INVESTIGACION DEL CASO AMIA
VINCULACIONES CON
MENEM-CAVALLO-YABRAN-AL KASSAR
HIPÓTESIS: PLANTEA QUE LOS
ATENTADOS A LA COMUNIDAD JUDIA FUERON REALIZADOS POR INCUPLIMIENTO DE LA
ENTREGA DEL REACTOR NUCLEAR A SIRIA Y EL MISIL CONDOR A IRAK
DIARIO RIO NEGRO (
VER ADEMÁS INFORME DE LA CIA CONDOR II)
Menem inicio querellas
Informe:
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La posibilidad de que el
gobierno sirio haya tenido mucho que ver con los atentados realizados a la
embajada israelí y a la AMIA ha tenido esporádicamente repercusión con algunas
especulaciones de prensa al respecto, o bien por declaraciones emitidas por
entidades o personalidades de origen judío.
Tiempo atrás, un alto funcionario en el gobierno de Menem, nos expresaba su
opinión de que estos atentados pudieron haberse producido en Buenos Aires como
represalia por el incumplimiento del ex presidente a los compromisos asumidos
con los árabes, cuando obtuvo de ellos dinero para la campaña presidencial.
Le llamaba la atención el hecho de que Menem se mostraba particularmente
desasosegado y ansioso cuando se trataba de cuestiones relativas a las
relaciones con Siria.
Una de las situaciones por la cual demostraba mucha preocupación era la
pertinaz negativa del presidente Al Assad a recibir a su hermano Munir Menem.
Recordemos que, a posteriori, las relaciones diplomáticas entreambos países
estuvieron virtualmente suspendidas durante un tiempo.
Pero más sorprendente fue la reacción de Menem cuando se produjo el atentado a
la AMIA. Según versiones de sus colaboradores más cercanos, el ex presidente
transmitió un nerviosismo que lindaba con el pánico.
Al tiempo de producirse la voladura de la embajada, Menem responsabilizó al
gobierno iraní por el atentado y esta tesis fue también sostenida por
funcionarios de Israel y Estados Unidos. Han transcurrido ya muchos años de las
dos tragedias sin que los autores e instigadores hayan sido identificados y sin
que la historia oficial así anunciada haya tenido comprobación cierta.
Se podría atribuir este virtual fracaso de la investigación a la ineficiencia
de los servicios de inteligencia de nuestro país. Pero es el caso que tanto el
Mosad como la CIA, organismos con una reputación de legendaria eficiencia,
tuvieron un rol particularmente importante en la investigación, de manera que
la calificación, si es que les cabe, habría que extendérselas.
Como nuestros lectores podrán apreciar a través de esta publicación, "Río
Negro" investigó el caso partiendo de aquella hipótesis y obtuvo
información que arroja una luz inesperada, no solamente sobre indicios que no
fueron adecuadamente investigados, sino sobre esfuerzos coordinados para
desviar una investigación que podría comprometer al gobierno sirio.
Esta historia podría comenzar en Yabroud, una pequeña aldea a 75 kilómetros de
Damasco, de donde proceden varios de los protagonistas importantes en este
caso.
Lo cierto es que en 1988, Carlos Menem, con la excusa de visitar a sus familiares
y a la ciudad de sus antepasados, se entrevistó con el presidente sirio para
obtener dinero y financiar así su campaña electoral para la presidencia de la
República.
Ya sus personeros habían obtenido ayuda para la campaña interna, y con los
nuevos compromisos, el apoyo de los árabes pudo haber alcanzado los 40 millones
de dólares, suma decisiva en una campaña del entonces relativamente poco
conocido gobernador de La Rioja, notorio por sus desaforadas patillas y su
aspecto extravagante.
Existen algunas evidencias de que Menem ofreció y negoció decisiones futuras de
su gobierno como contrapartida.
Aunque gran parte de esas
conversaciones fue sostenida a solas, hay pruebas de que formaron parte de ese
acuerdo el proyecto Cóndor y la construcción de un reactor nuclear con su
consecuente transferencia de tecnología.
Los demás temas de negociación, si es que existieron, solamente pueden ser
materia de conjeturas. Debe recordarse que los gobiernos de Medio Oriente han
tratado de evadir las limitaciones que les imponen las potencias occidentales
mediante gobiernos intermedios que no estén incluidos en las prohibiciones que
los afectan: tecnología sensible, armas y tal vez facilidades para el lavado de
dinero, ya que alguno de esos gobiernos obtiene recursos adicionales mediante
el tráfico de drogas.
No hay duda de que en los primeros años de su gestión, el gobierno de Menem
tomó decisiones que serían perfectamente compatibles con compromisos de esa
naturaleza y que evidencian una relación muy especial con el gobierno sirio.
Yabroud. Aquí comienza la historia
El primer caso llamativo es la
designación de Ibrahim Al Ibrahim, del que existen fundadas presunciones de que
pertenece a los servicios de inteligencia siria, virtualmente al frente de la
Aduana, un lugar ideal para operaciones encubiertas.
Otro prominente sirio, vinculado con el contrabando de armas, un personaje
singular que aparece en las sombras en una relación estrecha con el gobierno,
Monzer Al Kassar, obtuvo irregularmente la ciudadanía argentina y, como ya
veremos, pudo tener un rol muy importante en esta historia.
Para completar los árabes ubicuos para ocupar funciones trascendentes, Alfredo
Yabrán estuvo a punto de conseguir el monopolio en las áreas de las
comunicaciones.
Por esa misma época, cinco sirios que no cumplían con el requisito de la
radicación lograron en tres semanas la ciudadanía argentina en el juzgado
federal de Santiago del Estero.
Otros sirios anunciaron la construcción de un complejo turístico en Misiones,
con una inversión de unos 400 millones de dólares, que incluía entre otras
cosas un casino. El financista principal era Abdala Rashid al Aalí, a quien se
sindicaba como vinculado con el narcoterrorista Al Kassar.
Hubo entonces denuncias en torno de que ese casino iba a funcionar como un
instrumento ideal para el lavado de dinero. Poco tiempo después, las
investigaciones del juez Garzón en España desencadenaron el denominado
"Yomagate" y las investigaciones desnudaron el proceso de lavado de
dinero que se realizaba casualmente a través de la Aduana.
Todo cambió cuando el ex presidente modificó el rumbo tradicional de la
política exterior, se alineó firmemente con los países occidentales y tornó en
inviable el cumplimiento de los supuestos compromisos adquiridos con los
gobiernos árabes. Las exigencias de Estados Unidos obligaron al gobierno a
desmantelar el proyecto Cóndor y la venta del reactor nuclear se hizo a Egipto,
un gobierno moderado y pro-occidental.
Es de suponer que las demás condiciones ocultas del posible arreglo hayan
seguido el mismo destino que las anteriores.
De manera que no es sorprendente que las relaciones con Libia y con Siria se
hayan deteriorado y que esto le produjera al presidente argentino una gran
preocupación.
¿Pudo llegar tan lejos el afán de venganza como para provocar los atentados
antijudíos en Buenos Aires?
Hay aquí una cuestión de gran interés. ¿Por qué dos atentados de esa magnitud,
y por qué en Buenos Aires?
Aunque existe en nuestro país una comunidad judía importante, Buenos Aires no
constituye un blanco estratégico para atentados terroristas de esa naturaleza y
es poco frecuente que operaciones de esa magnitud se produzcan en tan corto
plazo y en la misma ciudad.
En otras palabras, la incógnita es saber si el lugar elegido para los atentados
incluía, además de las razones clásicas en la violencia del terrorismo
antiisraelí, un mensaje específico con un destino determinado: Carlos Menem.
Los lectores podrán apreciar, a través de este trabajo, que existen numerosos
indicios que conducen a Damasco más que a Teherán y que no obstante esas
evidencias, hubo una fuerte tendencia a culpar al gobierno iraní.
Es cierto que es difícil probar la responsabilidad final de un gobierno en
casos como éste y es probable que la difusión de meras sospechas que finalmente
no hubiesen sido confirmadas podía haber alterado las negociaciones de paz de
Siria con Israel, objetivo prioritario de la política exterior tanto israelí
como estadounidense.
