Entrevista
a Josu en Gara
«Nos
persiguen por no renegar de lo que somos: refugiados e independentistas»

Josu
Lariz, ciudadano vasco expulsado por el Gobierno uruguayo a Argentina
y actualmente preso en una cárcel de ese país, afirma
que el Ejecutivo español mantiene «una ofensiva de persecución
y ensañamiento» contra el colectivo de represaliados «por
no renegar nunca de lo que somos: refugiados políticos e independentistas
vascos».
El
vecino de Antzuola Josu Lariz se encuentra encarcelado en la Sección
de Seguridad Antiterrorista y Delitos Complejos de la Policía
Federal de Buenos Aires desde el pasado 22 de noviembre. Allí
aguarda a que la jueza María Sevini de Cubría se pronuncie
sobre la nueva petición de extradición formulada por el
magistrado de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón.
En la entrevista concedida a GARA, agradeció la solidaridad mostrada
por el pueblo uruguayo, «que no ha creído las mentiras
del Gobierno español», y pidió al Ejecutivo argentino
que «no caiga en las trampas» de José María
Aznar, que «se siente dueño de estos países»,
y le otorgue asilo político.
-¿Cómo
fue el procedimiento de expulsión?
-Antes
de explicar el procedimiento de expulsión, creo que hay que aclarar
el porqué del mismo, pues en todo esto hay un antes y un después.
A las seis y media de la madrugada del 12 de noviembre de 2001, fui
detenido en mi domicilio. A esa hora, cuando mi mujer salía a
trabajar, siete efectivos policiales entraron en casa, mientras que
otros doce aguardaban en las escaleras. Ese mismo día también
fueron detenidos otros refugiados políticos y, en el aeropuerto
de Carrasco, los miembros de Udalbiltza Loren Arkotxa y Xarlo Etxezaharreta.
No hay que olvidar que un mes antes se habían producido en Estados
Unidos los atentados a las Torres Gemelas, y esto también fue
una buena excusa para estas detenciones. Del registro de mi casa se
llevaron libros de cocina y presupuestos correspondientes al hospital
donde trabaja mi esposa. Quiero dejar claro que en la vivienda no estaban
esos cuatro disquetes por los cuales luego fui juzgado y en los que,
supuestamente, aparecía información sobre la colocación
de bombas, escarmientos a policías de Uruguay e, incluso, un
plan para que viniera un comando del exterior a secuestrar a un político
uruguayo. Cuando en el juzgado me preguntaron al respecto, le contesté
al fiscal que todo era una gran mentira, en la que estaban interviniendo
los Servicios de Inteligencia del Estado español para desprestigiar
a los refugiados vascos que estábamos en Uruguay, y de paso acusarme
de «asistencia a la asociación para delinquir», para
así poder expulsarme.
-¿Es
entonces cuando le encarcelan en una prisión uruguaya?
-Sí,
fui enviado a la cárcel Libertad, una de las más duras
de Uruguay. El 20 de diciembre recupero mi libertad, pero el juicio
continuaba. No conforme con todo esto, el Estado español, por
medio de Baltasar Garzón, formula una petición de extradición
a Uruguay, por lo que el 31 de julio de 2002 soy nuevamente detenido
y enviado a la cárcel central de Montevideo, donde permanecí
hasta el 22 de noviembre. A las 12.30 de ese día me trasladaron
al juzgado de vigésimo turno. Allí me informaron del fallo
de la jueza Vera Barreto, quien había rechazado la extradición.
Era la segunda solicitud rechazada por la Justicia uruguaya, primero
en 1992 y ahora en 2002.
-¿Quedó,
pues, en libertad?
-No
pasó ni un minuto desde que firmara mi libertad cuando los policías
me volvieron a poner las esposas. Mi abogado me explicó que aún
tenía una causa pendiente en otro juzgado, por lo que nos veríamos
allí. Sin embargo, fui llevado nuevamente a la cárcel.
Allí me subieron a otra furgoneta policial, en la que esperaban
dos funcionarios de Interpol, y me condujeron al aeropuerto, donde me
encontré con una orden de expulsión y un pasaporte español
hecho a mi nombre, con validez por siete días y datos falsos.
Les dije a los policías que no firmaría nada hasta que
no llegara mi abogado, quien se encontraba esperándome en el
juzgado al que supuestamente debía ir. No obstante, fui subido
a un avión con destino a Buenos Aires, siempre custodiado por
policías uruguayos. Al llegar me trasladaron hasta esta Unidad
de Seguridad Antiterrorista y Delitos Complejos, donde aún me
encuentro detenido. En Montevideo, cuando mi defensor preguntó
por mí en el juzgado, le respondieron que no me esperaban y que
no existía ninguna causa a mi nombre, por lo que él y
mi esposa presentaron una denuncia de desaparición. Esto quiere
decir que la jueza uruguaya Ana Lima nunca informó de la expulsión
ni a mi abogado ni al fiscal que intervenía en el caso.
-¿Por
qué cree que el Gobierno uruguayo actuó de ese modo?
