24-08-01

Nos llego de una fuente el siguiente texto  Sobre un Plan de Gobierno de Carlos Menem. Publicamos sin abrir Jucio de valor-.

 


 

BASES DE UN PLAN DE GOBIERNO

 

      "Es absolutamente imprescindible otorgar carácter definitivo e irreversible a la paridad cambiaria entre la moneda Argentina y el dólar estadounidense. Esto implica profundizar el camino iniciado con la convertibilidad y avanzar hacia la dolarización de la economía Argentina".

 

 

LINEAMIENTOS GENERALES

La gravísima crisis que atraviesa hoy la Argentina no es un rayo en una noche estrellada. En el transcurso del año 2000, la economía mundial creció a un ritmo superior al 5 %, que fue el ritmo de expansión más acelerado de los últimos dieciséis años. En ese mismo lapso, la Argentina fue el único país emergente que no creció. Más aún: en ese período, la economía Argentina contrajo su producto bruto interno en un 0,7%, que es una caída del 2% si se mide de enero a diciembre.

 

Esa performance negativa frustró la recuperación económica que se insinuaba en el último trimestre de 1999, cuando el mundo superaba la crisis financiera internacional desatada en junio de 1997 en el sudeste asiático, agravada en agosto del 98 con la moratoria unilateral rusa y en enero de 1999 con la devaluación del real, y la Argentina empezaba a salir de la recesión.

 

Esa frustración de las expectativas de reactivación económica impactó fuertemente en la situación fiscal. Porque la cuestión de la evolución del gasto público y del equilibrio fiscal, así como la del volumen de la deuda externa, no puede analizarse simplemente en términos nominales sino en términos reales, en relación al tamaño de la economía. No puede desvincularse entonces del crecimiento económico.

 

Cada punto adicional del producto bruto interno argentino supone un mayor ingreso fiscal de aproximadamente U$S 600 millones. Por eso, en 1991, el gasto público primario (antes del pago de los intereses de la deuda) consolidado (nación, provincias y municipios) ascendía al 29,2 % del producto bruto interno. En 1999, a pesar del aumento experimentado en el gasto nominal, esa proporción no varió sensiblemente, ya que era del 30,2 % del PBI. En 1989, la deuda externa Argentina ascendía al 92% del producto bruto interno. En 1999, era del 43%. Hoy, a raíz del agravamiento de la recesión económica, con un producto bruto interno menor, esa proporción se elevó a más del 50%. Esta aparente paradoja se explica porque, a lo largo de la década del 90, la economía Argentina creció más del 50%, lo que la convirtió en la década de mayor crecimiento económico de los últimos setenta años.

 

Si la Argentina hubiera crecido el año pasado un 4,4%, como estaba estimado en el presupuesto nacional y en todas las previsiones de los organismos internacionales y de las consultoras económicas especializadas, los ingresos fiscales hubieran aumentado alrededor de U$S 2.400 millones. Y sí ese ritmo de crecimiento se hubiera mantenido a lo largo de todo el 2001, los ingresos públicos en el presente año hubieran aumentado en alrededor de U$S 5.000 millones, que hubieran convertido en innecesarios los sucesivos ajustes realizados en los últimos meses.

 

La conclusión es inequívoca: la crisis fiscal que ha llevado al país al borde de la cesación de pagos y al cierre de todas las vías de financiamiento externo no tiene que ver con una situación heredada, sino que es una crisis autoinducida, generada en un escenario internacional favorable, como fue el del año 2000, y que se originó en una estrategia económica equivocada que frustró las expectativas de reactivación económica que existían a fines de 1999.

 

Por esas razones, la profundización de la recesión registrada el año pasado se transformó este año en una depresión estructural. En los primeros siete meses del presente año, el país perdió reservas monetarias del orden de U$S 11.000 millones. Entre marzo y julio, los depósitos en el sistema financiero descendieron U$S 10.000 millones. Bajó el consumo y disminuyó fuertemente la tasa de inversión.

 

La elevación de la tasa riesgo país generó un incremento de los intereses bancarios que ha convertido en imposible el acceso al crédito. A pesar de los nuevos impuestos que incrementaron la presión tributaria sobre el sector productivo, la recaudación fiscal sigue cayendo cada vez más, aún sobre los ya deprimidos niveles del año anterior, y las previsiones para los próximos meses son aún peores.

 

En muy pocos meses, el país consumió las expectativas de recuperación generadas por el blindaje financiero internacional de diciembre pasado y por el megacanje de títulos de la deuda externa realizado en junio último. El cierre de todas las vías de financiamiento externo impuso la necesidad de la política de "déficit cero", que en la práctica no significa otra cosa que un "default interno", cuyas consecuencias recaen básicamente sobre los haberes jubilatorios y los salarios de los empleados públicos.

 

Sin embargo, la caída de la recaudación, originada en el ahondamiento de la recesión, neutraliza los esfuerzos para la reducción del déficit público, situación que obligará a producir en el corto plazo nuevos recortes, que habrán de multiplicar la ya creciente conflictividad social. Mientras tanto, la comunidad financiera internacional ha tomado como cierta la presunción de que la Argentina está próxima a la cesación de pagos y a la devaluación.

 

El país comienza a sentir fuertemente el efecto de la fuga de capitales. Mientras que en el período 1997-99, a pesar de la crisis financiera internacional, el ingreso neto de capitales a la Argentina fue en promedio del orden de U$S 16.000 millones por año, en el año 2000 ese ritmo de entrada se redujo a los U$S 9.000 millones y este año las previsiones más moderadas prevén una salida neta de capitales de alrededor de U$S 9.000 millones.