Pero la adhesión argentina a la hipótesis iraní tendría motivos diferentes. De
intensificarse la luz sobre la conexión siria, probablemente hubiese adquirido
más interés la difusión de los fondos espurios con que Menem financió su
campaña y seguramente se hubiesen intensificado los interrogantes para
determinar el alcance de los compromisos contraídos y su eventual
incumplimiento.
Con el transcurrir del tiempo y
los escasos avances que la opinión pública percibe sobre el esclarecimiento de
los atentados terroristas que destruyeron primero la Embajada de Israel (17/3/92)
y luego la sede de la AMIA (18/7/94), resulta cuanto menos necesario plantearse
cuáles podrían haber sido los móviles que llevaron a que la violencia
terrorista se instalara en Argentina llevándose por delante tantas vidas
humanas.
¿Los atentados contra la embajada y la AMIA formaron parte de la ofensiva
general del extremismo árabe contra Israel, o en realidad se trató de
gravísimas advertencias hacia el gobierno de Carlos Menem ante el posible
incumplimiento de inconfesables compromisos incumplidos?
Para intentar encontrar una respuesta a semejante interrogante hay que comenzar
por analizar determinados episodios que, cuanto menos, resultan
incomprensibles. En cualquier país occidental donde se hubiesen producido
atentados similares a los que tuvieron lugar en Buenos Aires, es natural que
desde las máximas instancias del Estado se busque una explicación concreta
sobre lo ocurrido. En el caso de Argentina, en los últimos siete años no se
advirtió empeño político que permita -aunque más no sea- una aproximación al
origen, las causas y los autores materiales de las masacres.
Hay datos inquietantes. La investigación de este diario -nutrida de doce
testimonios altamente calificados- permitió conocer que a los 15 días de la
voladura de la Embajada de Israel, hubo una maniobra tendiente a abandonar
algunas líneas de investigación que lleva- ban indefectiblemente hacia cierto
país de Medio Oriente y, en cambio, orientar las pesquisas hacia otro país del
área.
¿Por qué se desechó investigar a Siria y se centraron los esfuerzos sobre Irán?
Según reveló a "Río Negro" el diputado nacional aliancista Juan Pablo
Cafiero, miembro de la comisión bicameral que sigue las investigaciones de
ambos atentados, "en los expedientes que tramitan la Corte y el juez
Galeano no hay pruebas documentales serias o de otra naturaleza que avalen la
pista iraní".
Menem & Nemen
La historia comenzó a
mediados de marzo de 1988. El empresario dominicano y candidato presidencial en
su país Nemen Nader Rodríguez, recibió un telegrama que llevaba membrete de la
Oficina del Ceremonial de la Gobernación riojana. El texto del mensaje le
informaba que el entonces mandatario provincial Carlos Menem deseaba reunirse
urgentemente con él, por lo que lo convocaba para que se presentara en La
Rioja. Nader, descendiente de libaneses, ha estado vinculado con el negocio
aerocomercial, asociado con capitales kuwaitíes, en Dominicana International
Airlines (DIA), con oficinas en Madrid. Durante 1998, DIA intentó sin éxito que
las autoridades españolas le habilitaran una ruta entre Santo Domingo y Beirut
con escala en el aeropuerto de Barajas.
Según confirmó a este diario una calificada fuente, en marzo de 1988 el
espionaje argentino detectó el inminente desplazamiento de Nemen Nader a la
Argentina. En los últimos tramos de la gestión de Alfonsín, la SIDE -que
conducía el fallecido Facundo Suárez- recibió desde México un aviso alertando
que Nader se aprestaba a viajar a Buenos Aires. Consultada la CIA
estadounidense, que sospechaba que Nader podía estar concretando alguna
operación con fondos de dudosa procedencia, se recomendó al espionaje argentino
que vigilara exhaustivamente al dominicano. Y así se hizo.
A su llegada a Ezeiza, un miércoles de finales de marzo de 1988, Nemen Nader
fue recibido por Jorge Srur, un cordobés rechoncho y algo calvo que, por
entonces, habitaba un lujoso piso en la zona de Retiro y decía trabajar para
una agencia de noticias árabe. Tras alojarse en el Winston Palace Hotel, Nader
se puso en contacto telefónico con Eduardo Menem, quien poco después sería el
encargado de poner toda la operación en marcha.
No bien terminó de hablar con el dominicano, el senador se puso en contacto con
Mario Rotundo, hombre con vinculaciones en la jerarquía eclesiástica argentina
y fluidos contactos en el Vaticano. En esa época, Rotundo, desde una oficina en
Maipú 942, coordinaba parte de la interna de Menem contra Antonio Cafiero por
la candidatura del PJ para las presidenciales de 1989.
Rotundo fue instruido para no despegarse ni un minuto de Nemen Nader y su amigo
Jorge Srur mientras durara su estancia en Buenos Aires. Luego debía llevarlos a
La Rioja, donde pasarían el siguiente el fin de semana en compañía de Carlos
Menem.
El operador de la campaña menemista no tenía remota idea de quién era Nader ni
mucho menos de los motivos por los cuales este dominicano había sido citado por
el entonces gobernador riojano. De hecho, además de los hermanos Menem, los
únicos que estaban en el asunto eran Eduardo Bauzá y Alberto Kohan, miembros
selectos de lo que ya comenzaba a delinearse como la "familia del
poder". Esto quizá haya motivado cierta actitud de desconfianza por parte
de Rotundo, quien fue puesto en cintura sin dilaciones: Nader "debía
viajar a La Rioja por orden de Carlos" y esto era algo "que no se
discutía". Era evidente que el papel que se le había reservado a Rotundo
era oficiar de simple cicerone del dominicano y que por el momento no debía
enterarse de lo que se estaba cocinando.
No obstante, había más gente que conocía a Nader. Es el caso del ex embajador
Jorge de Beláustegui, quien ocupara sucesivamente la legación argentina en
Honduras, Egipto y Grecia. De Beláustegui, para esta investigación, reconoció
haber recibido a Nemen Nader en su despacho de El Cairo, llegando a recordar
rasgos fisonómicos muy característicos del dominicano.
El hombre de Santo Domingo encontró la horma de su zapato en una llamativa
secretaria oriunda de Quitilipi, Nora Cristhian Alí. Durante dos días, esta
mujer a la que Zulema Yoma aborrece, sería la encargada de pasear a Nader por
medio Buenos Aires en una limusina contratada en Remises El Carmen. A una
prudencial distancia y con la discreción de un metrónomo, los controladores de
la SIDE no se perdían ningún detalle.
Antes de viajar a La Rioja, Nemen Nader fue objeto de un homenaje en una Unidad
Básica del barrio de Constitución. El organizador del agasajo fue el presidente
del Centro Yabrudense, Abdo Mehenem, a su vez primo del futuro presidente. De
pronto, la alarma del celular de Mario Rotundo interrumpía el brindis: era el mismísimo
Carlos Menem quien, desde la Gobernación riojana, fulminaba a Rotundo:
"-Mirá, Mario, a Nader y a Srur te los traés mañana para acá sin falta y
en un avión de línea. No quiero ningún avión privado. Viajen por Aerolíneas o
por donde sea, pero tiene que ser en un vuelo regular. Te estoy dando una orden
directa. ¿La tenés clara, chango...?"
Sobre la una y media de la tarde, Nemen Nader, Jorge Srur y Mario Rotundo
entraron al quin-cho de la residencia del gobernador riojano. Acompañaban a
Menem el editor periodístico Julio Ramos y el empresario Arnaldo Martinenghi
-dueño de Astilleros Alianza, de un haras y de "La Madrugada", la
casa donde se refugió el golpista Lino Oviedo a poco de llegar a la Argentina.
También asistió Lorenzo González, piloto del jet que Amalia Fortabat había
puesto a disposición de Menem para su campaña interna contra Antonio Cafiero.
Ninguno de los invitados de Menem conocía al extraño visitante. Sin embargo,
los sabuesos de la SIDE tenían muy claro hacia dónde debían dirigir sus potentes
teleobjetivos.
Este diario sabe que, en un archivo ubicado en algún lugar muy discreto de
Buenos Aires, hay fotografías en las que Menem y Nemen aparecen con raquetas de
tenis en sus manos.
