Lease en modo pontencial
08-03-03
ARGENTINA EN LA ENCRUCIJADA: PARTICIPACION Y DESARROLLO O DESINTEGRACION NACIONAL
1) Análisis de la situación política argentina desde las elecciones de octubre
En las últimas elecciones casi 11 millones de argentinos se inclinaron por alguna de las variantes del voto castigo contra toda la clase política. Eso significó aproximadamente el 43 % del padrón electoral y representó más del doble de los votos obtenidos por el partido más votado. Esta realidad política impresionante fue simplemente ignorada por la partidocracia repudiada. Inclusive, los vencedores pírricos se dedicaron a festejar la cantidad de bancas que les tocaban, olvidándose que esas bancas no sólo no tenían el sustento de los votos sino que tenían mayoría de votos explícitamente en contra.
Ya antes de esto la sociedad civil venía gestando formas novedosas de rebelión contra el modelo de exclusión, como los piquetes y la presencia multitudinaria, pacífica pero amenazadora, en los supermercados para pedir alimentos. Pero los habitantes de la burbuja política de la democracia formal creyeron que con ciertas dosis combinadas de dádivas misérrimas, promesas falsas y represión, todo seguiría igual.
El modelo económico neoliberal, tras 25 años de ejecución, ha llegando a su máxima realización como proyecto de sociedad dual, esto es, ya no sólo la marginalidad de los antiguos trabajadores informales que habitaban las villas de emergencia desde hace décadas, la exclusión de los ex obreros industriales empujados al desempleo permanente, el hundimiento de los pequeños comerciantes fundidos por los supermercados extranjeros, la quiebra de los pequeños empresarios nacionales víctimas del modelo antiindustrial, el empobrecimiento irreversible de los empleados públicos de todos los sectores despedidos y subasalariados por la política de destrucción del Estado. El modelo que ya había empujado a 14 millones de argentinos hacia abajo de la línea de pobreza, se dispuso a dar el golpe de gracia contra los sectores medios que todavía estaban incluidos; dicho golpe consistió en consumar la estafa de los presuntos depósitos en dólares en un sistema bancario que no contaba con un presta! mista de última instancia en dólares. Ellos sabían que por cada casi 5 dólares de depósitos sólo había un dólar en billete que los respaldara y la Reserva Federal ya había dicho que no pensaba actuar como prestamista de última instancia si se producía una corrida cambiaria o bancaria.
Así, los dueños del sistema, avisados de la quiebra inminente del modelo, retiraron sus depósitos bancarios y se llevaron las divisas de respaldo al exterior bajo la protectora mirada de Cavallo y el Banco Central; de este modo dejaron a todos los demás depositantes con sus anotaciones bancarias en dólares pero sin billetes que las respaldaran. Así, de un solo golpe, los sectores medios altos, que tenían unos 40.000 millones de dólares en los bancos, fueron convertidos en pobres; es que esos dólares no existirán nunca más, porque no hay nadie en el mundo que esté dispuesto a prestarle a la Argentina 40.000 millones de dólares y mucho menos para que los ahorristas los retiren inmediatamente de los bancos.
Este golpe tuvo un efecto multiplicador sobre otros sectores sociales, ya que una gran variedad de sectores de menores recursos vivían de venderle servicios al contado a la clase media alta y, ante la falta de dinero efectivo de la misma, se cortó esta venta de servicios que les permitían subsistir, de modo que también los sectores más pobres se vieron afectados por el ³corralito².
De golpe, el viejo cuento de ³la plata dulce², la falacia de la Argentina del primer mundo rica en dólares, se derrumbó y mostró al desnudo la realidad que subyacía, que no era otra que una economía nacional empobrecida, con su aparato productivo destruido y sin dinero propio. La dualización social llegaba así a su colmo. Sólo la ínfima minoría privilegiada, con sus dólares en el exterior, seguiría dentro del sistema global. Todos los demás serían excluidos.
La reacción social puso en las calles a cuatro sectores bien definidos. En los saqueos a supermercados prima la presencia masiva de los que fueron excluidos del sistema durante los últimos 20 años. En el cacerolazo prima la presencia masiva de la clase media desesperanzada que se vio súbitamente despojada de todo su capital. En las batallas callejeras se vio no sólo al activismo político antisistema preexistente sino también a un nuevo activismo generado en la explosión social. Por último, apareció el sector marginado del sistema desde hace décadas, livianamente mencionado como ³los delincuentes²; se trata efectivamente de bandas estructuradas para el robo, pero ello no puede ignorar que sus integrantes no son mafiosos ricachones, sino que son marginados sociales que viven en villas de emergencia y que el delito es el único modo de subsistencia que han tenido desde hace décadas, que roban no sólo para ellos individualmente sino para alimentar a su sector social.