 

En este contexto, se esfuma toda posibilidad de salida de la actual depresión estructural de la economía Argentina, mientras el índice de desempleo ha trepado al 16,4% y aumentan los índices de pobreza. El diagnóstico más elemental establece que se impone, con una urgencia cada vez más perentoria, un drástico cambio de rumbo para evitar una catástrofe de imprevisibles consecuencias.

  

INTELIGENCIA DE LA SITUACIÓN 

La inteligencia política, a diferencia de la inteligencia académica, es siempre la inteligencia de una situación determinada. Comprender la naturaleza particular de cada situación, aquello que tiene de específico e intransferible, es la condición necesaria para enfrentarla. Para el pensamiento estratégico, el interrogante principal, antes que contestar a la pregunta acerca de "qué hacer", es imprescindible responder a la pregunta "de qué se trata", para poder establecer con precisión cuál es la índole del problema que se pretende resolver.

 

La Argentina padece hoy una crisis de gobernabilidad de características semejantes a las de julio de 1989, cuando un Presidente constitucional se vio obligado a abandonar el cargo, seis meses antes de la expiración de su mandato constitucional, y a transferir los escasos restos de poder que aún quedaban en sus manos a otro Presidente constitucional, para que se hiciera cargo de la responsabilidad de rescatar al país del colapso hiperinflacionario y del serio peligro de la desintegración social.

 

Como ocurrió en aquel entonces, la prioridad absoluta es hoy el afianzamiento de la gobernabilidad. Porque la gobernabilidad, concebida como la capacidad de ejercicio continuado del poder político democrático, es precisamente aquello que permite adoptar decisiones drásticas, incluso extremas, en tiempos de crisis. La gobernabilidad es la verdadera razón de Estado de la época de la globalización. Sin ella, nada es posible. Menos aún brindar una respuesta eficaz a los enormes desafíos pendientes, en particular al más trascendente de todos: el desafío social.

 

En las actuales circunstancias internacionales, la gobernabilidad es de naturaleza básicamente fiscal y monetaria. Un gobierno que no logra mantener bajo control las variables fiscales y monetarias empieza perdiendo poder y termina perdiendo el poder. De allí que el afianzamiento de la gobernabilidad esté indisolublemente unido a una segunda condición indispensable: la defensa a ultranza, a través de todos los instrumentos que las circunstancias impongan, de la estabilidad económica, que constituye la conquista fundamental de las transformaciones realizadas por la Argentina en la década del 90. Porque, además de su enorme significado económico, la estabilidad monetaria tiene una profunda dimensión social. Representa la defensa del valor adquisitivo del salario de los trabajadores, la salvaguardia irrestricta del precio de los alimentos básicos para los sectores más humildes de la sociedad y la preservación de los ahorros de la clase media Argentina.

 

La raíz de esta crisis no es de carácter económico, sino de naturaleza esencialmente política. Reside en una formidable crisis de confianza interna y externa, una gigantesca pérdida de credibilidad que incluye a las propias instituciones políticas y que llega a proyectarse incluso hacia la misma viabilidad de la Argentina como Nación.

 

La recreación de la confianza nacional e internacional necesaria para modificar esta situación demanda, además del afianzamiento de la gobernabilidad y la defensa de la estabilidad económica, la creación de otras dos condiciones básicas. En primer lugar, es necesaria una transformación a fondo de la estructura del Estado y de todo el sistema de instituciones públicas de la Argentina. Ello implica la construcción de un nuevo Estado.

 

En segundo término, corresponde encarar una política firmemente orientada hacia la reinserción internacional del país, que termine con el actual aislamiento externo y nos vuelva a convertir en actores políticos con protagonismo en el escenario mundial

 

El afianzamiento de la gobernabilidad, la defensa irrestricta de la estabilidad económica, la reinvención del Estado y la reinserción internacional del país son cuatro condiciones indispensables para superar la crisis, que requieren una quinta condición igualmente imprescindible: la preservación a toda costa de la paz social, mediante la adopción de medidas urgentes para hacer frente al actual estado de emergencia social, y el mantenimiento del orden público, sobre la base del estricto cumplimiento del apotegma de Perón que señalaba "dentro de la ley todo, fuera de la ley, nada".

 

A partir de estos cinco lineamientos fundamentales, es posible desarrollar los puntos centrales de un plan de gobierno enderezado a generar una drástica reversión de las expectativas negativas sobre la Argentina y a recrear el círculo del consumo y la inversión productiva, que posibilite la recuperación de la senda del crecimiento económico, requisito insoslayable para avanzar en el camino de la justicia social.  

 

PUNTOS PRINCIPALES 

ESTABILIDAD MONETARIA: DOLARIZACIÓN 

Para generar confianza, hay que reducir al máximo los niveles de incertidumbre. La eliminación total y definitiva del peligro de una devaluación monetaria es la única forma de generar una formidable inyección de confianza interna y externa en la fortaleza y las posibilidades de la Argentina, capaz de producir de inmediato una drástica disminución de la tasa riesgo país que permita recuperar el financiamiento externo perdido, reducir las exorbitantes tasas de interés que asfixian al aparato productivo, en particular a las pequeñas y medianas empresas, y movilizar las paralizadas corrientes de inversión.

 

En las presentes circunstancias, es absolutamente imprescindible otorgar carácter definitivo e irreversible a la paridad cambiaria entre la moneda Argentina y el dólar estadounidense establecida hace diez años con la sanción de la Ley de Convertibilidad. Esto implica profundizar el camino iniciado con la convertibilidad y avanzar hacia la dolarización de la economía Argentina.

 La alternativa de la dolarización no puede visualizarse como la aplicación de una teoría económica. Es una opción que responde a los hechos. En términos inmediatos, es una respuesta práctica y contundente a la crisis de confianza. Expresa la voluntad nacional de preservar a cualquier precio la estabilidad económica conquistada en la década del 90.

