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Sin
necesidad de una operación militar estilo Yugoslavia ni de un
golpe de Estado como el frustrado en Venezuela, el director del
Fondo Monetario Internacional (FMI), Horst Kohler, y la
subdirectora, Anne Krueger, han asumido el gobierno de la República
Argentina.
Como
no tienen ninguna intención de hacerlo físicamente y difícilmente
podrían hacerlo sin el apoyo de la fuerza, se conforman con
gobernar a control-remoto mientras el presidente provisional,
Eduardo Duhalde, simula que tiene algún poder y los argentinos,
sin una alternativa propia, simulan que es él quien que manda. En
realidad, no todos los argentinos: "Duhalde ya no es el
Presidente", advirtió Elisa Carrio, la dirigente política
con mayor credibilidad, según las encuestas.
Más que la imposibilidad de este país de pagar los intereses
de la deuda externa, los factores que facilitaron la intervención
de los Estados Unidos y sus aliados en el G-7- los
verdaderos dueños del FMI - fueron el vacío de poder que
se produjo después del derrocamiento del presidente Fernando de
la Rúa, a finales del 2001, y la renuncia del
"establishment" argentino a la soberanía nacional.
Después de enviar a su jefe de Operaciones Especiales, Annop
Singh, para recoger información detallada sobre la voluntad
de rendición de los lideres de los partidos mayoritarios
(peronista y radical) y la improbabilidad de una resistencia
popular unificada y consistente, el FMI decidió no sólo asumir
directamente los poderes Ejecutivo y Legislativo (el Judicial no
existe desde hace bastante tiempo) sino también terminar con
cualquier vestigio de independencia entre ellos. En consecuencia,
ordenó la sanción de un nuevo marco jurídico con un doble propósito:
otorgar impunidad a los culpables del terrorismo económico
practicado contra la Nación durante las últimas décadas y
facilitar el control de las escasas empresas nacionales existentes
por parte de sus acreedores extranjeros.
Con la devaluacion del peso los activos de las empresas
perdieron dos terceras partes de su valor en dólares. En cambio,
sus pasivos en pesos se multiplicaron por tres, salvo en el caso
de las deudas con los bancos locales que el gobierno aceptó
"pesificar" a un dolar=un peso. Por lo tanto, los
analistas y empresarios coinciden en que el proceso de
extranjerización se acentuará porque la mayoría de las grandes
empresas argentinas está fuertemente endeudada en dólares con
acreedores externos. La ley de quiebras, aprobada al iniciarse el
mandato de Duhalde pretendía impedir esa extranjerizacion. Uno de
los objetivos del gobierno del FMI es, precisamente, el contrario:
profundizarla.
Operacion
Impunidad
Hasta
la madrugada del jueves 9 la estrategia general marchaba sobre
rieles: aún no se sabe a cambio de qué o de cuánto los
gobernadores de las principales provincias – Córdoba y
Santa Fe, especialmente – actuaron como confiables "correa
de transmisión" y vencieron las débiles resistencias de
Duhalde; este terminó cumpliendo dócilmente las instrucciones de
Washington para que el Congreso introdujera modificaciones a
la Ley de Subversión Económica, de 1974, y a la Ley de Quiebras.
Y la mayoría de la Cámara de Senadores – en una votación que
enriquecerá la historia de la infamia en Argentina – superó
todas las expectativas de Kohler y Krueger, derogando la primera
en lugar de enmendarla.
En circunstancias económicas y sociales internas menos dramáticas
difícilmente esta estrategia intervensionista hubiese llegado tan
lejos sin provocar una incontenible oleada de repudio popular.
Actualmente, con las dos terceras partes de la población luchando
denodadamente por la sobrevivencia, la primera trinchera de la
dignidad nacional parece haber quedado reservada, por el momento,
para una minoría de políticos, sindicalistas e intelectuales y
activistas de centro-izquierda o izquierda, opositores al gobierno
del FMI y a una medida que, de ser convalidada por la Cámara de
Diputados, significaría una amnistía para no menos de cincuenta
peligrosos delincuentes de "cuello blanco" (banqueros o
financistas) que actualmente se encuentran detenidos o procesados,
según explicó el juez federal, Julio Cruciani.
Mientras tanto, apoyados por algunos de los medios de prensa más
importantes del país, como radio "Mitre" y el matutino
"Clarín", los diputados de esa orientación
reaccionaron a la altura de semejante violación de los principios
del Derecho nacional e internacional. El acalorado debate de las
reformas a la Ley de Quiebras en la Cámara Baja, degeneró en un
tumulto con intercambio de golpes y se interrumpió después que
Alicia Castro, del Frente para el Cambio, colocó una bandera de
Estados Unidos en el escritorio del titular del organismo, el
peronista, Eduardo Caamaño. Al cierre de esta nota resultaba difícil
prever el desenlace de la sesión.
La
Ley de Subversión Económica
La
ley especial 20840 fue sancionada en 1974 por el gobierno de Maria
Estela Martínez de Perón con el propósito fundamental de contar
con una cobertura jurídica para la represión militar y
para-militar desatada entonces contra el sindicalismo combativo e
independiente del oficialismo, los intereses patronales y la
llamada "burocracia sindical" asociada con ellos.