Poco importa el anecdotario de si en tal lugar o en tal otro hubo algún sector, de izquierda o de derecha, que provocó premeditadamente o alentó ciertos desmanes. El análisis político no puede ignorar que el fenómeno de la rebelión social, como conjunto, ha sido espontáneo.
¿Cómo puede producirse espontáneamente una rebelión masiva que necesariamente ha requerido dosis de organización? La explicación está en que el fenómeno no es nuevo en la sociedad argentina. Es el espíritu de la resistencia a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, organizando una lucha victoriosa no sólo sin armas sino también sin autoridades políticas; es el espíritu del Cabildo Abierto de 1810, donde el pueblo movilizado increpa a los seudorepresentantes golpeándoles las puertas del palacio. Y sin ir tan lejos, es el espíritu que imperó desde 1969 a 1972 en el Cordobazo, el Rosariazo, el Tucumanazo, el Mendozazo, el Rocazo, etc., cuando, si bien hubo estructuras que convocaron a marchas y huelgas que generaron después aquellos fenómenos, tales estructuras fueron absolutamente desbordadas por una rebelión social masiva y espontánea que fue generando sobre la marcha nuevos militantes, nuevos formas de organización y nuevos horizontes políticos para la República Argentina. !
Así pues, una vez más en la historia, naciendo casi desde la nada, la rebelión social ha tenido la capacidad de destituir al superministro Cavallo, al infrapresidente De la Rúa, al presidente interino Rodríguez Sáa, pese a la esperanza que había creado, cuando apareció con un gabinete representativo de lo más repudiado de la clase política, y ahora ya jaquea al presidente interino Duhalde.
Hasta el día de hoy, la clase política no se ha dado por enterada que en el fondo del problema está la falta de legitimidad de su poder. Los políticos son vistos hoy por la mayoría de la sociedad como vulgares usurpadores del poder. Todos ellos, a su turno, fingen que el problema es contra otros. Pero el reclamo es contra todos los que ocupan cargos de poder, contra los usurpadores de los tres poderes del Estado.
¿Cómo puede calificarse de ³usurpadores² a quienes llegaron a los cargos cumpliendo con la letra de la Constitución y las leyes? La respuesta es simple. Vivimos desde hace casi 200 años en una República ³representativa², es decir, en donde ³el pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes². En ese sistema, la única legitimidad necesaria es la del momento de la designación para el cargo. Pero el único soberano de la República es el Pueblo. Los miembros de los tres poderes del Estado son mandatarios, mientras que el pueblo es el mandante. Los mandatarios son simples apoderados. El mandante es el que da y quita el poder. El hecho histórico que estamos viviendo consiste en una reasunción plena de la soberanía por parte del Pueblo, lo que equivale a dejar de delegar el poder en los mandatarios representantes. Por voluntad explícita del soberano, estamos transitando desde una república representativa hacia una república participativa. La legitimidad de origen! de todos los que ocupan cargos en los tres poderes del Estado es ahora retirada por voluntad del único soberano. Si la clase política no se da por enterada de esta realidad explícita de la actual rebelión, será la única responsable de llevar los acontecimientos hacia un nivel de gravedad inusitado.
2) Los tres escenarios posibles para el desenlace
En vista de la experiencia reciente y de la muy escasa paciencia social, el tiempo inaugurado con la designación de Duhalde planteaba, desde el principio, tres posibles escenarios políticos para el desenlace.
En primer lugar, la posibilidad de que Duhalde fuera capaz de gobernar hasta el 2003 y se llegara así a un desenlace electoral normal. En caso contrario, se presentaría la posibilidad de que Duhalde fracasara y renunciara como los dos presidentes anteriores. Esta posibilidad abre la eventualidad de los otros dos escenarios.
Por un lado, la posibilidad designación de un nuevo presidente interino por parte de la Asamblea Legislativa con la exclusiva misión de convocar a elecciones generales en un tiempo muy breve, por ejemplo 30 días. Pero por otro lado se presenta la posibilidad de que la explosión social de ira contra la partidocracia, tras un tercer fracaso presidencial, implique que el pueblo movilizado sitie al Congreso y hasta intente invadirlo en plena sesión de la Asamblea Legislativa reclamando que se vayan todos ya; esto podría producir la simple disolución de la misma sin poder designar a nadie más, en un contexto en que es políticamente insensato que la Corte Suprema pretenda asumir el Poder Ejecutivo Nacional. Este es el eventual escenario del vacío de poder.