Mathaba
Bajo esta inquietante denominación, se mueve por el
mundo un lobby que nuclea diversos intereses relacionados con los países de
Medio Oriente y que se ocupa de obtener fondos para sostener financieramente a
todos aquellos candidatos de origen árabe que aspiran a la presidencia en
países iberoamericanos. Mathaba, entre otros casos, supo aportar importantes
cantidades de dinero a las campañas de los ex presidentes Carlos Serrano Elías
(Guatemala) y Abdalá Bucaram (Ecuador) y, también, para costear electoralmente
a Carlos Flores Fazhusi, actual primer magistrado de Honduras.
Según reveló a este diario la calificada fuente que estuvo en la SIDE durante
la administración Alfonsín, lo decidido entre Menem y Nader en La Rioja fue que
pasadas unas pocas semanas debían iniciarse las gestiones formales ante la
misteriosa Mathaba, las cuales tendrían lugar en Trípoli, la capital libia.
Pocas horas después de su fugaz paso por La Rioja y con un pasaje sufragado por
la oficina del entonces precandidato Menem, el dominicano Nader abandonó
nuestro país rumbo a Quito en un vuelo de Ecuatoriana. Casualmente, la misma
aerolínea que, cuatro años después, utilizaría Haitham Al Kassar -hermano de
Monzer- para ingresar a Buenos Aires con un pasaporte brasileño falso.
Dos semanas después, Nader llegó por segunda vez a la capital argentina. Para
entonces Carlos Rotundo ya había recibido nuevas instrucciones del jefe:
"-Te he nombrado mi representante personal para que acompañes a Nemen
Nader a Libia. Salen en dos días y allá él te va a presentar a unos hermanos
con quienes deberás arreglar todo lo necesario con relación a la ayuda que nos
han ofrecido para la interna. Te pido que me mantengas continuamente informado
a tra-vés de Norita Alí y no utilices otros intermediarios ".
Esta vez, Rotundo y Nader embarcaron en primera clase de Varig con destino a
Roma, previa escala en Río de Janeiro. En la ciudad eterna, abordaron un MD88
de Tunisair que los depositó en Djerba, una paradisíaca isla tunecina en el
Mediterráneo. Cuando la pareja llegó a la frontera y cruzó a Libia, fue
recibida por funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores del régimen de
Gaddafi, quienes ordenaron a los encargados de Migraciones que los pasaportes
de ambos no fueran sellados. Estaba claro que, oficialmente, aquel viaje no
existía.
Una hora después, Rotundo y Nader eran alojados en el hotel Al Mehari de
Trípoli, teléfono 218-21-4449075.
Al día siguiente, Mario Rotundo fue recibido por Said Al Haffiana, alto cargo
de la cancillería local, y por Ahmad Al Jarroud, ex embajador libio en Caracas
que actualmente ocupa tales funciones en La Habana. Los tres entraron en
materia rápidamente y se pusieron de acuerdo en que el lobby Mathaba aportaría
una importante cantidad de dinero a las campañas de Carlos Menem, tanto la
interna como la presidencial. Una parte sustancial del dinero se desembolsó en
aquel momento, y se decidió que los detalles sobre la forma en que el resto del
aporte prometido por los libios iba a llegar a nuestro país se ultimarían en
Roma, aprovechando la gira europea que Menem tenía previsto realizar en
compañía de su esposa Zulema y personajes tales como Alberto Kohan, Miguel
Vico, Luis Santos Casale, Oscar "Sardinita" Spinoza Melo y Francisco
"Paco" Mayorga, entre otros.
En
julio de 1988, Carlos Menem derrotó a Antonio Cafiero en las elecciones
internas del PJ. Poco después, el flamante candidato presidencial partió rumbo
a Europa. Dos de las personas que integraron aquella nutrida comitiva
confirmaron a "Río Negro" que Menem mantuvo una reunión a solas con
los libios Said Al Haffiana y Ahmad Al Jarroud, la cual tuvo lugar en Roma.
Según Mario Rotundo, el encuentro de Menem con los representantes del lobby
Mathaba se llevó a cabo -en horas de la noche- en el hotel Excelsior, ubicado
en la vía Veneto de la ciudad eterna.
Para evitar que ninguno de sus acompañantes tuviera noticia de la visita de los
libios, antes de celebrarse la reunión, Menem hizo sacar del hotel a toda su
comitiva, con excepción de Rotundo. El ex embajador Oscar Spinoza Melo reconoce
que él fue el encargado de pasear a Zulema Yoma por Roma y luego invitarla a cenar
junto a otros miembros del séquito menemista.
La reunión sin testigos entre el candidato presidencial y los libios Al
Haffiana y Al Jarroud se prolongó por espacio de algo más de tres horas.
Rotundo, que esperaba en una dependencia cercana al lugar del encuentro, fue
llamado por Menem a sumarse al grupo:
"-Quiero que te pongas de acuerdo para buscar la mejor forma de hacer
llegar a Buenos Aires el apoyo financiero de mis hermanos libios. Mario:
ocupate de todos los detalles y le informás de todo a Norita" (Alí).
Se procedió entonces a la apertura de dos cuentas bancarias en Ginebra. Por la
cuenta 5451 de la Banca Sogenal y por la 855.890-01-00 radicada en el Lloyd
Bank de la Plaçe Bellair, 1 pasaron unos 4 millones de dólares, antes de llegar
a su destino final en Buenos Aires.
Durante casi un año, los fon-dos fueron llegando a Suiza con periodicidad
mensual, a través de transferencias que se ordenaban desde el Lybian Arab Forem
Bank, con sede en Trípoli. Una vez que el dinero se ingresaba en las cuentas
helvéticas, Rotundo lo retiraba mediante un cheque certificado que se canjeaba
en una casa de cambio de Paraguay. Desde Asunción, un chofer de confianza de
Rotundo se encargaba de traer el dinero en efectivo hasta Buenos Aires en
maletines que entregaba en las oficinas de la avenida Callao, donde funcionaba
el cuartel general electoral de Carlos Menem.
La última remesa de dinero procedente de Libia llegó a nues-tro país en agosto
de 1989.
Según ha revelado el propio representante de Mathaba , el dominicano Nemen
Nader, los libios apoyaron a Carlos Menem con 10 millones de dólares (ver
aparte), una cifra en la que también coincide Oscar Spinoza Melo. El gestor de
las cuentas suizas, Mario Rotundo, presume que hubo más dinero libio que
circuló entre Trípoli y Buenos Aires, aunque él sólo afirma haber manejado 4
millones.
Los libios Al Haffiana y Al Jarroud regresarían a Buenos Aires para asistir -en
nombre del coronel Muammar Al Gaddafi- a la ceremonia de asunción de Menem a la
primera magistratura, el 9 de julio de 1989. Tras los actos oficiales, ambos
continuaron durante unos diez días alojados en el céntrico Claridge Hotel de
Buenos Aires, desde donde hicieron varias llamadas a Trípoli y a un teléfono
localizado en la Casa Rosada, donde atendía Nora Cristhian Alí.
Dos meses después, en ocasión del primer viaje de Menem al exterior, para
asistir a la Cumbre de Países no Alineados celebrada en Belgrado en setiembre
de 1989, el flamante presidente argentino tuvo un encuentro con el coronel
Gaddafi. Según el ex ministro Domingo Cavallo, el líder libio le recordó a
Menem el interés que tenía el país magrebí por el misil Cóndor.
Un importante legislador nacional peronista que integró la comisión bicameral
sobre las investigaciones de los atentados contra la embajada y la sede de la
AMIA, aseguró a "Río Negro" que lo relatado por Cavallo es verdad.
Hay que recordar que el caso del misil es un típico ejemplo de triangulación
efectuada para eludir los controles de los países industrializados sobre
tecnología bélica destinado a países considerados peligrosos. La empresa
alemana Consen, que vendió la tecnología del Cóndor, nunca lo hubiese podido
hacer directamente a un país árabe y menos aún al régimen libio, pues el
gobierno alemán lo habría impedido.
¿Prometió Menem la cesión del Cóndor como contrapartida de los 10 millones que
los libios pusieron para su campaña en 1988?
El 17 de marzo de 1992, día de la voladura de la Embajada de Israel, se detectó
en Buenos Aires la sugestiva presencia de dos ciudadanos árabes. Uno era el
representante del Estado argentino para la venta de armas al exterior Monzer Al
Kassar, titular del pasaporte argentino 13.263.273.
