30-04-02
Lease en modo pontencial
Aradecemos a "Ferguson por el envío"
Relato pormenorizado de la crucial jornada en que Rodríguez Saá perdió el poder en Chapadmalal, rodeado de ministros, economistas y gobernadores.
Una jornada lamentable de
la historia argentina que aún no ha sido
contada en detalle.
Veamos algunos de esos episodios memorables y penosos fotografiados
por un testigo:
- No sé por qué
ahora algunos protagonistas dicen que nadie los apretó.
Fueron apretados y esto lo reconocerá ahora el propio Rodríguez
Saá,
quien abastece a dos periodistas para que narren en un libro sus penurias en
Chapadmalal,
el mismo día de la renuncia.
Nadie sabe aún por qué Rodríguez Saá esperó
tanto tiempo para formular esta denuncia
y a través de terceros.
- Ese día en el hotel
de Chapadmalal, donde el Presidente llegó sin que nadie
lo esperara y la luz estaba cortada, en la reunión que mantuvo con gobernadores
se puso tan tensa la situación por presiones externas -desde amenazas
a familiares,
según reconoce Rodríguez Saá, hasta la posible invasión
de un núcleo de
caceroleros violentos, sin olvidar la desprotección a que había
sido sometido
el Congreso y la falta de respuesta de Seguridad para cubrir Chapadmalal
-que Ruckauf, como si estuviera advertido de lo que ocurría,
dijo: «Permiso, me voy a mear».
Un desconfiado Ramón Puerta advirtió que Ruckauf, un diplomático,
jamás confesaría esa humillación fisiológica y,
por lo tanto, se levantó también
él de la reunión con la misma excusa e invitando a que su sucesor
en la gobernación,
Carlos Rovira, lo siguiera.
«¿Y ustedes
dónde van?», les preguntó azorado Rodríguez Saá.
«Nosotros también vamos a mear», le contestaron los misioneros.
Por supuesto, ambos persiguieron
a Ruckauf, quien ya se había trepado a
un helicóptero en marcha; ellos hicieron lo mismo sin pedir permiso,
aunque casi no tenían lugar y terminaron sentándose uno sobre
otro.
Ruckauf quiso protestar, pero no ignoraba la emergencia y concedió la
invasión: Chapadmalal parecía Saigón el último día
que los norteamericanos
se fueron de esa ciudad.
- También el entonces
presidente Rodríguez Saá y algunos funcionarios se fueron
en dos autos precipitadamente, angustiados por lo que ocurría afuera
y las noticias
alarmantes que les transmitían ciertos funcionarios que luego no renunciaron.
Partió la comitiva
a campo traviesa, evitando caminos y rutas, también gente,
hasta salir del complejo.
A mitad de camino hacia
el aeropuerto de Miramar, advirtieron que se habían
olvidado de avisarles a los pilotos del avión que los transportaría
a San Luis,
quienes en ese momento dormían en otras dependencias de Chapadmalal.
Los despertaron por celular y, como debían esperarlos en el aeropuerto,
para no tener tropiezos con nadie, en lugar de estacionarse allí empezaron
a
pasear con los autos, pasándose diez kilómetros de la estación
aérea para volver y
pasarse al revés otros diez, en una calesita que duró casi una
hora.
Hasta cometieron contravenciones al tránsito.
Insólita situación para un presidente.
- Otros que estaban en Chapadmalal,
en un chalet más alejado, diseñando un plan
económico, eran justamente especialistas en la materia que ignoraban
todo lo
que ocurría en la casa principal y, además, la presión
externa.
Una hora más tarde
de que todos hubieran partido como si fuese una fuga,
los economistas advirtieron la realidad -ya se sentía el barullo de los
caceroleros
que decían que los iban a colgar-y ellos también trataron de escapar.
Pero no había autos
ni otros medios oficiales
(recordar que Rodríguez Saá había ordenado vender todos
los vehículos del gobierno)
y, asustados, sólo encontraron el camioncito de chacinados y carne del
proveedor del complejo.
Trataron de acomodarse como
pudieron, entre achuras y demás vestigios,
Ricardo Gutiérrez, Antonio Cafiero y Rodolfo Frigeri, entre otros. Cafiero,
pensando que el viaje sería duro, consiguió ubicar un pequeño
colchón para hacer
más placentera la travesía.
Lo que motivó un
comentario, entre gracioso y temeroso, de Frigeri:
«¿Qué? ¿También nos van a coger?».
Tal era el terror de los
economistas que, en el aeropuerto de Mar del Plata,
se ocultaron de la gente; no lo suficiente, a Cafiero lo detectaron y tuvo un
problema.
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