18-08-00

 

 

Texto Extraído del Foro de opinión de SEPRIN, Informes de la Columna de Maguire (alias)  ex agentes de la SIDE ( Secretaria de Inteligencia del Estado )

 

 

LAS ORGANIZACIONES DE EXTREMA IZQUIERDA BUSCAN LA LEGALIZACION DE LA DROGA.
LAS FARC. Tenemos la impresión que en el Norte Argentino ocurrirá lo mismo
Y el “Perro” Santillán, quedaría a cargo de las plantaciones tanto de Argentina, Bolivia y Paraguay, serán por esos motivos los contactos que vienen manteniendo “instructores” de las FARC, con su gente??. Bueno, ahora podremos volver a la vieja fórmula de la COCA-COLA.



LEGALIZAR EL CONSUMO DE LA DROGA
única alternativa seria para eliminar el narcotráfico

Con el desarrollo a ultranza del capitalismo en su etapa imperialista, que en esta fase de la globalización hunde en la miseria a la mayoría de la población mundial, muchos pueblos de importante economía agraria, optan por los Cultivos de coca, amapola y marihuana como única alternativa de sobrevivencia.
Las ganancias de estos campesinos son mínimas. Quienes verdaderamente se enriquecen son los intermediarios que transforman estos productos en
substancias sicotrópicas y quienes los llevan y realizan en los mercados de los países desarrollados, en primer lugar el de Estados Unidos de Norteamérica. Las autoridades encargadas de combatir este proceso son fácil presa de la corrupción, pues su ética sucumbe ante cualquier soborno
mayor de 50 dólares.
Gobiernos, empresarios, deportistas, artistas, ganaderos y terratenientes, militares, políticos de todos los pelambres y banqueros se dan licencias morales para aceptar dineros de este negocio que genera grandes sumas de dólares provenientes de los drogadictos de los países desarrollados.
El capitalismo ha enfermado la moral del mundo haciendo crecer permanentemente la demanda de estupefacientes, al mismo tiempo que las potencias imperiales ilegalizan ese comercio dada su incapacidad para producir la materia prima. El ejemplo del mercado de la marihuana en los
Estados Unidos es plena evidencia.
Por ser tan grande la demanda en sus propios territorios como voluminosa la cantidad de dólares que por este concepto salen del marco de sus fronteras, erigen el eslabón de producción en su enemigo estratégico, en
grave amenaza para su seguridad nacional. Olvidan sus propios postulados del libre mercado: la oferta en función de la demanda, descargando su soberbia contra los campesinos que trabajan simplemente por sobrevivir
pues están condenados por el neoliberalismo a la miseria del
subdesarrollo.
El narcotráfico es un fenómeno del capitalismo globalizado y de los gringos en primer lugar. No es el problema de las FARC. Nosotros rechazamos el narcotráfico. Pero como el gobierno norteamericano pretexta
su criminal acción contra el pueblo colombiano en la existencia del narcotráfico lo exhortamos a legalizar el consumo de narcóticos. Así se suprimen de raíz las altas rentas producidas por la ilegalidad del este comercio, así se controla el consumo, se atienden clínicamente a los

farmacodepedientes y liquidan definitivamente este cáncer. A grandes enfermedades grandes remedios.
Mientras tanto, deben aportar fondos suficientes a la curación de sus enfermos, a campañas educativas que alejen a la humanidad del consumo de estos fármacos y a financiar en nuestros países la sustitución de los cultivos por productos alimenticios que contribuyan al crecimiento sano de la juventud del mundo y al mejoramiento de sus calidades morales.
Pero que no sigan financiando la guerra a través de políticas como EL PLAN COLOMBIA, criminal estrategia que le riega más gasolina a nuestro conflicto interno. Que no sigan experimentando con la vida de nuestros compatriotas regando gusanos que matan toda la vegetación y en muchas
ocasiones a las gentes. Que no continúen fumigando porque están matando la naturaleza. Que no continúen alterando nuestro precario equilibrio ecológico. Que no coloquen a los campesinos colombianos de carne de cañón
de sus sucios propósitos, porque los gringos están acostumbrados a hacer la guerra bien lejos de sus fronteras con cualquier pretexto y a hacer experimentos criminales con los pobladores de nuestros subdesarrollados países.
Si de verdad quieren liquidar el fenómeno del narcotráfico, deben ser serios. No utilizar la desgracia de nuestro atraso como elemento electorero en la lucha de demócratas y republicanos en los EE.UU. Y menos, como vergonzoso pretexto para justificar intromisiones en asuntos internos de nuestros países.
Los gobernantes de la potencia imperial del norte, deben dejar su doble moral, su hipocresía y su ambición y hacerle una real contribución a la humanidad. No deben olvidar que el antiguo imperio romano pereció por su arrogancia e inmoralidad.
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo PLENO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL
"Con Bolívar, por la paz y la soberanía Nacional"