Además, como el gobierno, las Fuerzas Armadas y los organismos
de Seguridad, las corporaciones extranjeras y la embajada de
Estados Unidos sospechaban que ciertos sectores de la llamada
"burguesía nacional" conspiraban contra el gobierno y/o
colaboraban financieramente con algunos de las organizaciones
insurgentes que operaban en el país, incluyeron en dicha ley
sanciones penales para comportamientos empresariales considerados
dolosos.
Reestablecida la democracia después del "Proceso"
(dictadura) militar que se extendió entre 1976 y 1983, en 1984
dicha ley fue modificada para despojarla de sus aspectos más
claramente violatorios de los derechos políticos y sindicales. No
obstante se mantuvieron vigentes artículos referidos al
vaciamiento de empresas y otros delitos económicos específicos,
independientemente de los tipificados y sancionados por el Código
Penal.
Leyes similares a la 20840 después de su depuración existen
en varias naciones desarrolladas como España y Alemania,
inclusive con penas más severas, sin que al FMI o a alguna otra
instancia de poder de Estados Unidos o el G-7 se le ocurra
considerarlas un obstáculo o una amenaza para la libre empresa y
las inversiones extranjeras, como lo vienen haciendo en Argentina.
Para entender por qué en este país el gobierno Kohler –
Krueger ha hecho de la reforma de esta ley una cuestión de
principios no tiene nada que ver con los principios sino con
aspectos puntuales como la relación entre los propietarios del
desaparecido Banco General de Negocios (BGN), los hermanos Carlos
y José Rohm (procesado y encarcelado por la ley de Subversión
Económica el primero; prófugo el segundo) con personajes del
sector financiero como los presidentes del Credit Swiss-First
Boston, el JP Morgan y el Dresdner AG, todos ellos ex integrantes
del directorio del BGN. Y de la política internacional como Henry
Kissinger.
Los hermanos Rohm, hombres de confianza del ex presidente
Carlos Menem, también son sospechosos de haber canalizado a través
del BGN las "coimas" de un sonado fraude entre IBM y el
Banco de la Nación Argentina y de haber "lavado" dinero
proveniente de la venta ilegal de armas del Ejército argentino a
Ecuador y Croacia.
La jueza federal María Servini de Cubría, quien ordenó la
detención de Carlos Rohm, en enero de este año bajo la acusación
de enviar dinero al exterior durante la vigencia del
"corralito", no dudó en afirmar que en caso de derogación
de la ley de Subversión Económica, el procesado recuperaría
inmediatamente la libertad..... " Y desaparecería como su
hermano José".
El
consabido doble discurso
Los delitos cometidos presuntamente por los hermanos Rohm son
apenas una muestra de la magnitud y cantidad de los ilícitos
cometidos en Argentina, señalados con frecuencia e invariable
tono admonitor por la Presidencia de Estados Unidos, los
Departamentos de Estado y del Tesoro y el propio FMI. La más
reciente queja por los altos niveles de corrupción en este país
estuvo a cargo de secretario de Estado, Collin Powell.
Efectivamente, a los aproximadamente 100 mil millones de dólares
que sin haber declarado al fisco los empresarios y funcionarios
argentinos transfirieron al exterior hasta finales de los años 90
– un monto que superaba los depósitos en el sistema bancario
nacional y multiplicaba por cuatro las reservas del Banco Central
-, se estima que podrían haberse sumado otros 10 mil millones
poco antes del "corralito" y, sobre todo después de su
instalación.
Pero ante este fenómeno es necesario tener en cuenta dos
cuestiones claves:
a) Los especialistas coinciden en que el "muy
respetado e impresionante" sistema financiero internacional
se nutre en gran parte de esos fondos de dudoso origen. O no tan
dudoso, porque se sabe que en el caso argentino un elevado
porcentaje estuvo representado por los sobornos pagados por las
empresas beneficiarias de las privatizaciones. "Los capitales
simétricos y los asimétricos no son incompatibles. El
capitalismo sólo es posible a partir de la coexistencia
equilibrada entre ambos", según el escritor Víctor Ego
Ducrot. Por lo tanto, la legislación estadounidense y la banca
internacional de primer nivel mediante sus sucursales "off
shore" en los paraísos fiscales favorecen esa fuga y el
lavado de capitales (buena parte de ellos provenientes del narcotráfico).
Si no que lo diga el City Bank, la institución emblemática de
este tipo de operaciones.
b) Por lo visto, el FMI ha decidido apoderarse del
gobierno argentino para facilitar la operatividad de los
delincuentes financieros y económicos de su confianza, liberando
a los detenidos, amnistiando a los procesados,
"blanqueando" a los sospechosos. Y allanándoles el
camino mediante todas las reformas jurídicas, económicas y políticas
necesarias para una nueva fase de saqueo.
El que aún prefiera creer que lo que está en juego es el
saneamiento de las finanzas públicas, un plan de recuperación
económica "sustentable", la moralidad gubernamental y
la reinserción de Argentina en el mundo, está en todo su
derecho.
*
En 1976, poco antes del golpe militar, este corresponsal fue
despedido, junto con varios otros colegas, de la empresa periodística
argentina donde trabajaba, bajo la acusación de estar encuadrado
en la ley 20840.
Ver también: Informe
Argentina
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