En la actualidad el gobierno camina por un desfiladero flanqueado por dos abismos. De un lado, el gobierno no puede cometer ni la más mínima falta de corrupción. Del otro lado, no puede cometer ni el más mínimo error acerca de quien debe ganar y quien debe perder con las nuevas políticas económicas. Es más que claro que los ³ganadores² de los últimos 25 años son quienes deben pagar ahora el costo de la salida de esta crisis. A cualquier gobierno puede llegar a perdonársele un error técnico. Pero no se perdonará que nadie se robe ni un solo peso y no se perdonará que se vuelva a ajustar a los que ya han perdido todo para beneficiar a los poderosos de siempre.
Dadas las circunstancias y los antecedentes de los actuales gobernantes, el escenario de que lleguemos a unas elecciones normales en el 2003 resulta en la actualidad muy poco probable. Ante cualquier falla del gobierno que implicara caerse en alguno de los dos abismos que lo rodean, se estaría abriendo el rumbo hacia las otras dos alternativas.
3) La encrucijada argentina
El gobierno de Duhalde es la última carta de esta clase política. Ya han desfilado por el poder la totalidad de sus matices partidarios y todos han sido repudiados en el voto castigo y en la movilización social. Cualquiera sea la variante por la que se desarrollaran los acontecimientos tras una eventual renuncia de Duhalde, ello entrañaría resolver una encrucijada: o bien se produce un cambio revolucionario del sistema político capaz de consensuar un nuevo contrato social que abra las puertas a un desarrollo socialmente justo, económicamente eficiente, políticamente pluralista y ecológicamente sostenible, o bien la Argentina se enfrenta al drama de su desintegración.
Desde hace años venimos hablando del riesgo de la desintegración social. Eso ya no es un riesgo; ya es una realidad. Ahora enfrentamos el riesgo de la desintegración territorial. La máxima expresión de la soberanía en una entidad geopolítica es, desde hace siglos, la moneda. No en vano las monedas metálicas han llevado acuñado el rostro del César, del señor feudal o del rey que las emitía. Si hoy podemos hablar de ³una² Europa, es porque tiene ³una² moneda. Pero Argentina tiene hoy aproximadamente 20 monedas. El propio Estado nacional tiene dos monedas de curso legal (pesos y Lecop), además de que autoriza la circulación legal del dólar. Cada provincia tiene su moneda y no es casual que circule la versión de que San Luis pretendería independizarse de la Argentina. Otros políticos también piensan que la solución de sus provincias es independizarse de la federación. Y huelga decir que hay numerosos intereses internacionales a los que les convendría un fraccionamiento de la Arg! entina.
En conclusión, nuestra sociedad debe tomar conciencia de que o logramos un proyecto socioeconómico y político que integre el país en un marco de desarrollo, en definitiva, que presente ante el mundo una Argentina creíble, o en la actual dinámica de la globalización es perfectamente posible presenciar la muerte de nuestra patria.
4) Las 3 líneas de enfrentamientos potenciales
Se ha hablado en los últimos tiempos de una posible ³guerra civil². En el contexto actual, ese sería un escenario propicio para la desintegración nacional. Ese escenario es completamente diferente a la revolución de casi la totalidad de la ciudadanía contra los usurpadores del poder político del Estado.
Si la clase política aceptara su fracaso y se retirara convocando a elecciones generales, en las que los candidatos no fueran ellos mismos, (o sea que habría que anular la actual legislación electoral para permitir que sean candidatos los miembros de la sociedad civil que no integran los partidos), entonces no habría ningún riesgo de guerra civil. El pueblo elegiría nuevos representantes para los tres poderes del Estado, seguramente se convocaría más tarde a una Asamblea Constituyente, y sería responsabilidad de los nuevos referentes políticos de la sociedad civil encontrar los caminos del desarrollo integralmente sustentable.
Pero si la clase política se emperra en aferrarse a un poder que ya no le pertenece, entonces genera los escenarios de violencia en donde pueden aparecer tres líneas de enfrentamientos que bien podrían encender la mecha de la desintegración nacional. Más aun, bien puede decirse que si la clase política decide defender por la fuerza sus privilegios ilegítimos, entonces desde el propio poder se incentivarán las provocaciones tendientes a generar una violencia que terminaría siendo un suicidio nacional.