Montañas de Colombia, Marzo del año 2000

 

Pieza 4:
Mundialización financiera y globalización de la corrupción y el crimen.
La figura 4 se construye dibujando un rectángulo.
Los medios masivos de comunicación nos regalan una imagen de los dirigentes de
la delincuencia mundial: hombres y mujeres vulgares, vestidos estrafalariamente,
viviendo en mansiones ridículas o tras los barrotes de una cárcel. Pero esa
imagen oculta más de lo que muestra: ni los verdaderos jefes de las mafias
modernas, ni su organización, ni sus influencias reales en los terrenos
económicos y políticos son divulgados públicamente.
Su usted piensa que el mundo de la delincuencia es sinónimo de ultratumba y
oscuridad, está equivocado. Durante el período de la llamada "Guerra Fría", el
crimen organizado fue adquiriendo una imagen más respetable y no sólo empezó a
funcionar como cualquier empresa moderna, también fue penetrando profundamente
en los sistemas políticos y económicos de los Estados nacionales. Con el inicio
de la IV Guerra Mundial, la implantación del "nuevo orden mundial", y su
consiguiente apertura de mercados, privatizaciones, la desregulación del
comercio y las finanzas internacionales, el crimen organizado "globalizó" sus
actividades.
"Según la ONU, los ingresos mundiales anuales de las organizaciones criminales
transnacionales (OCT) son del orden de 1000 miles de millones de dólares, un
monto equivalente al PNB combinado de países de ingreso débil (según la
categorización de la banca mundial) y de sus 3 mil millones de habitantes. Esta
estimación toma en cuenta tanto el producto del tráfico de droga, las ventas
ilícitas de armas, el contrabando de materiales nucleares, etc., y las ganancias
de las actividades controladas por las mafias (prostitución, juego, mercado
negro de divisas...).
En cambio, no mide la importancia de las inversiones continuamente realizadas
por las organizaciones criminales dentro de la esfera de control de negocios
legítimos, ni tampoco la dominación que ellas ejercen sobre los medios de
producción dentro de numerosos sectores de la economía legal" (Michel
Chossudovsky, "La Corruption mondialisée" en "Géopolitique du Chaos". Op. Cit.).