 

En términos de mediano y largo plazo, representa también la adecuación de la Argentina a la nueva tendencia estructural hacia la globalización monetaria, que se caracteriza por el progresivo debilitamiento de los signos monetarios nacionales y la aparición de monedas mundiales.

 

Charles De Gaulle decía que "la política es el arte de conducir lo inevitable". En la actualidad, el dólar es la moneda mundial por excelencia. En la perspectiva estratégica de la integración económica continental planteada por el ALCA, tiende asimismo a erigirse en la moneda común de todo el hemisferio americano. En las circunstancias de crisis, el dólar fue y es, además, la moneda de refugio a la que acuden los argentinos para proteger sus ahorros cada vez que visualizan una amenaza de devaluación.

 

La alternativa de la dolarización crea las condiciones para eliminar el dualismo crediticio, que discrimina en contra de las empresas Argentinas, especialmente de las pequeñas y medianas empresas, imposibilitadas de acceder al financiamiento internacional, como sí sucede con las empresas transnacionales. Termina también con el dualismo monetario, que favorece a los sectores socialmente más pudientes, que tienen sus activos en dólares, y perjudica a los sectores socialmente más humildes, que viven en pesos y son siempre los más golpeados en caso de devaluación.

  

ACUERDO ESTRATÉGICO CON LOS ESTADOS UNIDOS

El aislamiento internacional torna inviable cualquier posibilidad de superar la crisis. La Argentina está forzada ineludiblemente a recuperar relevancia a nivel mundial. Para ello, es necesario construir poder, tanto en el plano interno como en el terreno internacional.

 

En esta nueva época económica y tecnológica, el poder tiene un carácter eminentemente asociativo, se construye a través de redes. La reinserción del país en la sociedad mundial requiere entonces forjar un amplio tejido de alianzas que impulse el protagonismo de la Argentina en un escenario internacional signado por la aceleración del ritmo de revolución tecnológica y de la globalización del sistema productivo.

 

En todos los casos, se trata de reivindicar, siempre y bajo cualquier circunstancia, un nacionalismo acendrado y cabal, que subraye que "la Argentina es el hogar", afirme en todos los planos la identidad nacional, cultural y religiosa del pueblo argentino y sepa combinar la férrea defensa del interés nacional con una cultura de la asociación, como lo demanda la época.

 

Esta visión exige impulsar la reformulación del MERCOSUR en la senda hacia la configuración del ALCA, fortalecer la asociación con Chile y avanzar ya mismo en un acuerdo político integral que signifique el pleno restablecimiento de la alianza estratégica entre la Argentina y los Estados Unidos, forjada en la década del 90 y fuertemente resquebrajada en los últimos dieciocho meses.

 

Un acuerdo de esas características tiene un contenido político, económico, comercial, monetario y de seguridad. En el aspecto estrictamente comercial, la apertura del mercado norteamericano supone la posibilidad para el ingreso de nuestras exportaciones a un espacio económico que, en términos de capacidad de importación, es diecisiete veces más grande que el MERCOSUR. Abre también nuevas posibilidades de inversión nacional e internacional en la Argentina.

 

"Se trata de reivindicar un nacionalismo acendrado y cabal que afirme en todos los planos la identidad nacional, cultural y religiosa del pueblo argentino y sepa combinar la férrea defensa del interés nacional con una cultura de asociación".

 

Esta alternativa no supone de ninguna manera una opción de tipo ideológico. Chile, con un Presidente socialista, fue el primer país sudamericano en avanzar hacia un acuerdo bilateral de libre comercio con Estados Unidos. No implica en absoluto un debilitamiento del MERCOSUR. Tampoco excluye el afianzamiento de los vínculos con Europa, en especial con España e Italia, que son los dos países del viejo continente histórica, cultural y estructuralmente más vinculados con la Argentina. México, que está plenamente integrado a la economía norteamericana a través del NAFTA, ha firmado un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

 

"Es necesario impulsar la reformulación del MERCOSUR en la senda hacia la configuración del ALCA, fortalecer la asociación con Chile y avanzar en un acuerdo político integral que signifique el pleno restablecimiento de la alianza estratégica entre la Argentina y los Estados Unidos".

Un acuerdo estratégico con los Estados Unidos, convertido en país eje del actual sistema de poder internacional, unido a la dolarización como garantía de estabilidad monetaria, genera las condiciones políticas y económicas adecuadas para el fortalecimiento de la posición del país en los mercados financieros internacionales.

  

UN NUEVO ESTADO 

La refundación del Estado demanda, en primer lugar, impulsar una amplísima descentralización política, que implique la transferencia de responsabilidades, acompañadas por los correspondientes recursos, desde el Estado Nacional hacia las regiones, hacia las provincias, hacia los municipios y, sobre todo, hacia las propias organizaciones sociales.

 

La principal respuesta política a los problemas que plantea la tendencia estructural hacia una mayor concentración de la riqueza, propia del nuevo sistema económico en su actual fase de desarrollo, es una estrategia fundada en la distribución del poder. El principio rector de esa descentralización política es colocar siempre lo más cerca posible de la base el poder de decisión sobre los asuntos concernientes a cada localidad y a cada actor social. Perón preconizaba la necesidad de "un gobierno centralizado, un Estado descentralizado y un pueblo libre".

 

Esta estrategia de descentralización es la única forma efectiva de abordar las denominadas reformas de segunda generación, básicamente las cuestiones vinculadas con la educación, la salud, la seguridad, la justicia y la acción social. Siempre será más factible la solución cuando el poder de decisión esté ubicado lo más cerca posible del problema de que se trate. Se trata, en síntesis, de la profundización de la democracia recuperada para siempre en la Argentina a partir de 1983.