Esas tres líneas de enfrentamientos potenciales son: en primer lugar, grupos políticos partidarios de los que todavía están en el poder contra grupos políticos de los que quieren reasumir la soberanía popular sobre el poder (como se insinuó durante la propia asunción de Duhalde); en segundo lugar, grupos sociales protestatarios entre sí, habida cuenta de la diversidad social existente, por ejemplo, entre los sectores de clase media alta golpeados por el ³corralito² y los sectores marginales acorralados por el hambre (como se temió en la noche que todo el mundo se armaba contra sus vecinos); en tercer lugar, está el enfrentamiento entre la movilización social y las fuerzas policiales.
En todos los casos, estas líneas de enfrentamientos son encuadrables en la guerra de pobres contra pobres. Es preciso, pues, una estrategia política que minimice los riesgos de estos enfrentamiento y ponga el eje en donde es necesario ponerlo, para poder resolver la encrucijada de la Nación Argentina en un sentido históricamente favorable.
5) Las Fuerzas Armadas
Durante décadas, hasta 1983, las Fuerzas Armadas fueron cooptadas por las minorías oligárquicas como el ³partido militar², que suplía la incapacidad política de esos sectores para gestar un partido político conservador electoralmente poderoso. Así, por muchísimo menos que lo que ocurre ahora, se producía un golpe de estado que imponía el orden del stablishment. Pero esos golpes de estado siempre estuvieron impulsados y dirigidos por el proyecto antiindustrialista. Tenían un proyecto a realizar, la ³utopía oligárquica², que consistía en un país sin obreros peronistas ni estudiantes izquierdistas. Ese modelo que impulsó el gorilismo desde 1955, tuvo un encuadre global en América Latina cuando se impuso desde Estados Unidos la Doctrina de la Seguridad Nacional en el contexto de la guerra fría. Pero, posteriormente, tuvo un encuadre más global aún dentro de lo que se ha definido como el modelo neoliberal de la globalización.
He aquí, que tras 25 años de aplicación, primero ³a sangre y fuego² y luego ³a promesa demagógica y corrupción², la utopía reaccionaria ya es una realidad. Ya no es un proyecto por el cual luchar. Ahora es la dramática desastrosa realidad social, económica, jurídica y política. Esta realidad despreciable de hoy ya no puede entusiasmar las ilusiones de nadie. Ya no hay como convencer a los oficiales de las Fuerzas Armadas Argentinas de que este proyecto neoliberal es lo mejor para la Patria. Ellos y sus familias también sufren en carne propia la realidad actual.
Hay dos aspectos básicos que definen a las fuerzas armadas de cualquier Estado. Por un lado, la función esencial de las fuerzas armadas de un Estado Nacional es la preservación de su integridad territorial defendiendo sus fronteras. Por otro lado, claro está que los miembros de esas fuerzas armadas son parte constitutiva de la sociedad y dichas instituciones son parte de un sistema social, económico y político que da razón de ser al Estado. En este sentido, dado que ellas son una parte estructural vital del Estado, deben estar necesariamente imbuidas del proyecto ideológico que ilumina el contrato social vigente en dicho Estado.
En la Argentina de hoy está deshecho el contrato social y está en gravísimo riesgo la integridad territorial de la Nación. Si la situación política derivara hacia un vacío de poder en el contexto del cuestionamiento social a los integrantes de los tres poderes del Estado Republicano Representativo, las Fuerzas Armadas serán formalmente un elemento de continuidad de dicho Estado. ¿Pero de qué contrato social? ¿Acaso tiene sentido un Estado en el cual no existe un contrato social y sus agentes sociales viven en guerra de todos contra todos? Si en dicho estado de cosas no hay nada defendible, lo único que daría lógica a una intervención militar en la vida política ocupando el poder sería la existencia de un proyecto político propio de nuevo contrato social.
Pero no parece muy factible un golpe de estado en la Argentina de hoy, a pesar de la gravísima situación por la que se atraviesa. Por un lado, no se avisora un típico golpe del stablishment porque el proyecto conservador ya no es una utopía que encienda fantasías sino que es una realidad catastrófica y despreciable. Por otro lado, aunque parece plausible que los hombres de vocación militar se sientan impelidos a hacer algo ante el riesgo de una eventual desintegración territorial del Estado nacional, no está claro cuál sería el contrato social que les daría contexto, como parte constitutiva del Estado. Dicho de otro modo, no se conoce que haya ningún sector militar capaz de liderar a las FFAA con un proyecto político propio para renegociar el contrato social.