Las organizaciones criminales de los 5 continentes han hecho suyo el "espíritu
de cooperación mundial" y, asociadas, participan en la conquista y
reordenamiento de los nuevos mercados. Pero no sólo en actividades criminales,
también participan en negocios legales. El crimen organizado invierte en
negocios legítimos no sólo para "blanquear" el dinero sucio, también para
hacerse de capital para sus actividades ilegales. Las empresas preferidas para
esto son las inmobiliarias de lujo, la industria del ocio, los medios de
comunicación, la industria, la agricultura, los servicios públicos y... ¡la
banca!
¿Alí Babá y los 40 banqueros? No, algo peor. El dinero sucio del crimen
organizado es utilizado por los bancos comerciales para sus actividades:
préstamos, inversiones en los mercados financieros, compra de bonos de deuda
externa, compra y venta de oro y divisas. "En muchos países, las organizaciones
criminales se han convertido en los acreedores del Estados y ejercen, por su
acción sobre los mercados, una influencia sobre la política macroeconómica de
los gobiernos. Sobre las bolsas de valores, ellas invierten igualmente en los
mercados especulativos de productos derivados y de materias primas" (M.
Chossudovsky, Op. Cit.).
Por si fuera poco, el crimen organizado cuenta con los llamados paraísos
fiscales. En todo el mundo hay, cuando menos, 55 paraísos fiscales (uno de
ellos, en las Islas Caimán, tiene el quinto lugar mundial como centro bancario y
tiene más bancos y sociedades registradas que habitantes). Las Bahamas, las
islas Vírgenes británicas, las Bermudas, San Martin, Vanuatu, las islas Cook, la
isla Mauricio, Luxemburgo, Suiza, las islas Anglo-Normandas, Dublín, Mónaco,
Gibraltar, Malta, son buenos lugares para que el crimen organizado se relacione
con las grandes firmas financieras del mundo.
Además de "blanqueo" de dinero sucio, los paraísos fiscales son usados para
evadir impuestos, de aquí que sean un punto de contacto entre gobernantes,
empresarios y capos del crimen organizado. La alta tecnología, aplicada a las
finanzas, permite la circulación rápida del dinero y la desaparición de
ganancias ilegales. "Los negocios legales e ilegales están cada vez más
imbricados, introducen un cambio fundamental en las estructuras del capitalismo
de la posguerra. Las mafias invierten en negocios legales e, inversamente, ellas
canalizan recursos financieros hacia la economía criminal, a través del control
de bancos o de empresas comerciales implicadas en el blanqueo de dinero sucio o
que tiene relaciones con las organizaciones criminales. Los bancos pretenden que
las transacciones son efectuadas de buena fe y que sus dirigentes ignoran el
origen de los fondos depositados. La consigna de no preguntar nada, el secreto
bancario y el anonimato de las transacciones, todo está garantizando los
intereses del crimen organizado, protegen a la institución bancaria de
investigaciones públicas y de inculpaciones. No solamente los grandes bancos
aceptan blanquear dinero, en vista de sus pesadas comisiones, sino que también
concesionan créditos a tasas de interés elevadas a las mafias, en detrimento de
las inversiones productivas industriales o agrícolas" (M. Chossudovsky, Op.
Cit.).
La crisis de la deuda mundial, en los 80´s, provocó que el precio de las
materias primas se fuera para abajo. Esto hizo que los países subdesarrollados
vieran reducidos drásticamente sus ingresos. Las medidas económicas dictadas por
el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, supuestamente para
"recuperar" la economía de estos países, sólo agudizaron las crisis de los
negocios legales. En consecuencia, la economía ilegal se ha desarrollado para
llenar el vacío dejado por la caída de los mercados nacionales.
De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, "la intrusión de los
sindicatos del crimen a sido facilitada por los programas de ajuste estructural
que los países endeudados han sido obligados a aceptar para tener acceso a los
préstamos del Fondo Monetario Internacional" (United Nations.
"La Globalization
du crime" New York, 1995).
Así que aquí tiene usted el espejo rectangular donde legalidad e
ilegalidad intercambian reflejos.
¿De qué lado del espejo está el criminal?
¿De cuál el que lo persigue?