 

En esta dirección, juega un rol decisivo el fortalecimiento de los municipios, como el eslabón de la organización del Estado más directamente vinculado con la comunidad. La progresiva transferencia a los municipios de las responsabilidades de gestión de las escuelas y hospitales públicos y el fortalecimiento de instituciones locales encargadas del tema de la seguridad pública requieren articularse con el activo protagonismo de la sociedad civil, a través de las organizaciones no gubernamentales, motores insustituibles de la construcción de una comunidad organizada.

 

La aceleración del ritmo de la globalización, con el consiguiente desdibujamiento del rol económico de los estados nacionales, potencia fuertemente el papel de los municipios como actores de la reconversión productiva. El mundo es cada vez más una red de ciudades. La importancia política, económica y social del planeamiento estratégico y la gestión local crece a la misma velocidad que la globalización del sistema productivo.

 

Al mismo tiempo, es necesaria la profundización de la estrategia de la regionalización del país, a partir de la creación de nuevas instituciones y mecanismos de carácter regional en la Región Centro, el NOA, el NEA, el Nuevo Cuyo, la Patagonia y la Región Metropolitana, capaces de coordinar esfuerzos y recursos de las provincias en procura de objetivos de interés común.

 

Una estrategia de descentralización de estas características torna posible la disolución lisa y llana de los ministerios de Educación, Salud Pública y Desarrollo Social. Requiere, en su reemplazo, la transformación de los actuales Consejos Federales de Educación, Salud Pública y Desarrollo Social, que articulan actualmente la representación del Estado Nacional con la de las provincias, en otras tantas Agencias Federales, encargadas de elaborar los planes nacionales de cada área e impulsar la coordinación interjurisdiccional.

 

 

Este drástico proceso de descentralización y de reducción burocrática del Estado Nacional necesita completarse con la informatización de sus estructuras y procedimientos que permita la introducción de los nuevos mecanismos de "gobierno electrónico" y la configuración de un Estado-red, capaz de garantizar un sistema de administración pública transparente, ágil y eficaz.

 

 "Es imprescindible profundizar la regionalización del país, a partir de la creación de nuevas instituciones y mecanismos de carácter regional".

 El mundo globalizado no premia la lucidez tardía. En estas nuevas condiciones, el rol principal del Estado es el planeamiento estratégico, la capacidad de identificar a tiempo las nuevas tendencias estructurales y los cambios en el panorama mundial, para poder adelantarse a los acontecimientos y generar las adecuaciones necesarias. Como decía Arthur Schopenhauer, "no hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige".

  

REFORMA INSTITUCIONAL 

La Argentina padece las consecuencias de una fuerte contradicción entre las exigencias que plantea un nuevo sistema de instituciones económicas, producto de las reformas estructurales realizadas en la década del 90, y la subsistencia de un sistema de instituciones políticas previo a esa transformación.

 

El resultado de esa dicotomía es la ineficacia del sistema político para enfrentar y resolver las crisis propias de esta época de cambio. Dicha incapacidad es la razón de fondo de la seria pérdida de credibilidad que experimenta el sistema político en su conjunto y que afecta severamente su legitimidad.

 

El país necesita encarar una reformulación integral de su sistema de instituciones políticas. El punto de partida de esa transformación es la extensión a todo el país y en todos los niveles de la organización del Estado de la experiencia iniciada en la provincia de Córdoba.

 

En tal sentido, es necesario promover la reforma de la Constitución Nacional y de las constituciones provinciales, para concretar un redimensionamiento integral del sistema político a nivel nacional, provincial y municipal.

 

De este modo, es posible lograr una drástica disminución de la cantidad de cargos legislativos, que suponga la elección de un solo senador nacional por cada provincia, la reducción a la mitad en la cantidad de diputados nacionales, la supresión de los senados provinciales y la reducción a la mitad en la cantidad de diputados provinciales y de concejales municipales.

 

Una recreación del sistema de instituciones políticas, que devuelva jerarquía a la acción política, constituye la condición indispensable para la reconstrucción del poder político, que es la piedra angular de la gobernabilidad.

 

SUPERÁVIT FISCAL Y RESPONSABILIDAD TRIBUTARIA 

En las actuales condiciones internacionales, el equilibrio fiscal es la primera condición de la independencia económica. El principio del superávit fiscal sustentable tiene que convertirse en una regla de inflexible cumplimiento a nivel nacional, provincial y municipal. El cumplimiento de este objetivo requiere el establecimiento del mecanismo del "presupuesto base cero" en todos los niveles del Estado, según la experiencia realizada exitosamente en Nueva Zelanda. Habrá que proceder a una revisión total de las actuales estructuras del Estado, con la consiguiente supresión de los organismos y reparticiones prescindibles y el desmantelamiento de las estructuras burocráticas. De la misma forma, corresponde encarar la inmediata privatización de todos los organismos y actividades susceptibles de gestión privada.

 

En tal sentido, corresponde avanzar en la implementación del mecanismo de "presupuesto por programa", en reemplazo del actual sistema de presupuesto por organismo. Para garantizar la previsibilidad económica, resulta asimismo conveniente la instauración del régimen del presupuesto plurianual, con revisiones anuales.

 

En este marco, es necesario propender a una mayor autonomía fiscal de las provincias y los municipios, de manera de incrementar la vinculación entre la ejecución del gasto público provincial y municipal y la responsabilidad de la recaudación fiscal. En el caso de los municipios, esta nueva estructura fiscal estará vinculada con la institucionalización del sistema de "presupuesto participativo", como ocurre en la actualidad en la ciudad de La Plata.

