- La noche tiene ese encanto de las palabras dulces, y de los sentidos más sutiles, que pueden expresar en el espíritu. Las miradas cómplices y los silencios, son el idioma de la sensualidad, de los recuerdos, de esa magia que no se pierde. Y que aun esta, en esa ansiedad, que nos hace doler él estomago y palpitar el corazón.
-¿Cómo has perdido el romanticismo?, y ella me dijo: - para mi no hay destino. Ya todo se ha perdido.
- A lo que le dije: “Lo bueno del futuro y de nuestras vidas”, -“ es lo incierto de las mismas”
- Mirando por última vez su cara, ahora solo es olvido y el recuerdo en una nostalgia. La vi partir con una leve sonrisa... como un destello de esa esperanza... O tal vez la mía quise decir.