Pieza 5:
¿La legítima violencia de un poder ilegítimo?
La figura 5 se construye dibujando un pentágono.
El Estado, en el neoliberalismo, tiende a contraerse al "mínimo indispensable".
El llamado "Estado Benefactor" no sólo se convierte en obsoleto, se desprende de
todo lo que lo constituía en tal y se queda desnudo.
En el cabaret de la globalización, tenemos el "show" del Estado sobre una "table
dance" que se despoja de todo hasta quedar con su prenda mínima indispensable:
la fuerza represiva. Destruida su base material, anuladas sus posibilidades de
soberanía e independencia, desdibujadas sus clases políticas, los Estados
Nacionales se convierten, más o menos rápido, en un mero aparato de "seguridad"
de las megaempresas que el neoliberalismo va erigiendo en el desarrollo de esta
IV Guerra Mundial.
En lugar de que la inversión pública la orienten al gasto social, los Estados
Nacionales prefieren mejorar su equipo, armamento y preparación para cumplir con
eficacia la labor que la política dejó de cumplir hace años: el control de la
sociedad.
Los "profesionales de la violencia legítima" se llaman a sí mismos los aparatos
represivos de los Estados Modernos. Pero, ¿qué hacer si la violencia está ya
bajo las leyes del mercado? ¿Dónde está la violencia legítima y dónde la
ilegítima? ¿Qué monopolio de la violencia pueden pretender los maltrechos
Estados nacionales si el libre juego de la oferta y la demanda desafía ese
monopolio? ¿No demostró la pieza 4 que el crimen organizado, los gobiernos y los
centros financieros están más que bien relacionados? ¿No es palpable que el
crimen organizado cuenta con verdaderos ejércitos sin más frontera que el poder
de fuego del rival? Así que el "monopolio de la violencia" no pertenece ya a los
Estados Nacionales. El mercado moderno lo puso a venta...
Viene a cuento esto porque, debajo de la polémica entre violencia legítima e
ilegítima, también está la disputa (falsa, pienso) entre violencia "racional" e
"irracional".
Cierto sector de la intelectualidad mundial (insisto en que su quehacer es más
complejo que el simple ser "de derecha o de izquierda", "progubernamental o de
oposición", "etcétera bueno o etcétera malo") pretende que la violencia se puede
ejercer de modo "racional", administrar de forma selectiva, (hay quien, incluso,
adelanta algo así como la "mercadotecnia de la violencia"), y aplicar con
habilidad "de cirujano" en contra de los males de la sociedad. Algo así inspiró
la pasada etapa armamentista en la Unión Americana: armas "quirúrgicas",
precisas, y operaciones militares como bisturí del "nuevo orden mundial". Así
nacieron las "smart bombs" (que, según me platicó un reportero que cubrió
"Desert Storm", no son tan "inteligentes" y batallan para distinguir entre un
hospital y un depósito de misiles, en la duda, las "smart bombs" no se
abstienen, destruyen). En fin, el Golfo Pérsico, como decían los compañeros de
los pueblos zapatistas, está más allá de la capital estatal de Chiapas (aunque
la situación de los kurdos tenga semejanzas espeluznantes con los indígenas de
un país que se precia de ser "democrático" y "libre"), así que no insistamos en
"aquella" guerra cuando tenemos la "nuestra".
Bien, la pugna entre violencia "racional" e "irracional" abre una vía de
discusión interesante y, lamentablemente, no es inútil en los tiempos actuales.
Podíamos tomar, por ejemplo, qué se entiende por "racional". Si se responde que
es la "razón del Estado" (suponiendo que eso existiera y, sobre todo, que se le
pudiera reconocer alguna razón al actual Estado neoliberal), entonces cabe
preguntarse si esa "razón de Estado" se corresponde a la "razón de la sociedad"
(siempre suponiendo que la sociedad de hoy retiene algo de racionalidad) y, más
todavía, si la violencia "racional" del Estado es "racional" también a la
sociedad. Aquí no hay mucho que discurrir (como no sea ociosamente), la "razón
de Estado" en la modernidad no es otra que "la razón de los mercados
financieros".
Pero, ¿cómo administra su "violencia racional" el Estado moderno? Y, ojo a la
historia, ¿cuánto tiempo dura esa "racionalidad"? ¿El tiempo que va desde una a
otra elección o golpe de Estado (según el caso)? ¿Cuántas violencias de Estado,
que fueron aplaudidas como "racionales" en su tiempo, son ahora "irracionales"?
Lady Margaret Thatcher, de "grata" memoria para el pueblo británico, se tomó la
molestia de prologar el libro "The Next War", de Caspar Weinberg and Peter
Schweizer.
(Regnery Publisihng, Inc. Washington, D.C. 1996).
En este texto, la señora Thatcher, adelanta algunas reflexiones sobre las 3
similitudes entre el mundo de la Guerra Fría y el de la Pos Guerra Fría: La
primera de ellas es que el "mundo libre" nunca carecerá de agresores
potenciales. La segunda es la necesidad de una superioridad militar de los
"Estados democráticos" sobre los posibles agresores. La tercera similitud es que
tal superioridad militar debe ser, sobre todo, tecnológica.
Para terminar su prólogo, la llamada "dama de hierro" define la "racionalidad
violenta" de los Estados modernos al señalar: "Una guerra puede ocurrir de
muchas maneras diferentes. Pero la peor usualmente pasa porque un poder cree que
puede alcanzar sus objetivos sin una guerra o al menos con una guerra limitada
que puede ser ganada rápidamente - y, en consecuencia, fallan los cálculos".
Para los señores Weinberg y Schweizer los escenarios de las "Guerras Futuras"
son: Corea del Norte y China (abril 6 de 1998), Irán (abril 4 de 1999), México
(marzo 7 del 2003), Rusia (febrero 7 del 2006), y el Japón (agosto 19 de 2007).
No hay, pues, duda de quiénes serían los posibles agresores: asiáticos, árabes,
latinos y europeos. ¡Casi la totalidad del mundo es considerado "posible
agresor" de la "democracia" moderna!
Lógico (cuando menos en la lógica liberal): en la modernidad, el poder (es
decir, el poder financiero) sabe que sólo puede "alcanzar sus objetivos" con una
guerra, y no con una "guerra limitada que puede ser ganada rápidamente", sino
con una guerra totalmente total, mundial en todos los sentidos. Y, si le creemos
a la nueva secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright,
cuando dice: "Uno de los objetivos prioritarios de nuestro gobierno es el de
asegurar que los intereses económicos de los Estados Unidos puedan extenderse a
escala planetaria" ("The Wall Street Journal". 21/I/1997), entonces debemos
entender que todo el mundo (y quiero decir "todo todo") es el teatro de
operaciones de esta guerra.
Es de entender, entonces, que si la disputa por el "monopolio de la violencia"
no se da de acuerdo a las leyes del mercado, sino que es desafiado desde abajo,
el poder mundial "descubra" en ese reto a un "posible agresor". Este es uno de
los desafíos (de los menos estudiados y más "condenados", entre los muchos que
representa) lanzado por los indígenas en armas y en rebeldía del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en contra del neoliberalismo y por la
humanidad...
Éste es el símbolo del Poder militar norteamericano, el pentágono. La
nueva "policía mundial" pretende que los ejército y policías "nacionales"
sólo sean el "cuerpo de seguridad" que garantice el "orden y el progreso"
en las megápolis neoliberales.