El otro era el libio Al Jarroud, uno de los que habían negociado -en nombre de
Muammar Al Gaddafi- el aporte de 10 millones de dólares para la campaña del
menemismo. Al Jarroud ingresó a la Argentina con un pasaporte legal sirio, pero
bajo la falsa identidad de Firas Saayed.
1988"
Nemen Nader fue entrevistado en Madrid por uno de los
autores de esta investigación. Admitió haber negociado en nombre de un lobby
árabe aportes a la financiación electoral de Menem.
-¿Qué grado de participación tuvo en la campaña electoral del doctor Menem de
1988?
-Estuve muy metido en la campaña de Carlos Menem en la Argentina, lugar en el
que permanecí durante casi un año. Tenía contacto directo con el doctor Menem y
fui testigo de cómo se reunieron los fondos para su campaña, que procedían de
los gobiernos de Libia, Siria, Kuwait, la OLP, Arabia Saudita e Irak.
-¿Cuánto dinero se recaudó en estos países?
-El total fue de 40 millones de dólares y hay que aclarar que, en algunos
casos, parte de esas aportaciones no solamente llegaron de los gobiernos
árabes, sino también de varios empresarios, que realizaron cuantiosas
donaciones. Tenga en cuenta que en aquellos años Menem era gobernador de La
Rioja y su provincia estaba fundida. No tenía ni bonos para pagar los sueldos
de los empleados. Si no hubiese sido por estos aportes que recibió de la
comunidad árabe internacional, Menem jamás habría podido llegar a imponerse en
las elecciones de 1989.
-¿Usted participó en algún encuentro con representantes de alguno de los países
que aportaron fondos a la campaña menemista?
-Llevé a un delegado de Menem a entrevistarse con Arafat y también para que
mantuviera un encuentro con el coronel Gaddafi. El líder libio puso a
disposición de Menem 10 millones de dólares y la persona encargada de
representar al doctor Menem fue el señor Mario Rotundo.
-¿Cuál fue el mecanismo a través del cual se gestionaron esos fondos?
-Tengo entendido que se procedió a la apertura de una cuenta en Suiza, pero yo
en esa etapa ya no tuve participación, porque simplemente me limité a hacer los
contactos necesarios para que se llevaran a cabo las reuniones entre los
representantes del doctor Menem y los gobiernos árabes. Todo lo relacionado con
la forma en que llegaban los fondos a Argentina no era de mi incumbencia. Yo no
tocaba ni veía dinero.
-¿Qué iba a recibir la OLP a cambio de ayudar a Menem en su campaña?
-En 1989, ofrecí una conferencia de prensa en el hotel Meliá Castilla de Madrid
para dar cuenta que las relaciones entre Menem y los palestinos ya estaban al
borde de la ruptura. El motivo era la negativa del gobierno argentino a
reconocer una representación diplomática de la OLP en Buenos Aires. El doctor
Menem incumplió su compromiso con los palestinos por la presión de Alberto
Kohan, lobbista de los intereses judíos en Argentina.
(La foto de Nemen Nader es gentileza del Diario "El Siglo" de República Dominicana)

Lo que no se investigó sobre los
atentados (parte II)
Buenos
Aires, 17 de marzo de 1992. La escena tiene lugar pocas horas después de la
voladura de la Embajada de Israel, en un despacho de la SIDE, ubicado en el
quinto piso de un edificio de la calle 25 de Mayo, desde donde el paisaje del
río de la Plata se funde con la decoración de la estancia.
El segundo ministro de la Embajada de Gran Bretaña acreditado en la capital
argentina acababa de alertar sobre una extraña presencia detectada en los días
previos al atentado. Los datos llevaban a un traidor colaborador de la
inteligencia inglesa y que, por tal motivo, había sido expulsado de por vida
del territorio británico en 1984.
El "Señor 5" -Hugo Anzorreguy Beroviche- fue anoticiado de inmediato
de la novedad y decidió verificar el dato con otros servicios extranjeros que,
en esos momentos, intentaban sustraerse de la indignación social y del caos
informativo.
El 25 de marzo, los servicios franceses y la CIA aportaron indicios similares
sobre la misma persona. Sus nombres y apellidos son la carátula de una carpeta
que contiene más de cien folios de documentación secreta: "Monzer Al
Kassar".
El 13 de abril de 1992, la carpeta de tapas rojas le fue entregada al entonces
ministro del Interior, José Luis Manzano.
El mendocino se alarmó cuando leyó que el sirio había ingresado "... al
país por el Aeropuerto de Ezeiza en vuelo de Iberia 6940, procedente de España.
Al Kassar visitó por lo menos en dos ocasiones la Quinta de Olivos, e
inclusive, le obsequió al presidente Menem un reloj muy costoso que tenía diamantes
engarzados (...) Hay varias fotografías de muchos funcionarios o ex
funcionarios del gobierno con Al Kassar (...) en una cena compartida en Olivos
con el visitante".
En la última parte del informe confidencial, que lleva la firma del por
entonces responsable operativo de la SIDE, José Alberto Scoppa, consta que:
"En el día de ayer, 12/04/92, Al Kassar, acompañado por una mujer dejó el
país con destino Madrid y Málaga, vía Iberia, utilizando un pasaporte
argentino. Desde territorio español tiene previsto trasladarse de inmediato a
Damasco".
La camioneta Ford F-100 utilizada como coche bomba en la Embajada había sido
adquirida por alguien que dijo llamarse "Elías Griveiro Da Luz",
quien pagó 21.000 dólares en efectivo al agenciero Roberto Barlassina.
Según consta en la causa judicial y refleja la Comisión Bicameral de
Seguimiento de los Atentados, pocas horas después del atentado, se verificó que
los billetes provenían de una agencia de cambio de Beirut, donde se suele
marcar los dólares que son de curso legal.
Lo que la Justicia no investigó es la posibilidad de que los billetes
provinieran del hólding "Al Khalid Kassar" con sede en Damasco. Este
grupo incluye empresas de importación y exportación y también, a una de las más
importantes agencias de cambio de la capital libanesa. Sus propietarios son
tres: el terrorista Ahmad Jibril, líder del Frente Popular de Liberación
Palestina Comando Especial (FLP-E); el sirio Rifaat Al Assad y el traficante
con pasaporte argentino, Monzer Al Kassar.
Era evidente para el gobierno la necesidad de bajar los decibeles del
escándalo.
Cuatro años antes del atentado contra la Embajada, Menem ya había visitado
Siria, en una gira que había organizado el diplomático peronista Mario Cámpora.
Aquel periplo, que tuvo lugar tras la interna justicialista por la candidatura
presidencial en la que Menem derrotó a Cafiero, incluyó la localidad de
Yabroud, situada a 75 kilómetros al norte de Damasco, en la falda oriental de
la cordillera del Antilíbano. De dicho pueblo provienen las familias Yoma, Al
Kassar y los Akil, la rama materna de Menem.
Allí en Yabroud, el entonces candidato presidencial se entrevistó por primera
vez con el vicepresidente sirio Abdul Halim Al Haddam, encargado de los
servicios secretos y de las relaciones con Israel.
Quien ofició de introductor del riojano ante su anfitrión fue, precisamente, Al
Kassar. El traficante está asociado en algunas empresas de exportación de armas
con Firaas Al Haddam, hijo del responsable de la inteligencia siria y
vicepresidente de ese país.
El ex diplomático Oscar Spinosa Melo aseguró a este diario que, durante aquella
visita a Yabroud, Al Kassar huía de las fotos, señal de que su misión en
aquella ocasión no debía quedar registrada.
Menem se puso a disposición de Siria para ayudarla en su lucha por la defensa
de su integridad territorial y "contra los enemigos de la nación
árabe".
El vicepresidente Al Haddam fue más directo. Quiso saber si la Argentina estaba
dispuesta a cooperar con los sirios en el campo de la transferencia de
tecnología, particularmente la nuclear. "Sardinita" Spinosa Melo se
quedó de una pieza cuando escuchó la respuesta que dio Menem:
" - No pondremos dificultades para facilitar a los hermanos sirios alguno
de los reactores nucleares que dispone la Argentina. El desarrollo técnico
alcanzado por mi país en la materia es de alto grado, incluso contamos con una
persona muy calificada, el almirante Quillalt, quien ya trabajó en un proyecto
con Irán y podría facilitar el asesoramiento técnico necesario...".