-En
esta ilegalidad que se ha cometido no metería a todos en el mismo
saco, pues creo que se pueden determinar con precisión las responsabilidades.
En primer lugar, hay una orden y un mandato que provienen del Estado
español; luego intervienen la jueza Ana Lima, el ministro de
Interior, Guillermo Stirling, y el presidente, Jorge Batlle. La magistrada
Ana Lima cerró mi caso sin dar tiempo a nada, condenándome
por «asistencia a la asociación para delinquir».
Creo que esta fue una decisión exclusiva y personal de la jueza,
obedeciendo a los intereses del Estado español. ¿Qué
hacía esta jueza en Madrid, tras condenarme en primera instancia?
El ministro de Interior, por medio del viceministro, colaboró
con los agentes del Servicio de Inteligencia español en la elaboración
de un pasaporte falso para posibilitar mi expulsión, que acaba
con la firma del presidente Jorge Batlle. Tras conocer estos hechos,
ha habido diputados y senadores de todos los partidos políticos
uruguayos que han condenado la ilegalidad de la expulsión. Deseo
enviar un saludo fraternal al pueblo uruguayo, que una vez más
no ha caído en la trampa ni ha creído las mentiras del
Estado español, que sigue considerándose dueño
y señor de estos países. El mismo día de su expulsión,
el Gobierno mexicano extraditó al ciudadano vasco José
Antonio Borde Gaztelumendi.
-¿Considera
que hay una ofensiva del Gobierno español contra los refugiados
políticos?
-Hay
una ofensiva de persecución y ensañamiento. En menos de
tres meses hubo tres expulsiones de tres países distintos: México,
Venezuela y Uruguay. El Estado español, aparte de no dar tregua
a los refugiados políticos vascos, se siente dueño de
algunos países, actuando con prepotencia imperialista y a golpe
de talonario. Los medios de comunicación en Uruguay ya han titulado:
«Cambian a refugiado vasco por cuarenta millones de dólares
y cinco años de venta de carne a la Unión Europea».
En 1992, en Uruguay también se produjeron tres extradiciones
de ciudadanos vascos al Estado español, que a cambio entregó
cerca de 500 patrulleros y préstamos blandos a pagar en treinta
años. Encima de todo esto, tienen la alevosía de intervenir
en Uruguay, preparar un pasaporte español falso y entregarlo
al Ministerio de Interior, para así poder expulsarme.
-¿Considera
que el objetivo buscado era la expulsión?
-Sigo
pensando que la idea del Gobierno español no era que permaneciera
detenido en Argentina, sino que fuera trasladado directamente a Madrid.
Tampoco hay que olvidar que en Uruguay quedan seis refugiados vascos,
quienes están en una situación de alta incertidumbre,
ya que algunos tienen caducados los documentos y otros denegada la residencia.
Quiero resaltar que el pueblo uruguayo siempre ha demostrado madurez
en la solidaridad con los refugiados vascos y de ahí el ensañamiento
del Estado español con nosotros. Lo único que hemos hecho
es trabajar para mantener a nuestras familias y no renegar nunca de
lo que somos: refugiados políticos e independentistas vascos.
-¿Cree
que mediante la sanción impuesta a la jueza Ana Lima, quien tras
ser descendida de cargo decidió renunciar, se repara, al menos
en parte, el daño causado?
-Ella
es la gran culpable de lo ocurrido. Los cimientos del poder judicial
independiente han quedado dañados por la actuación de
esta magistrada. Esto no quiere decir que el daño no se pueda
reparar. Creo que los pasos que está dando la jueza Gabriela
Merialdo, quien acaba de dictar una sentencia ordenando al poder ejecutivo
que me devuelva a Uruguay, son positivos. Además, conmigo tampoco
hay mucho para reparar: solamente quiero volver a Uruguay para trabajar
y vivir con mi familia.
-¿Qué
espera del Gobierno argentino?
-Que
sea neutral y no caiga en la trampa en la que ha caído el presidente
uruguayo, permitiendo la intromisión del Estado español
en Uruguay. Además, espero y deseo que se me conceda asilo político.
-¿Puede
relatarnos cómo era su vida en Uruguay?
-Llevaba
casi quince años en ese país, que ha sido muy respetuoso
y solidario. Estoy casado con una uruguaya y, desde que llegué,
me sentí como en Euskal Herria. Si bien la nostalgia hacia mi
tierra se mantiene ahí, todo depende de la comunicación
que se tenga con el país donde uno vive, y la verdad es que mis
compañeros refugiados y yo hemos hecho grandes amistades, muchas
creadas a través del ambiente de la cocina vasca, que es por
lo que somos muy conocidos. Hace años que tomo mate, infusión
de hierbas, una
costumbre muy típica en Uruguay, e incluso algunos me llaman
«el vasco matero». Asimismo, me he antenido en contacto
con la diáspora vasca en Uruguay para hablar euskara, jugar al
mus... Igualmente, siempre deseo tener noticias y visitantes de Euskal
Herria para saber cómo se encuentran mis familiares y mis amigos,
puesto que llevo ya casi veinte años separado de mi tierra.
Danilo
Albin /GARA