 

Esa es la base de un Nuevo Pacto Tributario entre el Estado y la sociedad, que determine con nitidez las responsabilidades indelegables del Estado y contribuya a legitimar socialmente la distribución del gasto público, así como la carga tributaria necesaria para su funcionamiento.

  

CRECIMIENTO E INVERSIÓN

 

No hay solvencia fiscal posible sin un acelerado ritmo de crecimiento económico. El principal obstáculo a la competitividad internacional de la economía Argentina es el alto costo del capital. No hay reactivación económica sin una fuerte expansión del crédito. Las actuales tasas de interés resultan incompatibles con el relanzamiento económico. Un aparato productivo en expansión necesita fundarse en un sistema financiero sólido. 

Es ineludible acompañar el restablecimiento de la confianza interna y externa, que implica una reducción drástica de la actual tasa riesgo país, con la formación de un fuerte mercado de capitales, que demanda entre otras cosas la duplicación de los actuales niveles de bancarización de la economía Argentina, que se encuentran muy por debajo del promedio internacional, para incrementar sustancialmente la oferta de crédito para empresas y particulares.

 

En este mismo sentido, hace falta también una revisión de la totalidad del sistema impositivo argentino. Hay que eliminar todas las trabas fiscales que desalientan la inversión productiva. Es necesario reducir la carga tributaria sobre quienes pagan efectivamente sus impuestos.

 

Para que sea posible esa reducción, es absolutamente fundamental enfrentar y resolver el gravísimo problema de la evasión fiscal y previsional. A tal efecto, es imprescindible impulsar mecanismos adecuados de tercerización de la recaudación fiscal en todos los niveles del Estado, que permitan contar con una estructura impositiva ágil, eficiente y equitativa, que genere incentivos al cumplimiento de las obligaciones y castigos efectivos a su incumplimiento.

 

APOYO A LAS NUEVAS EMPRESAS 

El crecimiento económico y la reducción del desempleo plantean imperiosamente la necesidad de incentivar por todos los medios posibles la actividad empresaria como mecanismo insustituible para la creación de riqueza.

 

La Argentina demanda el surgimiento de empresas y de vocaciones empresarias. Hacen falta miles de nuevas empresas en todos los rubros de la economía nacional. Además del restablecimiento de la confianza, del abaratamiento del costo del crédito, de la reforma impositiva y del mejoramiento de la infraestructura, la instalación de esas empresas requiere la eliminación de todas aquellas regulaciones que no sean absolutamente indispensables y la supresión de todas las trabas legales y burocráticas que asfixian los emprendimientos productivos.

 

La única responsabilidad indelegable del Estado en materia regulatoria es la fijación de las normas y de los procedimientos que eviten las prácticas monopólicas e incentiven la transparencia del mercado y la libre competencia en todas las actividades económicas.

 

 

"No hay solvencia fiscal posible sin un acelerado ritmo de crecimiento económico, ni reactivación económica sin una fuerte expansión del crédito. Un aparato productivo en expansión necesita fundarse en un sistema financiero sólido con tasas de interés bajas".

  La constitución de centros especializados de asesoramiento para la formación de nuevas empresas, al estilo de las "incubadoras" de empresas existentes en Israel, constituye un aliciente adicional de significativa importancia.

 Lo mismo ocurre con la creación de mecanismos de vinculación entre el sector científico-tecnológico argentino y los fondos de inversión de riesgo, para impulsar emprendimientos económicos surgidos de nuevos adelantos tecnológicos o descubrimientos científicos.

COMPETITIVIDAD BASADA EN LA PRODUCTIVIDAD 

En una era signada por la globalización del sistema productivo mundial y la consiguiente apertura del comercio internacional, la estrategia que guía el crecimiento económico es el aumento incesante de la productividad de los países, las regiones y las empresas. En las condiciones que plantea la revolución tecnológica de nuestro tiempo, la estrella polar de la política económica es la productividad, que exige una continua reducción de costos.

 

En el mundo de hoy, no hay espacio para "inventar" ventajas competitivas que no estén sustentadas en nítidas ventajas comparativas. La prioridad estratégica es el desarrollo de aquellas actividades que sean inmediatamente competitivas a nivel internacional. De allí la necesidad de establecer "políticas activas" orientadas primordialmente hacia los sectores económicos en los que la Argentina cuenta ya con ventajas comparativas susceptibles de ser convertidas rápidamente en ventajas competitivas en el orden internacional.

 

En ese sentido, adquieren importancia prioritaria las actividades económicas vinculadas con los recursos naturales (en particular, alimentos, energía, industria forestal, minería y turismo). La prioridad fundamental es impulsar una verdadera "Revolución de los Alimentos". El fortalecimiento y la expansión de la cadena agroalimentaria puede convertir rápidamente al país en uno de los protagonistas principales del negocio mundial de los alimentos, un rubro de enorme importancia económica y que tiene una demanda en ascenso a nivel mundial, muy especialmente en los países del Asia Pacífico, en particular China.

 

No se trata de una "vuelta al campo" ni de una "reprimarización" de la economía Argentina. Países como Canadá y Australia son dos ejemplos en ese sentido. Los casos del complejo aceitero y de la industria vitivinícola, dos sectores productivos que se encuentran a la vanguardia mundial en materia de productividad, revela la viabilidad de esta estrategia de diversificación industrial. El objetivo es siempre propender a la incorporación de mayor valor agregado en cada uno de los eslabones que integran esa cadena productiva. La expansión de los cultivos transgénicos, que incorporan a la producción agrícola los más modernos adelantos de la biogenética, y las posibilidades que abre la producción del biodiesel como combustible alternativo son dos ejemplos contundentes en ese sentido.