Siria nunca recibiría tecnología nuclear transferida por la Argentina debido a
que nuestra política exterior tenía un claro alineamiento con Estados Unidos y
los norteamericanos no iban a permitir semejante transacción con el régimen de
Al Assad. Es más: Damasco tuvo que adquirir a los chinos el reactor que
buscaba. Una nueva promesa incumplida.
En noviembre de 1994, siendo ya presidente, Menem volvería a Siria. Para
entonces ya se había producido el ataque contra la AMIA, un hecho que había
"paralizado y aterrorizado al presidente", según atestiguó a
"Río Negro" un importante hombre de aquella gestión. Es posible que,
en ese momento, Menem hubiera comprendido en toda su profundidad la entidad del
nuevo mensaje que acababa de recibir: se había metido con gente que fabrica
terror y era lógico que estuviera "aterrorizado".
Lo cierto es que a fines de 1994, las relaciones de nuestro país con los sirios
estaban frías, tensiones que se trasladaron al terreno diplomático, con el
retiro de los respectivos embajadores.
Nadie explicó nunca los motivos por los cuales, durante tres años, ambos países
estuvieron representados por funcionarios de segunda línea en las respectivas
legaciones de Damasco y Buenos Aires.
Por otra parte, "Río Negro" constató que en la página 58 del primer
informe de la Comisión Bicameral se señala la escasa colaboración de las
autoridades de Israel con el expediente que instruye la Corte Suprema de
Justicia argentina en el caso del primer atentado.
Según ese documento, "cuando la Corte pide al Primer Ministro de Israel
los datos que manifestó poseer sobre el atentado, contestó que suponía que
probablemente sus autores eran iraníes (folio 4.041 de la causa). Un nuevo
pedido de aclaraciones no fue respondido".
Según sugiere el mismo informe parlamentario, las autoridades diplomáticas
israelíes en nuestro país tampoco ayudaron a las investigaciones: "(...)
La Embajada de Israel no contestó cuando se le pidieron, el 23 de agosto de
1996, los informes técnicos del Mossad y de otros organismos internacionales
que dijo que obraban en su poder (folio 5.496 de la causa)".
Una de las pericias para determinar qué clase de explosivo causó la voladura de
la Embajada, fue elaborada por la Gendarmería. Allí se hablaba de exógeno C-4.
En 1992, el Fiscal Anticorrupción de Ginebra, Laurent Kasper-Anserment, abrió
una causa penal contra Monzer Al Kassar, a quien acusó de haber blanqueado en
Suiza más de tres millones de dólares provenientes del tráfico de armas y
explosivos a Croacia durante el conflicto de los Balcanes.
"Río Negro", en su edición del 8 de marzo de 1999, publicó una
entrevista con el mencionado fiscal helvético, quien confirmó que, a finales de
1991, Al Kassar había adquirido en España una partida de varias toneladas de
exógeno C-4. Una parte de ese potente explosivo fue a Croacia, pero otra llegó
a Buenos Aires "entre enero y febrero de 1992". Según
Kasper-Anserment, la partida de C-4 desviada por Al Kassar hacia nuestro país
llegó desde Damasco "entrando por el aeropuerto de Ezeiza". En
aquella época, se desempeñaba como vista en la Aduana de la estación aérea el
sirio Ibrahim Al-Ibrahim, ex esposo de Amira Yoma. Hay fundadas sospechas que
sindican a Ibrahim como miembro del espionaje sirio (SIS). Actualmente, el ex
marido de Amira, sigue prófugo de la Justicia argentina.
En las semanas posteriores a la voladura de la Embajada, la Corte de Justicia
argentina no investigó los indicios sobre el exógeno, que ya obraban en poder
de la Fiscalía Anticorrupción de Ginebra desde por lo menos cinco meses antes
del atentado.
¿Por qué la Corte desechó la pericia de la Gendarmería que afirmaba que el
explosivo utilizado para volar la Embajada había sido exógeno C-4?
La evolución del conflicto de Menem con los sirios es la que lleva a los
investigadores extranjeros que colaboraron en el esclarecimiento del atentado
de la Embajada, a negarse a aceptar una explicación única sobre el mismo.
Incluso una falta de respuesta militar de Israel para vengar la voladura de su
representación diplomática en Buenos Aires, pareciera hacer suponer que, en Tel
Aviv, dudaron a la hora de acometer una represalia por un atentado que podría
tener un origen completamente ajeno al conflicto de Medio Oriente.
![]()
En
1989, tras su asunción como presidente, Menem designó a su hermano
Munir al frente de la Embajada de nuestro país en Siria.
Su misión diplomática en Damasco estuvo salpicada por el escándalo. Además de
no ser recibido por el presidente sirio Haffez Al Assad, se comprobó que había
certificado unos antecedentes falsos que luego le servirían al traficante de
armas y drogas Monzer Al Kassar para obtener su radicación y, más tarde, su
ciudadanía argentina.
Poco después de asumir como nuevo embajador en Siria, Munir Menem fue agasajado por el traficante Monzer Al Kassar. (Ver fotos). Eran épocas en las que las relaciones entre el sirio y el gobierno argentino eran muy estrechas. Al punto tal que Al Kassar obtuvo con asombrosa facilidad y rapidez un pasaporte argentino. El embajador Munir Menem certificó parte de los papeles falsos utilizados por Al Kassar para tramitar sus documentos argentinos.
Cuando en Buenos Aires estalló el "Yomagate", el ex presidente Menem se vio obligado a prescindir de los servicios de su ex cuñada y secretaria de Audiencias, Amira Yoma. Sería entonces cuando Menem mandó a llamar a su hermano Munir - aún en Damasco- para que se hiciera cargo de las delicadas funciones al frente de la Dirección de Audiencias de la Presidencia.
Cuando se produjo la
salida de Munir Menem de nuestra legación diplomática en Siria, se decidió
que el cargo vacante de embajador no se cubriría.
Para entonces, ya había ocurrido el atentado contra la Embajada de Israel y los
sirios seguían negándose a invitar a Carlos Menem a visitar oficialmente la
tierra de sus ancestros.


En
1993, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) -el más clandestino de todos los
organismos de inteligencia de los Estados Unidos- produjo un extenso documento
secreto en el que figuran varias operaciones encubiertas, todas a escala
planetaria. Se describe, con todo lujo de detalles cómo comenzó, en 1969, la
infiltración occidental en las organizaciones terroristas islámicas.
Según consta en el documento de la NSA, "la mayoría de las historias
occidentales de inteligencia israelí son bastante negativas. Incluso se ha
llegado a describir al Mossad como un grupo de maníacos traficantes, que envían
armas a Africa y a Iberoamérica para beneficio personal. En realidad, las
transferencias de material bélico por parte de Israel han sido de poco alcance,
por lo general dirigidas a instancias de otras naciones occidentales, y a
menudo ocultadas por desvíos de armas mucho mayores por parte de los servicios
de inteligencia de las grandes potencias".
Cuando se trata de operaciones encubiertas, el Mossad es casi insignificante
comparado con la comunidad de inteligencia norteamericana.
Para las verdaderas operaciones gravemente ilegales, los Estados Unidos se
dirigen a Gran Bretaña porque los ingleses poseen la combinación más represiva
de leyes de difamación, censura a la prensa y sanciones criminales en contra de
la divulgación de operaciones de inteligencia de cualquier país del mundo
democrático. El Reino Unido sabe cómo ocultarle un secreto a su propia prensa,
al público y al Parlamento. Y lo que aún es más importante: sabe cómo cargarle
la culpa a otros cuando una operación es descubierta.
Para entender cuán perfectamente pudo haber sido embaucada la opinión pública
argentina respecto de que Irán es la presunta responsable de los atentados
contra la Embajada de Israel y la AMIA, hay que detenerse en la operación de
inteligencia encubierta más importante diseñada por George Bush, en la época en
que el íntimo amigo de Carlos Menem era el director de la Agencia Central de
Inteligencia norteamericana (CIA).