Ahora bien, cualquiera sea la salida política de la actual situación, en la medida en que implique una redefinición del contrato social, una refundación de la república como también se suele decir, implicará una redefinición también de esta parte vital del Estado Nación que son las Fuerzas Armadas. Es en este sentido que se hace necesario una convergencia de proyecto entre la sociedad civil, que hoy reasume su soberanía para sentar las bases de un nuevo Estado, y la continuidad de esta parte vital del Estado anterior. En la medida en que las Fuerzas Armadas mantengan su conducta, ya explícita, de negarse a la orden burocrática inescrupulosa de reprimir a la población, impartida por una partidocracia arrinconada que se niega a dejar sus privilegios, estarán sentadas las condiciones básicas para esa convergencia. El resto exige canales de comunicación y diálogo entre la sociedad civil y los hombres de las fuerzas armadas. El proyecto capaz de aglutinar a los intereses y expe! ctativas de los diferentes sectores sociales movilizados es perfectamente compatible con unas Fuerzas Armadas garantes de la integridad territorial, que respetan la voluntad soberana y democrática de la sociedad civil y que se niegan a reprimir en defensa de privilegios indefendibles.
6) La asamblea multisectorial de la sociedad civil
Sea que el desenlace político se dirija hacia una salida electoral normal en el 2003 (lo que es, como ya se dijo, muy poco probable), sea que se dirija a unas elecciones generales de emergencia, sea que el desenlace deba resolver una vacío de poder absoluto, la situación actual se caracteriza por la inexistencia de fuerzas políticas constituidas que sean alternativa de poder a la actual partidocracia. Además la crisis de legitimidad alcanza también a la mayor parte de las superestructuras sindicales y empresariales, cuando menos en sus líneas de dirigentes de primer nivel.
En cualquier caso, para que exista una solución política definitiva resulta imprescindible la constitución organizada de un poder alternativo socialmente legítimo, que enarbole públicamente el discurso de un proyecto de gobierno capaz de afrontar la situación de emergencia y de poner en marcha una dinámica de desarrollo con justicia y dignidad, construyendo la nueva institucionalidad de una democracia participativa y avanzando decididamente en la integración económica y monetaria de Sudamérica.
La sociedad argentina ha ido construyendo durante los últimos años diversas expresiones representativas de sus diversos sectores contestatarios, así como está generando ahora las asambleas barriales, incluyendo los barrios de la clase media que tenía un buen vivir. Por otra parte, puede decirse que casi en la totalidad de las organizaciones políticas o gremiales existen personas de segundas y terceras líneas, encargadas directas de la organización de base, cuyos comportamientos y expectativas están mucho más cerca de la rebelión social que de sus autoridades institucionales.
La actual dinámica de la situación, movida por la yuxtaposición de las lógicas social, económico-financiera y política, exige una respuesta urgente. Máxime si se tiene presente la alta probabilidad de los escenarios más caóticos. Así pues, el único modo urgente de constituir una alternativa organizada, es nuclear, en torno a un proyecto programático común, a la diversidad de sectores ya organizados o en proceso de organización que comparten el rechazo al régimen partidocrático y a su modelo socioeconómico de exclusión.
Para que esto sea posible hace falta respetar algunos ejes elementales.
Por una parte, la única identidad política posible para una alternativa social abarcadora, en esta hora, es la argentinidad. Así lo ha dejado muy explícito la gente en las calles.
Por otro lado en razón de lo anterior, no cabe ningún sectarismo. El único límite de admisión tiene que estar dado por la no pertenencia al sistema corrupto y excluyente que se cuestiona.
Por último, la única estructura organizativa posible es una estructura en red. No tiene ni sentido ni viabilidad ninguna estructura de tipo piramidal vertical. Es necesaria y posible, en cambio, una organización sistémica, con la típica estructura de telaraña.
La base de este movimiento de la sociedad civil argentina son las más variadas organizaciones barriales, sean las nuevas asambleas o sean antiguas estructuras vecinales, los nucleamientos sindicales ajenos a la burocracia corrupta, los nucleamientos políticos ajenos a la partidocracia, las asociaciones defensoras de los derechos humanos, organizaciones empresariales diversas, asociaciones culturales y universitarias, agrupamientos religiosos de laicos, organizaciones de consumidores, organizaciones de jubilados, nucleamientos de desocupados, etc., etc.
Creemos que la condición necesaria y suficiente para concretar este desafío en las circunstancias actuales es un acuerdo programático básico sobre la distribución de la renta nacional y sobre la clara definición por una rápida integración económica y monetaria de toda Sudamérica. Este es, entonces, el desafío de la hora.
Febrero de 2002
Movimiento Montonero para el Desarrollo con Justicia y Dignidad
http://membres.lycos.fr/montoneros/modules.php?op=modload&name=News&file=index