Pieza 6:
La Megapolítica y los enanos.
La figura 6 se construye dibujando un garabato.
Antes dijimos que los Estados Nacionales son atacados por los centros
financieros y "obligados" a disolverse dentro de las megápolis. Pero el
neoliberalismo no sólo opera su guerra "uniendo" naciones y regiones. Su
estrategia de DESTRUCCIÓN / DESPOBLAMIENTO y RECONSTRUCCIÓN / REORDENAMIENTO
produce una o varias fracturas en los Estados Nacionales.
Esta es la paradoja de la IV Guerra Mundial: hecha para eliminar fronteras y
"unir" naciones, lo que va dejando tras de sí es una multiplicación de las
fronteras y una pulverización de las naciones que perecen en sus garras. Más
allá de los pretextos, ideologías o banderas, la actual dinámica MUNDIAL de
quiebre de la unidad de los Estados Nacionales responde a una política,
igualmente mundial, que sabe que puede ejercer mejor su poder, y crear las
condiciones óptimas para su reproducción, sobre las ruinas de los Estados
Nacionales.
Si alguien tuviera alguna duda sobre este caracterizar al proceso de
globalización como una guerra mundial, debería desecharla al hacer cuentas de
los conflictos que provocaron y han sido provocados por los colapsos de algunos
Estados Nacionales. Checoslovaquia, Yugoslavia, la URSS, son muestras de la
profundidad de estas crisis que dejan hechos añicos no sólo los fundamentos
políticos y económicos de los Estados Nacionales, también las estructuras
sociales. Slovenia, Croacia y Bosnia, además de la presente guerra dentro de la
federación Rusa con Chechenia de escenario, no marcan sólo el destino de la
trágica caída del campo socialista en los fatídicos brazos del "mundo libre", en
todo el mundo este proceso de fragmentación nacional se repite en escala e
intensidad variables. Hay tendencias separatistas en el Estado Español (País
Vasco, Cataluña y Galicia), en Italia (Padua), en Bélgica (Flandes), en Francia
(Córcega), en el Reino Unido (Escocia y el País de Gales), y en Canadá (Québec).
Y hay más ejemplos en el resto del mundo.
Ya nos referimos al proceso de construcción de las megápolis, ahora hablamos de
la fragmentación de países. Ambos procesos se dan sobre la destrucción de los
Estados Nacionales. ¿Se trata de dos procesos paralelos, independientes? ¿Dos
facetas del proceso de globalización? ¿Son síntomas de una megacrisis aún por
estallar? ¿Meros hechos aislados?
Pensamos que se trata de una contradicción inherente al proceso de
globalización, una de las esencias del modelo neoliberal. La eliminación de
fronteras comerciales, la universalidad de las telecomunicaciones, las
superautopistas de la informática, la omnipresencia de los centros financieros,
los acuerdos internacionales de unidad económica, en fin, el proceso de
globalización en su conjunto produce, al liquidar los Estados Nacionales, una
pulverización de los mercados internos. Éstos no desaparecen o se diluyen en los
mercados internacionales, sino que consolidan su fragmentación y se multiplican.