"Kovacs"
Durante los años
setenta, el Reino Unido, a través de notorios traficantes internacionales,
suministró armas a los terroristas de la Organización para la Liberación de
Palestina (OLP).
El velo de silencio alrededor de tan sensacional operación de espionaje puro y
duro, se puede rasgar indagando la historia de un oscuro y hasta hace poco
desconocido agente de inteligencia británico, que luego desertó para trabajar
con la CIA.
Según el citado documento secreto de la NSA, al que "Río Negro"
accedió en su totalidad, Leslie Aspin -que se camuflaba tras el seudónimo de
"Kovacs"-, se convirtió en el principal estratega de la infiltración
que la Casa Blanca organizó en el Banco de Crédito y Comercio Internacional
(BCCI), la célebre lavandería paquistaní de narcos y traficantes de armas
internacionales.
Allí tenían sus cuentas personajes tales como el panameño Manuel Antonio
Noriega, el palestino Abu Abbas, el libanés Gaith Pharaon o el saudita Adnan
Kashogui, entre otros.
"Kovacs" desarrolló su estrategia más impresionante en el BCCI para
instituir a Israel como chivo expiatorio para el caso Irán-Contras.
La NSA revela que, a mediados de los '80, Aspin también cumplió un destacado
papel en los planes de Bush para rescatar a los rehenes norteamericanos
prisioneros en el Líbano a manos de los fundamentalistas proiraníes de
Hizbollah o Partido de Dios.
En 1969, Leslie Aspin comenzó a traficar armas para "Septiembre
Negro", una fracción terrorista de la OLP apoyada por Siria y Libia,
fundada y dirigida por uno de los más sanguinarios elementos del
fundamentalismo islámico: el palestino Sabri Al-Banna, más conocido como
"Abu Nidal".
El presidente sirio, Haffez Al Assad, que ya había creado una serie de campos
de entrenamiento de bajo perfil para terroristas palestinos en su propio país,
ordenó a su jefe de inteligencia militar, el coronel Alí Issa Douab, que
suministrara todas las armas y equipos que fueran necesarios a los
fundamentalistas palestinos.
A fin de que el gobierno sirio pudiera desmentir su papel, la mayoría de las
armas tenía que ser contrabandeada cuidadosamente a las células de
"Septiembre Negro" en Siria y todo Medio Oriente.
Para lograr tal propósito, el presidente Al Assad ordenó a su hermano Rifaat,
máximo responsable del servicio de inteligencia sirio (SIS), que trabajara con
Issa Douab en el manejo de la confidencial tarea de contrabando.
Los máximos responsables del espionaje sirio sabían quién era la persona más
adecuada con la que podían contar de forma incondicional: Monzer Mohammad Al
Kassar Tarnsbusch.
"2000"
Según la NSA, aquel
mismo año de 1969, después de que Rifaat Al Assad le diera las órdenes
pertinentes, Al Kassar, contrató a Leslie "Kovacs" Aspin. En esos
momentos, Siria tenía un lucrativo comercio de heroína y opio en el valle de la
Bekaa, el cual se convertiría en una industria multimillonaria, capaz de
introducir el 20% de toda la heroína que se consume en los Estados Unidos. Los
beneficios de este comercio ilegal eran blanqueados por el traficante sirio en
cuentas bancarias localizadas en Suiza. Aspin, entonces, pasó de ser un
traficante de poca monta a un exportador y Al Kassar lo envió a Libia.
El británico comenzó por contratar a una serie de ex miembros de los Servicios
Aéreos Especiales ingleses (SAE), una ultrasecreta unidad de comandos de elite
que se ocupa de hacer el trabajo sucio para Downing Street. Los ex comandos
fueron llevados como instructores de una escuela para terroristas en el
desierto libio, donde se instruía a "gente que infundirá miedo en el
corazón mismo de Israel y a cualquiera que los ayude". Tanto los sirios
como los libios estaban satisfechos. Al Kassar continuaba con sus pingües
negocios y Aspin se enriquecía. Pero en febrero de 1970, "Kovacs"
cometió un grave error.
Decidió tomarse unas vacaciones y, en el aeropuerto londinense de Heathrow,
Aspin fue recibido por el MI 6. Durante tres días permaneció mudo, hasta que
los analistas e interrogadores del espionaje de Su Graciosa Majestad lo
amenazaron con divulgar a libios y a sirios que estaba trabajando para el MI 6.
Aspin no tuvo más remedio que aceptar si no quería aparecer con un balazo en la
cabeza al día siguiente.
Un agente del MI 6 cuyo nombre clave era "Homero", sería su oficial
de enlace.
Cuando el servicio de inteligencia británico comenzó a recibir la información
sobre el mundo secreto del terrorismo árabe que suministraba Aspin, se produjo
una gran conmoción. El agente infiltrado proporcionó los nombres de los
contactos clave de Al Kassar, la identidad de los ex comandos del SAE que
instruían a los terroristas de la OLP en los campos de entrenamiento libios y
hasta las identificaciones de los barcos en los cuales se enviaban cargamentos
de armas y drogas por todo el mundo.
No obstante el material sensible entregado por "Kovacs", el doble
agente fue aún más lejos: entregó al MI 6 los datos de la cuenta suiza a través
de la cual Al Kassar blanqueaba el producto de las operaciones de droga y
armas. Fue entonces cuando los responsables del espionaje británico entendieron
que Aspin ya no les podría servir de mucho más y decidieron avanzar
directamente sobre el sirio de Yabroud.
El MI 6 sabía que los hermanos Ghassam y Monzer Al Kassar habían sido detenidos
el 12 de enero de 1970 en Viena por haber vendido cinco Lamborghini con
documentación falsificada, aunque fueron prontamente liberados. El 3 de febrero
siguiente los dos hermanos vuelven a caer en Trieste por el mismo delito,
aunque esta vez asociados con varios italianos y griegos. La policía italiana
encuentra indicios para sospechar que el cerebro de la red era el patriarca de
la familia Al Kassar, Mohammad, por entonces embajador de Siria en Nueva Delhi.
Las razones de Estado hacen, una vez más, que Ghassam y Monzer Al Kassar
recobraran la libertad. Pero dos años más tarde, las cosas cambian.
En febrero de 1972, la policía danesa llegó a la vivienda que el sirio Samir
Hanna ocupaba en la calle Mariendalsvej, 17 de Copenhague. Según consta en el
expediente policial 196202/72, "el ciudadano sirio Monzer Mohammad Al
Kassar fue detenido el 15 de febrero de 1972, incautándosele una bolsa de
hachís en la que se comprueba la existencia de sus huellas digitales". El
MI 6 es informado de lo sucedido, pero pidió a la policía danesa que retirara
los cargos contra el sirio y lo pusiera en libertad. A partir de ese momento
"Homero" comenzaría un seguimiento implacable, llegando a comprobar
cómo Al Kassar -acompañado por Jorge Antonio- se subió al avión de Alitalia
que, el 17 de noviembre de 1972, trajo de regreso al país a Juan Perón. En las
siguientes semanas, el sirio viajó a la provincia de Mendoza, donde visitó a
unos familiares que residen en la zona de Los Corralitos y, poco después, se
trasladó a La Rioja. Allí se reunió con ciertos amigos.
De regreso en Europa, Al Kassar se encuentra con un pedido de captura emitido
por las autoridades danesas por haber introducido tres kilos de hachís a bordo
de un transporte de carga pesada. El MI 6, con flema británica y fina
discreción, desembarcó en Copenhague. "Homero" le hizo a Al Kassar la
misma propuesta que antes le había realizado a Aspin. Si el sirio cooperaba,
los británicos lo ayudarían con sus problemas judiciales y lo recompensarían
generosamente. De lo contrario, divulgarían que Al Kassar había sido la persona
que traicionó todos los últimos envíos de armas hechos por Libia y Siria a los
terroristas palestinos y que habían sido desbaratados.
El 16 de marzo de 1973 fue un día muy movido en el mundo del espionaje
internacional. Leslie Aspin defeccionaba del espionaje británico para
convertirse en un hombre de la CIA. Un agente especial de la DEA -Larry
Katz-llevó a "Kovacs" hasta la Embajada norteamericana en Londres y
pocas horas después el desertor viajaba rumbo a Estados Unidos.
