El secreto negociado con las armas,
o las armas de la hipocresía

En 1998, cuando la transformación argentina, producto de la voluntad y el sacrificio de nuestro pueblo, despertaba como nunca admiración en el mundo entero, la oposición de la Alianza acrecentó su papel de sepulturero de los logros, incitó a la ruptura de la paz social y no dudó en socavar el prestigio y las Instituciones de la República.

Tal fue el resultado de la campaña de tergiversaciones, de falsedades absolutas --y ocultamiento deliberado de las características particulares del comercio de armas en el mundo— que rodeó la investigación judicial, que aún continúa, por el supuesto desvío ilegal de material bélico a Ecuador y Croacia.

Esta conducta antinacional reconoce su raíz en inconciliables diferencias internas que les impedía, y aún les impide, presentar ante la sociedad un proyecto de país creíble y previsible. La acción política para llegar al gobierno se redujo así a una simple y peligrosa labor conspirativa, donde el obstruccionismo parlamentario se compadeció con la reacción parasitaria, refleja y sin principios, a toda iniciativa –cierta o presunta—de la administración justicialista.

Para quienes la política es Patria y la felicidad de nuestro pueblo un objetivo inclaudicable, más allá de los errores indeseados, el oportunismo inescrupuloso de ciertos dirigentes que no reparan en acudir a la mentira y la difamación para lograr sus fines meramente electoralistas, no puede más que sobrecogernos de dolor e indignación.

Es precisamente el caso de la delicada situación, nacional e internacional, que se planteó con el lamentable desvío de armamentos, la que como nunca en nuestra historia ha sido ventilada públicamente y está siendo investigada por la Justicia como corresponde.

Un poco de historia

Aún a riesgo de crear la "conmoción pública" que se decía querer evitar y sin el menor respeto por el prestigio de la Nación, no sólo se magnificaron deliberadamente circunstancias de por sí condenables, sino que se las deformó. Se atacaron ligeramente instituciones e investiduras y se apeló sibilinamente a salirse del marco jurídico para reemplazarlo por una justicia mediática, a la vez receptora de una opinión pública a la que se quiere manipular.

La gravedad de esta conducta irresponsable salta a la vista, más aún si reparamos en los salvajes desatinos producidos en la materia por la administración alfonsinista. La Nación, como entidad jurídica y política del Pueblo de la República, sus Instituciones y Gobierno, son la esencia misma del sistema republicano, garantía de su integridad territorial y expresión de su soberanía. De ahí la necesidad de la permanencia de las políticas de Estado. Y vale la pena explicar a qué nos referimos.

Durante la campaña electoral de 1989, para asegurar el crecimiento del país y poner en marcha el Plan de Gobierno, Carlos Menem debió estudiar con especial cuidado la preservación de aquello que pudiera ser consolidado. Por eso hizo clara referencia aquí y en el exterior a la promoción de exportaciones y a la producción de armamentos, dado que la Administración que lo precedió tenía en marcha algunos planes que consideró interesantes.

La Argentina, Brasil y Chile, entendían entonces que la producción para la defensa podría hacer una gran contribución al desarrollo económico exportando sus excedentes. El ejército tenía en marcha el Tanque Argentino Mediano (TAM), nuestra Marina estaba desarrollando la construcción de submarinos y la Fuerza Aérea en Córdoba mantenía en plena producción el Pucará e iniciaba el diseño del Pampa.

El proyecto Cóndor fue el más ambicioso. Lo puso en marcha el Dr. Raúl Alfonsín por un decreto secreto. Sí, secreto. Se trataba de un gran emprendimiento localizado en Falda del Carmen, provincia de Córdoba, destinado a construir un inyector para satélites livianos en órbita baja.

Luego de asumir, Carlos Menem pudo constatar que lo dicho no se correspondía con la información pública que se había brindado. Durante el lustro que llevaba su desarrollo habían entrado secretamente al país expertos alemanes y técnicos y militares de Irak, país este último adonde también, sin control alguno, habían viajado técnicos y militares argentinos. De igual modo, habían entrado al nuestro, sin pasar por la aduana, maquinaria sofisticada y material sensible. Esto también es parte de la historia.