 

Por otra parte, el impacto multiplicador directo e indirecto de estas actividades sobre el conjunto del sistema productivo constituye la principal herramienta estratégica para lograr una creciente diversificación industrial y una mayor integración territorial del país. 

"El rol de las pequeñas y medianas empresas resulta vital para elevar la productividad global de la economía Argentina. En el nuevo escenario económico y tecnológico mundial, la verdadera unidad productiva no es ya la empresa aislada sino las redes de empresas".

 

En este contexto, la constante elevación de la productividad no puede quedar concentrada en el nivel de las grandes empresas nacionales y transnacionales. El rol de las pequeñas y medianas empresas resulta vital para elevar la productividad global de la economía Argentina. En el nuevo escenario económico y tecnológico mundial, la verdadera unidad productiva no es ya la empresa aislada, sino las redes de empresas. La formación de redes de pequeñas y medianas empresas industriales, agropecuarias y de servicios con aptitud competitiva constituye la condición insustituible no sólo para su desenvolvimiento y expansión sino hasta para su misma supervivencia.

 La experiencia de Italia en materia de "distritos industriales" representa un antecedente válido para afrontar este desafío. El sector público, tanto nacional como provincial y municipal, tiene que cumplir allí un rol preponderante en la tarea impostergable de cerrar esa brecha de productividad que limita severamente las posibilidades de crecimiento económico del país.

 ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO 

La base estructural para el incremento incesante de la productividad reside en la constante incorporación de los adelantos tecnológicos, en particular la absorción de las innovaciones que se registran en el campo de la informática y las telecomunicaciones. La Argentina, entre otras cosas por su nivel educativo relativamente elevado, presenta condiciones muy apropiadas para participar activamente en la industria de la alta tecnología, a través de la creación de polos de desarrollo informático, centros geográficos dotados de una infraestructura y un entorno competitivo adecuados para el desarrollo de este tipo de emprendimientos, vinculados a la producción de software en español, que es el idioma que tiene en la actualidad el mayor ritmo de expansión en Internet.

 

Irlanda y la India, dos de las naciones de más alto ritmo de crecimiento en los últimos años, fundan una parte significativa de su despegue económico en el hecho de haberse convertido en los principales exportadores mundiales de software en inglés, a partir de la masiva radicación en sus territorios de las empresas transnacionales del sector, que explotaron las ventajas comparativas en ese rubro de ambos países.

 

Esa estrategia de incorporación de la Argentina a la sociedad del conocimiento no puede reducirse a la búsqueda de las inversiones de las empresas de alta tecnología. Exige, por sobre todas las cosas, aprovechar intensivamente la moderna infraestructura en comunicaciones instalada en el país a partir de la década del 90 para avanzar en el terreno de la "nueva economía", mediante el rápido despliegue de todos los adelantos que se registran en las nuevas tecnologías de la información, en particular del comercio electrónico, a través de la totalidad del sistema productivo.

 INFRAESTRUCTURA Y LOGÍSTICA 

En un mundo globalizado, la competencia económica tiene un carácter sistémico. No se da únicamente entre empresas, sino también entre países, o sea entre sistemas integrales de organización y decisión. De allí la obligación indelegable del Estado de promover un constante mejoramiento de la infraestructura y la logística para propender a una continua reducción de costos que contribuya a la mayor rentabilidad de los emprendimientos empresarios, a la atracción de nuevas inversiones y a la consiguiente expansión de las actividades productivas.

 

En particular, la Argentina necesita desarrollar aquellas obras de infraestructura y logística en materia de transportes y comunicaciones enderezadas a rediseñar su geografía económica, de modo de ensanchar fuertemente su frontera agropecuaria y posibilitar la extensión de las actividades productivas, a través de una política de colonización que promueva la fundación de nuevos pueblos y ciudades en el interior argentino, integrar al conjunto de las economías regionales y aprovechar al máximo la inmensa dotación de recursos naturales del país.

 

Junto a la geografía económica tradicional, concentrada básicamente en la Pampa Húmeda, con eje en el puerto de Buenos Aires, orientada hacia el océano Atlántico y con la vista puesta en Europa, es necesario potenciar ahora el surgimiento de una nueva geografía económica, vinculada al desarrollo de nuestra frontera americana, que incluya a la totalidad de las provincias Argentinas.

 

El desarrollo de los corredores bioceánicos, la pavimentación de los pasos cordilleranos que posibiliten la salida de nuestras exportaciones por los puertos chilenos sobre el océano Pacífico, las obras hidráulicas tendientes a la extensión del riego, la articulación de una red nacional de autopistas que interconecten el territorio argentino en todas direcciones, la materialización del puente Buenos Aires-Colonia, la concreción de la Hidrovía y la construcción del Ferrocarril Transpatagónico constituyen los ejes fundamentales de ese rediseño geoeconómico de una Argentina integrada hacia adentro y proyectada hacia afuera.

 

SALARIO SOCIAL

La búsqueda de un piso mínimo de dignidad para todos los hogares argentinos, aún en medio de esta situación de emergencia económica, es una condición irrenunciable de equidad, sin la cual resulta imposible el restablecimiento del orden público y de la paz social, ni menos aún internarse exitosamente en el camino de las reformas estructurales pendientes. No hay futuro posible para la Argentina como Nación sin una respuesta de emergencia a las angustias sociales del presente.

 

 

"La búsqueda de un piso mínimo de dignidad para todos los hogares argentinos es una condición irrenunciable de equidad. No hay futuro posible para la Argentina como Nación sin una respuesta de emergencia a las angustias sociales del presente".