Mientras tanto, en un discreto departamento ubicado en la zona de Hyde Park y
cercano al conocido museo londinense de Madame Tussaud, el sirio Monzer Al
Kassar se convertía en agente doble del espionaje inglés, infiltrado en la
estructura logística y militar de la OLP.
El MI 6 se asignó una clave identificatoria de cuatro cifras: "2000".
Sorprendente confesión
El diputado Juan Pablo
Cafiero, especialmente consultado por "Río Negro", mencionó que, hace
dos años, Carlos Menem recibió en la Casa Rosada al premio Nobel de la Paz,
Ellie Wiessel. En una dramática conversación, Menem le aseguró a Wiessel conocer
el origen y los autores del atentado contra la Embajada de Israel, pero que no
podía hacer pública semejante revelación.
El mismo día de su encuentro con el ex presidente, Wiessel, se entrevistó con
el entonces Procurador General de la Nación, Angel Agüero Iturbe. El premio
Nobel quedó sorprendido cuando Agüero le reiteró lo mismo que sólo unas horas
antes le había confesado Menem: "En el gobierno sabemos quiénes son los
responsables de lo de la Embajada, pero no podemos decirlo".

Los
tomos son más de 500, no tienen más de una pulgada y media de espesor y están
encuadernados en cuerina negra.
Apilados ordenada y horizontalmente, abruman a los pocos privilegiados que
pueden acceder a la pequeña habitación en la que están depositados.
Sólo la música clásica que inunda el lugar disimula el horror que emana del
contenido de cada uno de esos tomos: la investigación por el atentado contra la
sede de la AMIA. Una causa que pudo haber concluido en falso de haber tenido
éxito una operación tendiente a desviar las pesquisas que viene desarrollando
el juez federal Juan José Galeano.
El intento apuntó a generar una corriente de opinión favorable a hacer de Irán
el único responsable del ataque, deslindando a Siria de toda vinculación con el
mismo.
A juicio de fuentes de máximo rigor en el campo político y judicial,
consultadas por este diario, la preservación de Siria tenía fundamentos de variado
calibre:
* Siria es el único país importante del entorno árabe que no tiene la paz con
Israel.. La publicación de sospechas sobre su eventual participación hubiese
dificultado las negociaciones de paz que hoy se llevan adelante en Estados
Unidos.
* Desde la Guerra del Golfo, los Estados Unidos encuentran en el régimen de
Damasco un aliado de significación en su enfrentamiento con Irak.
* Israel mantiene una dura disputa con Siria por las Alturas del Golán,
estratégica posición que conquistó a balazo limpio en la Guerra de los Seis
Días. Siria reclama la devolución de ese territorio, clave para la seguridad de
Israel en su frontera norte. La resistencia de Tel Aviv a resignarlo genera
cíclicamente un estado de tensión. A juzgar por las fuentes consultadas,
"muy mal negocio haría Israel si acredita a Siria responsabilidades en los
atentados a la Embajada y AMIA".
* La propia trama de relaciones que el ex presidente Carlos Menem tejió con el
régimen del presidente sirio Haffez Al Assad habría condicionado el avance de
la investigación hacia la "pista siria".
Presiones a Galeano
Hoy "Río
Negro" da detalles de hechos que comenzaron a suceder poco después del
atentado contra la mutual judía y que se dinamizaron durante el primer semestre
de 1995.
Fuentes de la jerarquía militar de la anterior gestión revelaron que a fines de
1994, la Central de Inteligencia Americana (CIA) y factores del poder del
Paraguay, en consonancia con la administración Menem, intentaron convencer a la
Justicia argentina de la culpabilidad en el atentado de siete libaneses
detenidos en Ciudad del Este.
La CIA llegó incluso a destinar en la operación a varios de sus más importantes
agentes estacionados en el Cono Sur.
Entre ellos, aparecen William "Bill" Ortmann, por entonces jefe del espionaje
norteamericano en Buenos Aires y su par en Asunción, conocido en el ambiente de
los servicios de inteligencia argentinos como "Jack, El Destripador".
El primero de los nombrados actualmente presta servicios en algún lugar de
Florida.
Así, pudo saberse de fuentes cercanas a la investigación judicial, que entre
enero y los primeros diez días de febrero de 1995, el juez Galeano y uno de los
fiscales de la causa AMIA, Eamon Mullen, fueron blanco de insistentes
sugerencias por parte del poder para que se inculpara a los libaneses.
Varios miembros del gabinete de Menem participaron en una reunión celebrada en
Buenos Aires, en la que -señalaron las fuentes- la CIA redobló sus esfuerzos a
fin de direccionar la investigación en procura de una resolución rápida del
caso con el objetivo de evitar que terminara comprometiendo intereses
geopolíticos occidentales en Medio Oriente.
Se sabe que, saturado por los numerosos llamados telefónicos que recibía, el
juez Galeano emplazó a sus interlocutores: "Necesito papeles que hablen de
indicios o pruebas incriminatorias concretas contra los libaneses".
Pero, según trascendió, el magistrado no logró que le fundamentaran con rigor y
por escrito la eventual culpabilidad de los siete ciudadanos, de los que
solamente tres eran libaneses, detenidos en Paraguay.
El grupo -integrado por una mujer y seis hombres- había sido detenido en Ciudad
del Este a raíz de una denuncia del responsable de seguridad de la Embajada de
Israel en Asunción, quien los consideró presuntamente relacionados con el
narcotráfico.
No obstante, en un informe de la Gendarmería Nacional, de fecha 10 de febrero
de 1995, se incriminaba a los detenidos en Paraguay sobre la base de datos que
ratificaba la SIDE.
Este documento, que "Río Negro" tiene en su poder, consta a fojas
312/313 de la causa 17.394/95, que se tramitaba ante el juzgado Federal número
1 de San Isidro, a cargo del juez Roberto Marquevich.
El citado expediente tiene su origen en la detención -en una isla del Delta- de
Alejandro Jorge Sucksdorf en 1994, a quien se le incautó un arsenal de armas y
explosivos. Según el informe de la Gendarmería, los libaneses "han
concurrido reiteradamente a la isla a los efectos de recibir entrenamiento
militar y práctica de tiro".
Aparece Lino
Un testimonio brindado
a "Río Negro" da cuenta de que Menem instruyó al jefe del Estado
Mayor General del Ejército, Martín Balza, para que se ocupara de los libaneses
detenidos en Paraguay.
Y relata que cuando Balza traslada la orden a sus subordinados, un general le
respondió: "Me siento en la obligación de advertirle que nuestra
participación en temas de seguridad interior está acotada".
- "Sí, sí... ya sé. Pero lo concreto es que el gobierno... Interior... la
SIDE quieren que vayamos al Paraguay a interrogar a los libaneses. General:
vaya con su gente y vea de qué se trata", respondió el general Balza,
según la fuente consultada.
Un participante del viaje a Asunción recuerda que la comitiva se desplazó a
principios de febrero de 1995 e "incluía a un coronel que, en los ambientes
del espionaje argentino se lo conoce como el irlandés". Pero no estaba
compuesta sólo por hombres del Ejército. Viajaron también miembros de la
comunidad de inteligencia: SIDE y servicios de las Fuerzas de Seguridad. Entre
ellos estaban el entonces vicesecretario de Inteligencia, Juan Carlos Anchezar
y los agentes Domingo Allevato y Patricio Finney, directos colaboradores del
"Señor 5", Hugo Anzorreguy Beroviche.
En Asunción, los argentinos fueron recibidos por el entonces embajador y ex
gobernador pampeano Néstor Ahuad.
Cuenta el integrante de la comitiva que, tras los primeros contactos con las
autoridades paraguayas, los militares argentinos quedaron sorprendidos porque
en el manejo de los detenidos no participaba activamente la Justicia del vecino
país, sino que el tema estaba en manos del entonces jefe del Ejército
paraguayo, el polémico ex general Lino Oviedo.
"Para el jefe de la misión argentina, quedó claro desde el principio que
la CIA estaba directamente involucrada en el manejo de la cuestión. Operaban en
su nombre el jefe de la estación Asunción -"Jack, El Destripador"- y
un experto en terrorismo islámico llegado desde el cuartel central de la CIA en
Fort Langley, Virginia", relata la fuente.