Sin embargo, no había tal inyector satelital. Lo que intentaba dicho gobierno era producir un misil de mediano alcance. Por ello Carlos Menem no vaciló en anunciar durante su viaje a Estados Unidos para entrevistarse con el entonces presidente George Bush, en septiembre de 1989, que había dado instrucciones concretas al ministerio de Defensa y al Estado Mayor de la Fuerza Aérea para cancelarlo definitivamente, garantizando que el Gobierno justicialista no contribuiría a la proliferación de armas nucleares.

La decisión política de firmar un decreto reservado para desarrollar un inyector satelital no es judiciable. Pero hay razones para afirmar que enmascarar el emprendimiento de construir un misil que puede portar cabezas nucleares, bajo la pantalla de dicho inyector, podría ser juzgado como una inmoralidad.

Y hacer todo ello sin dejar rastros, salvo la impresionante instalación de Falda del Carmen, entrando y sacando materiales críticos, técnicos de especialidades internacionalmente prohibidas y personal militar, es de una enorme responsabilidad política, ya que podría haber posibilitado actos de corrupción, además de exponer al país a un accidente nuclear.

Ante la grave crisis hiperinflacionaria que vivía el país, Carlos Menem prefirió a su regreso de EE.UU. disponer la creación de la Comisión de Ciencias Aeroespaciales dependiente de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Presidencia de la Nación, la que se hizo cargo de Falda del Carmen y abrió la posibilidad de intercambio a todos los países del mundo, garantizando que en adelante dichas investigaciones tendrían sólo fines pacíficos.

Canceló así un capítulo oscuro de nuestra historia con serena ponderación de sus actos, sin estridencias, y decidió poner por delante la salud de la República y sus Instituciones.

Todo ello sin contar que, por decreto 1738 del 11/09/85, se había autorizado la exportación al Perú de 500 granadas iluminantes y por el 516 (secreto) del 02/04/87 a una firma privada, Ingeniería Minex S.A., con idéntico destino, 6,16 millones más 470 mil dólares en material bélico diverso y asistencia técnica.

Y esto vino a saberse 13 años después, por las investigaciones judiciales realizadas y que ex funcionarios del Dr. Alfonsín tuvieron la osadía de magnificar, cuando la realidad nos dice que las primeras y claras violaciones a nuestra condición de garantes de la paz entre Perú y Ecuador la produjeron esas dos operaciones.

¿Debíamos colegir que estábamos y estamos en presencia de una verdadera mafia de la difamación, integrada por delincuentes con fueros, lo que los torna impunes?

La cancelación de aquellos proyectos antieconómicos e imprudentes y la continuidad de otros muy importantes como el Mercosur, junto a las medidas específicas y racionales adoptadas, permitieron subir, en el primer bienio del gobierno justicialista, las exportaciones al orden de los 12 mil millones de dólares, las que estaban estancadas desde 1980 en un volumen errático que oscilaba entre los siete mil y los nueve mil millones de la misma moneda.

En orden a las investigaciones que está llevando a cabo la Justicia, cabe puntualizar que las Fuerzas Armadas son una institución fundamental de la Constitución. El Ejército Argentino es el del General José de San Martín, libertador de Chile y Perú. También el del General Juan Domingo Perón, quien brindó al pueblo la justicia social. Es el del General Manuel Belgrano que creó la Bandera Argentina y el mismo que hoy, con valor y abnegación, integra en el exterior las misiones de Paz de Naciones Unidas.

Por eso duele e indigna que se haya utilizado la absoluta libertad que respetaba y aseguraba el gobierno de Carlos Menem, para atacar a las Instituciones de la República por hechos que, como nunca, fueron puestos como corresponde en manos de la Justicia. Si los legisladores aliancistas hubieran querido cooperar para afianzarla y terminar con la impunidad, antes que propiciar a repetición comisiones especiales investigadoras con propósitos mediáticos de reemplazo del Poder Judicial, hubiera convenido que cumplieran con su obligación y mejoraran las leyes.

También a los medios de difusión les toca dar ejemplo de prudencia y mesura. Ante la posibilidad de dañar o comprometer a las Instituciones deberían haber constatado con sobria responsabilidad el valor y veracidad de la información, la que debería separarse de las columnas de opinión que corren por cuenta de sus firmantes o editores.

Es lo que haremos a continuación, sobre la base de la lectura y análisis de los decretos secretos sobre venta de material bélico durante la gestión del ex presidente Raúl Alfonsín.

 

 

 

·