 

 

En las actuales circunstancias, ese esfuerzo solidario exige la concentración de los recursos presupuestarios asignados a la ejecución de distintos planes sociales absolutamente dispersos, para financiar el establecimiento de un subsidio especial por desempleo para todos los jefes de hogar desocupados. La iniciativa puesta en marcha en la provincia de Santa Fe, en la zona del Gran Rosario, constituye un valioso antecedente en esta materia.

 

El otorgamiento de ese salario social estará atado al compromiso de los beneficiarios de realizar trabajo voluntario a tiempo parcial en organizaciones no gubernamentales y de participar en cursos de capacitación tendientes a facilitar su reinserción en el mercado laboral.

 

De esa manera, es posible garantizar un ingreso básico para todas las familias Argentinas, promover el despliegue de la acción de las organizaciones comunitarias y elevar sensiblemente los niveles de formación profesional de los sectores socialmente más postergados.

 RED DE SOLIDARIDAD SOCIAL 

El enorme desafío social que tiene por delante la Argentina no demanda solamente la acción del Estado. Exige, ante todo y sobre todo, apelar a la participación organizada de toda la sociedad. Resulta imprescindible promover la constitución de una amplia Red Nacional de Solidaridad Social, con la participación de la Iglesia Católica, de las demás confesiones religiosas, de los sindicatos, de las organizaciones empresarias y de las decenas de miles de organizaciones no gubernamentales, que canalice el espíritu solidario y las energías creadoras del pueblo argentino y actúe coordinadamente con los organismos del Estado nacional, provincial y municipal en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

 

Desde allí será posible hacer realidad el principio de subsidiariedad establecido en la doctrina social de la Iglesia, impulsar la acción organizada del voluntariado social, que hoy moviliza las energías solidarias de más de dos millones de argentinos, y garantizar una total transparencia en la implementación de los planes sociales, que termine con las prácticas de clientelismo político y con los focos de corrupción.

 

En la actual situación de emergencia social, las prioridades fundamentales de esa acción coordinada y convergente entre el Estado y el conjunto de la sociedad civil son la resolución del problema del hambre y la desnutrición, el combate contra la drogadicción y la prevención social de la violencia.

 

El principio fundamental en esta materia es que ninguna política social puede resultar exitosa si no es a partir de la organización y del protagonismo de los propios interesados. La condición de eficacia es la acción organizada de los propios sectores populares. Ni la visión neoliberal, que es meramente economicista, ni la concepción socialdemócrata, aferrada a la resurrección del viejo "Estado de Bienestar", están en condiciones de brindar una respuesta efectiva al desafío social que tiene por delante la Argentina.

 TRABAJO Y EDUCACIÓN

 

Ningún paliativo social de corto plazo, por indispensable que resulte ante el dramatismo impuesto por el actual estado de necesidad, puede sustituir la plena incorporación de todos los argentinos al mundo del trabajo. Pero las posibilidades de inserción laboral y de ascenso social no se derivan única ni mecánicamente de la reanudación del crecimiento económico. Exigen también un fuerte salto cualitativo en los actuales niveles de formación profesional de la fuerza de trabajo, de modo de facilitar su mejor incorporación en un sistema productivo cada vez más exigente y competitivo.

 

La educación ha dejado de ser ya una etapa de la vida, para convertirse en una dimensión permanente de la existencia humana. Más allá de la insoslayable transformación del sistema educativo formal en sus tres niveles tradicionales (primario, medio y terciario o universitario) surge la necesidad de crear un "cuarto nivel" educativo, de características eminentemente no formales, que sea capaz de responder exitosamente a este desafío.

 

El punto de partida es la puesta en marcha de un Plan Nacional de Alfabetización Informática, orientado hacia la capacitación masiva del conjunto de la población económicamente activa en el empleo de las nuevas tecnologías de la información. Esta verdadera cruzada educativa del siglo XXI, de una envergadura similar a la alfabetización masiva de la población encarada a fines del siglo XIX por Sarmiento y la generación del 80, requiere la participación de las organizaciones sociales y, muy especialmente, de las propias organizaciones sindicales.

 

TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA 

En un mundo que ingresa aceleradamente en la sociedad del conocimiento, la distribución del conocimiento está cada vez más íntimamente asociada a la distribución del ingreso y a la distribución del poder. De allí que pueda afirmarse que, en las nuevas condiciones que plantea la revolución tecnológica de nuestra época, la educación es el principal instrumento para la justicia social.

 

La transformación del sistema educativo argentino no puede entonces quedar circunscripta al ámbito del debate de los expertos. Su implementación requiere el protagonismo organizado de toda la comunidad.

 

En la escuela primaria y media, ello supone impulsar una profunda descentralización operativa, que incremente la autonomía de los establecimientos educativos y la participación activa de cada comunidad local. La experiencia de las escuelas autogestionadas iniciada en la provincia de San Luis constituye un ejemplo paradigmático en esa dirección.

 

En el terreno universitario, la provincialización de las universidades públicas representa un mecanismo apropiado para fortalecer la indispensable vinculación entre los centros universitarios y las distintas comunidades locales.

 

En el plano del financiamiento, hay que democratizar el ingreso a la Universidad. Es necesario que los padres de alumnos universitarios pertenecientes a las familias más pudientes contribuyan con un aporte especial a la constitución de un fondo específico destinado a otorgar becas a los jóvenes de las familias más humildes, imposibilitados hoy de acceder a los estudios universitarios.  

DEFENSA, SEGURIDAD E INTELIGENCIA

 

La reinvención del Estado requiere consagrar un capítulo especial destinado a la reformulación del sistema de defensa, seguridad e inteligencia. De allí la necesidad de crear un Ministerio de Defensa y Seguridad, con una Secretaría de Estado de Asuntos Militares y otra de Seguridad Pública.