Sonará contradictorio, pero la globalización produce un mundo fragmentado, lleno
de pedazos aislados unos de otros (y no pocas veces enfrentados entre sí). Un
mundo lleno de compartimentos estancos, comunicados apenas por frágiles puentes
económicos (en todo caso tan constantes como la veleta de viento que es el
capital financiero). Un mundo de espejos rotos reflejando la inútil unidad
mundial del rompecabezas neoliberal.
Pero el neoliberalismo no sólo fragmenta el mundo que supone unir, también
produce el centro político-económico que dirige esta guerra. Y si, como
señalamos antes, los centros financieros imponen su ley (la del mercado) a
naciones y a grupos de naciones, entonces deberíamos redefinir los límites y
alcances de la política, es decir, del quehacer político. Conviene entonces
hablar de la megapolítica, en ésta sería donde se decidiría el "orden mundial".
Y cuando decimos "megapolítica" no nos referimos al número de quienes en ella se
mueven. Son pocos, muy pocos, los que se encuentran en esta "megaesfera". La
megapolítica globaliza las políticas nacionales, es decir, las sujeta a una
dirección que tiene intereses mundiales (que por lo regular son contradictorios
a los intereses nacionales) y cuya lógica es la del mercado, es decir, la de la
ganancia económica.
Con este criterio economicista (y criminal) se decide sobre guerras, créditos,
compra y venta de mercancías, reconocimientos diplomáticos, bloqueos
comerciales, apoyos políticos, leyes de migración, golpes de Estado,
represiones, elecciones, unidades políticas internacionales, rupturas políticas
intranacionales, inversiones, es decir, la supervivencia de naciones enteras.
El poder mundial de los centros financieros es tan grande, que pueden prescindir
de la preocupación por el signo político de quien detente el poder en una
nación, si es que se garantiza que el programa económico (es decir, la parte que
corresponde al megaprograma económico mundial) no se altere. Las disciplinas
financieras se imponen a los distintos colores del espectro político mundial en
cuanto se llega al gobierno de una nación.
El gran poder mundial puede tolerar un gobierno de izquierda en cualquier parte
del mundo, siempre y cuando ese gobierno no tome medidas que vayan en contra de
las disposiciones de los centros financieros mundiales. Pero de ninguna manera
tolerará que una alternativa de organización económica, política y social se
consolide. Para la megapolítica, las políticas nacionales son hechas por enanos
que deben plegarse a los dictados del gigante financiero. Así será, hasta que
los enanos se rebelen...
Aquí tiene usted la figura que representa la "megapolítica". Comprenderá usted
que es inútil tratar de encontrarle una racionalidad y que, desenredando la
madeja, nada quedará claro.