton de Nolasco, y —tal vez— Zaffaroni. Por lo pronto este último juez, fiel a su estilo reservado, no dio muchos detalles, aunque no se habría privado de recomendar a algunos de sus colegas el libro "Los felices 90" del economista Joseph Stiglitz, el Premio Nobel de Economía 2001 que cuestiona con acidez al poder financiero. Stiglitz fue presidente del Banco Mundial, y presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca durante el primer mandato de Bill Clinton.

En su última visita a la Argentina, el economista señaló que el Estado "no puede mirar para otro lado" cuando "los sistemas bancarios fracasan", porque eso implica "enormes consecuencias en la sociedad".

A la hora de hacer pronósticos, en la Corte algunos jueces confían en que la solución puede llegar antes de fin de año, cuando ingrese al tribunal la jueza Carmen Argibay, quien está terminando su labor en el tribunal internacional de La Haya.

En cuanto a los depósitos judiciales, el tema podría ser tratado en el próximo plenario. Pero si hay algo claro en la Corte es que la solución al problema de fondo de la pesificación no es fácil.

 

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