 

En materia de defensa, resulta indispensable avanzar en una actualización estratégica basada en los conceptos de seguridad global y regional, que en el nuevo escenario internacional tienen un carácter eminentemente cooperativo.

 

Operativamente, es necesario ampliar y fortalecer las atribuciones del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, incrementar la coordinación inter fuerzas, impulsar la fusión de los establecimientos educativos y de las obras sociales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea Argentina y promover la concentración de recursos en la reconversión tecnológica y en la formación de pequeñas unidades de elite de despliegue rápido.

 

En el ámbito de la seguridad pública, resulta prioritario el establecimiento de mecanismos de estrecha coordinación operativa entre la Policía Federal, la Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval Marítima, la integración de los establecimientos de formación, la fusión de organismos de seguridad con actividades superpuestas y la unificación de las obras sociales de todas las fuerzas de seguridad.

 

En el caso específico de la Policía Federal, el cambio que supone el traslado al gobierno autónomo de la ciudad de Buenos Aires de la responsabilidad de la seguridad pública en la Capital Federal exige iniciar un vasto proceso de reestructuración de la fuerza, que habrá de concentrarse en la investigación de delitos y en la intervención directa en casos graves y en situaciones de emergencia.

 

En el terreno de inteligencia, el punto de partida es la definición de un nuevo concepto de inteligencia estratégica y la jerarquización del Consejo Nacional de Inteligencia como organismo de coordinación de la actividad.

 

REFORMULAR EL MERCOSUR 

El MERCOSUR constituye el logro más importante de la política exterior Argentina en el siglo XX. Fue una r espuesta apropiada a los desafíos de la globalización. No fue concebido como una muralla proteccionista contra los embates externos, sino como una vía nacional propia para afrontar esos desafíos, mediante la creación de una plataforma de lanzamiento conjunta para la mejor inserción de las economías de nuestros países en el sistema productivo mundial.

 

El bloque regional ya cumplió exitosamente una primera etapa, fundada básicamente en la integración comercial. Hoy, atraviesa una fase de estancamiento. Para superarla, requiere redefinir sus objetivos. Está obligado a avanzar ahora para convertirse en el punto de partida de una vasta alianza política regional, que desde la perspectiva de la Argentina incluye necesariamente a Chile, que por su posición geográfica representa para nuestros países la vía de acceso a los mercados del Asia Pacífico, que son los de mayor crecimiento de la economía mundial.

  

"El MERCOSUR está obligado a avanzar ahora para convertirse en el punto de partida de una vasta alianza política regional volcada a la acción internacional".

 

 

En ese tránsito, la Argentina y Brasil tienen la posibilidad de encarar un plan de infraestructura común en materia de energía, transportes y comunicaciones. Ambos países, junto a Uruguay y Paraguay, están también en condiciones de proyectar internacionalmente a la región como el mayor exportador mundial de alimentos. La perspectiva estratégica de un MERCOSUR agroalimentario, capaz de competir con cualquier otra gran potencia agroalimentaria, incluso con los Estados Unidos, puede transformarse en un horizonte compartido que exige un esfuerzo conjunto de asociación para penetrar con mayor fuerza en el mercado mundial.

 

En términos políticos, es indispensable forjar dentro del bloque regional una concepción estratégica común para iniciar una negociación conjunta con los Estados Unidos, que permita establecer acuerdos de libre comercio que aceleren los tiempos para la conformación del ALCA. Esto implica también un acuerdo sobre la asunción de responsabilidades compartidas en cuestiones de seguridad hemisférica, en particular la lucha contra el narcotráfico.

 

La redefinición política del MERCOSUR es un requisito estratégico fundamental para transformar a nuestros países en protagonistas activos en la búsqueda de la democratización del actual sistema de poder de la sociedad mundial, fundado en el predominio de los países más poderosos.

PROTAGONISMO INTERNACIONAL

 En las condiciones que plantea el advenimiento de la nueva era histórica del universalismo, el protagonismo internacional es condición para la existencia de la Nación. Este necesario protagonismo no puede ser un protagonismo aislado y solitario. Es, y no puede ser de otra manera, un protagonismo asociativo y solidario.

 

La redefinición del MERCOSUR, el restablecimiento de la alianza estratégica con los Estados Unidos, con la consiguiente reivindicación de la condición de aliado extra-OTAN, el afianzamiento de vínculos especiales con España e Italia, el firme respaldo a la posición de defensa del derecho a la vida formulada por el Vaticano, el relanzamiento de la iniciativa Argentina de los Cascos Blancos como cuerpo voluntario internacional institucionalizado por las Naciones Unidas para la atención de las catástrofes humanitarias, la inserción en el nuevo sistema de seguridad global, que en la actualidad tiene como núcleo operativo principal a la estructura de la OTAN, y el apoyo decidido a las iniciativas tendientes a la defensa de los derechos humanos en todas partes del mundo constituyen otras tantas dimensiones necesarias para fortalecer la presencia mundial de la Argentina.

 

Perón decía que "la política puramente nacional es ya una cosa casi de provincias. Hoy, todo es política internacional, que se juega adentro y afuera de los países". La Argentina tiene que construir poder dentro de la nueva sociedad mundial. Porque no hay causa, por justa que sea, que tenga relevancia en términos políticos sin una estructura de poder capaz de sustentarla. Y como es imposible construir poder al margen de las tendencias fundamentales de una época histórica determinada, esta estructura de poder debe generarse a través de la activa participación en el proceso de globalización económica, revolución tecnológica e integración política que caracteriza al mundo de hoy. Ese es el único camino históricamente viable para realizar lo que el Papa Juan Pablo II define como la "globalización de la solidaridad".