"Todo comenzó a encarajinarse desde el vamos. En el primer encuentro con
Oviedo y la gente de la CIA, nos dimos cuenta claramente de que podíamos quedar
atrapados por las necesidades de ellos: o sea encontrar culpables rápidamente
para sacarse así el tema de encima", confió. Y agregó que en ese contacto
se vivieron situaciones que reflejaban la ansiedad del momento.
Aún hoy, ese testigo no sale de su asombro cuando recuerda los términos con los
que comenzó aquel cónclave:
- "¡Bueno general, ahí tienes a tus terroristas..! Llévatelos, llévatelos
para tu Buenos Aires, sácalos de aquí, sácalos...", dijo Oviedo al general
argentino.
- "No, general. No he venido aquí para llevarme a nadie. En su momento la
Argentina decidirá si pide la extradición o no. Pero eso no depende de mí. A mí
me ordenaron interrogar a estos detenidos para determinar si tienen o no
vinculación con la AMIA. Y eso es lo que voy a hacer", respondió el
argentino.
Según el calificado participante de la misión en Paraguay, el juez local José
Emilio Yaluk no ponía objeciones a las pretensiones de Oviedo.
El 17 de febrero de 1995, el magistrado paraguayo recibió de su colega
argentino Marquevich la solicitud de extradición de los libaneses. El jefe de
la misión militar argentina vio con sus propios ojos cómo el fax del juez Yaluk
arrojaba los folios 320 y 321, remitidos desde San Isidro. Pudo saberse que,
durante aproximadamente ocho días, la delegación de espías argentinos asistió
indirectamente a los interrogatorios de los libaneses que realizó la policía
guaraní.
Durante ese tiempo, el ala militar confirmó su convicción de la inocencia de
los detenidos.
El intento por incriminar a los libaneses
A su regreso a Buenos
Aires, la misión del espionaje argentino es convocada a una reunión de alto
nivel de la que participan el ex canciller, Guido Di Tella; el ex titular de
Interior, Carlos Corach; el anterior responsable de la SIDE, Hugo Anzorreguy;
su jefe de operaciones, Jorge "Cochi" Lucas; el jefe de Inteligencia
del Ejército, general de división Jorge Miná y el norteamericano Bill Ortmann.
Según una fuente consultada, el cónclave tuvo perfiles ríspidos debido al
choque frontal entre el general Miná y Ortmann, responsable de la CIA en Buenos
Aires.
"El clímax de la reunión fue tal que Di Tella tuvo que atemperar los
ánimos", relató.
Dijo la fuente que Ortmann insistió tozudamente en que los libaneses eran los
responsables del ataque contra la AMIA. Y ofrecía las mismas pruebas que la CIA
había propuesto en Paraguay. (Ver aparte)
A su turno, el general Miná -según ese testigo- sentenció: "Tras escuchar
al funcionario de la CIA, ratifico que el fundamento más sólido que tengo para
afirmar que los sospechosos libaneses no tienen nada que ver con la AMIA, es la
propia precariedad de los argumentos que expone el señor Ortmann".
No obstante la postura adoptada por el Ejército respecto de los libaneses, los
hechos se precipitaron.
El 29 de mayo de 1995, el juez de Asunción -José Emilio Yaluk- remitió a la
Cancillería argentina la nota VM RREE/L/DAL N° 769/95, comunicando la concesión
de la extradición de los libaneses al juez Roberto Marquevich.
El traslado
En el marco de
estrictas medidas de seguridad dispuestas por la Gendarmería Nacional, el 23 de
julio de 1995, a las 21,30, llegaron a Buenos Aires los siete sospechosos.
Eran: Valdirene Vieira Ferguglia brasileña y única mujer del grupo-, Johonny
Moraes Balbaki, brasileño; Roberto Ribeiro Ruiz y los libaneses Mohammad Hassan
Alayan, Fadi Abdul Karim Chekair, Luis Alberto Nader y Sergio Rodrigo Salem.
Todos fueron alojados en Campo de Mayo. El responsable de la seguridad de los
detenidos fue el Segundo Comandante de Gendarmería, Aníbal Antonio Sánchez.
Desde ese momento ya estaban a disposición del juez Marquevich.
En la causa 17394/95, folios 605 a 628 inclusive, constan las indagatorias a
los extraditados que, el 25 de julio de 1995, practicó el Juez Federal de San
Isidro.
A la luz de los nulos indicios que incriminaban a los sospechosos, el 27 de
julio de 1995 -tan sólo cuatro días después de haber sido extraditados- todos
los libaneses fueron sobreseídos por falta de méritos y devueltos con toda
premura hacia sus países de origen.
Así, quedó abortada la operación.
Jueves 13 de enero de 2000
La
reunión de Asunción entre el general golpista Lino Oviedo, los agentes de la
CIA y la misión de militares y espías argentinos, tuvo matices llamativos.
Cuenta el testigo que Oviedo se acercó al infarto ante la resistencia de su
colega argentino a aceptar sin más la culpabilidad de los libaneses:
- "Se puso loco... gritaba y gritaba que los libaneses detenidos eran los
terroristas, y debido al enojo por nuestros cuestionamientos a esa acusación se
paraba en puntas de pie y bajaba... subía y bajaba, subía y bajaba",
recuerda hoy el militar argentino de alta graduación, partícipe de la misión en
Paraguay. El oficial ya había tomado precauciones extremas para emitir sus
puntos de vista.
Esas precauciones lo llevaron incluso durante esos días a visitar una mezquita
para apropiarse de una guía de teléfonos que aglutina a todos los árabes que
viven en Paraguay, en la región de la Triple Frontera.
- "Me la llevé para determinar direcciones y chequear nombres que íbamos
sumando por esos días. Y me sorprendí de que varios de los libaneses detenidos
figuraban en esa guía... Es difícil que un hombre vinculado activamente al
terrorismo figure en una guía" , reflexiona hoy el militar argentino.
Pero paralelamente al enojo de Oviedo, también crecía en Asunción el disgusto
de los agentes de la CIA presentes en los cónclave donde se trataba la
culpabilidad o la inocencia de los libaneses. Hubo un momento en que el jefe de
la estación Asunción del espionaje americano -cuyo nombre de pila es Jack-,
increpó duramente al militar argentino:
- "¿Cómo que estos libaneses no tienen nada que ver con el atentado..?
Usted no entiende lo que está pasando, se mueve con criterios muy clásicos al
analizar el terrorismo actual...¡Estos no son terroristas comunes, son
terroristas new age..! ¡New age!", gritó Jack.
Fue justo en ese
momento que los argentinos percibieron que para la CIA hay dos tipos de
terroristas islámicos:
* Los que encuadran perfectamente en los parámetros sicológicos y culturales
habituales para lo que la sociedad interpreta cómo es un terrorista.
* Aquellos que, influenciados por las mudanzas de los tiempos, operan en el
terrorismo muy mimetizados con la sociedad que los circunda y no dejan ninguna
huella de diferencia con ese ámbito. Estos son los terroristas "new
age".
Socios inseparables
En materia de
terrorismo, "donde está Irán está Siria y donde está Siria está
Irán", sentencia el fiscal de la causa AMIA, Eamon Mullen, y su mirada se
pierde de las fotos que hablan de un pasado pleno de rugby.
A partir del 18 de julio de 1994 -día del ataque-, Mullen, 43 años y con 20 en
la Justicia, se vio compelido a realizar una sistemática acumulación de
conocimientos sobre el accionar del terrorismo islámico.
A lo largo de estos años, Mullen transitó por el mundo buscando pruebas,
comparando hechos e incluso investigó en Estados Unidos los atentados a las Two
Sister y al edificio de Oklahoma. Como resultado de ese seguimiento, Mullen
sigue anidando dudas sobre el grado de culpabilidad de los acusados de cometer
ambos ataques.
-¿Siria tuvo que ver con los atentados a la embajada y AMIA? -le preguntó
"Río Negro".
- "Bueno, hay una realidad que viene de la historia del terrorismo de
Medio Oriente: donde está Irán está Siria y donde está Siria está Irán",
respondió.
-¿Pero hay o no pruebas de participación siria en los ataques?
-Soy fiscal de la causa, no puedo decir nada más


