13-11-01

Nos envían: Fuentes de Inteligencia reservadas  este análisis:

 

Posiciones de Fuerza

La caída del vuelo de American Airlines sobre Queens trae de nuevo el terror
a los titulares de occidente, al tiempo que parecía irse alejando de Nueva
York, progresivamente más hacia lugares remotos como Kabul (“donde
pertenece”, faltaría decir).

Luego de ocurridos los catastróficos hechos del 11 de septiembre, la
atención del público se había ido diluyendo en la creencia de que aquellos
atentados serían un “bizarro acto de magia negra” que no volvería a suceder.
La realidad es el peor remedio para las ilusiones…

Para echar un poco de luz sobre los sucesos del 12 de noviembre, podemos
encarar cierto análisis de los modos de actuar de quienes son sospechosos de
este terrible ataque. Cabe aclarar en este punto, que no se considerará la
hipótesis de “accidente”, aunque no haya sido descartada, porque no aporta
al análisis mismo que estamos realizando.

Al preparar un ataque contra un vuelo aerocomercial como los que se
produjeron estos últimos meses en la costa este de los Estados Unidos, la
disponibilidad de blancos es tan abundante que facilita la primera etapa de
planeamiento de los atacantes. Decenas de aviones con características
“necesarias” despegan todos los días de los aeropuertos de la costa este en
forma programada y regular. Horarios próximos para ataques simultáneos,
destinos lejanos que los obligue a llevar más combustible o trayectorias de
vuelo cercanas al objetivo, son de esas características que se repiten a
diario en diversas combinaciones. El único trabajo de inteligencia que
llevan a cabo los atacantes en esta fase es el de registro de los números de
vuelo, precios de pasaje y horarios respectivo. Finalizado éste, tienen una
agenda, digamos, para todo el mes, que es probable se repita el mes entrante
con pocas variaciones.

El segundo paso es elegir es día del ataque, y allí es donde infinidad de
variables entran en juego. El trabajo de las células es saber el cómo y
dónde, se imaginan el porqué, pero el cuándo viene de arriba. Un día el
atacante levanta su teléfono o abre su emilio y encuentra un aviso con
vencimiento en 24, 36 o 48 horas. Por lo general, vemos que los ataques se
realizan por la mañana, lo que nos puede llevar a inducir que el “día clave”
es el mismo en que se produce el ataque.

Lo que se concluye por definición es que resulta más ilustrativo analizar
porqué se elige el día, en vez de poner el énfasis en qué vuelo es víctima
de la acción. En el caso del vuelo de Queens, el avión partía hacia
República Dominicana con un pasaje compuesto mayormente (diversas fuentes
informan de un 90%) por ciudadanos dominicanos, que poco tienen que ver con
esta guerra. Asimismo, salvo los primeros 10 a 15 minutos, el vuelo cubriría
su recorrido sobre el océano Atlántico, por sobre toda la flota de Virginia,
lo que hubiera dificultado desviarlo alevosamente sobre un objetivo
continental, al nivel de alerta que se maneja.

Pasadas por un momento las consideraciones sobre el vuelo, podremos
profundizar en lo que podría haber hecho que el día en que se realiza el
ataque sea de algún modo especial. El 12 de Noviembre se reunirían en las
Naciones Unidas un conjunto de representantes de diversas naciones, para
debatir sobre una alternativa política al régimen Talibán, una vez que este
fuera expulsado del poder en Afganistán. Entre los delegados que
participarían en esta reunión, se encontraban representantes de China, Irán
y Pakistán, países que más allá de sus declaraciones puramente formales a
favor de algún tipo de acción contra el terrorismo, son la punta de lanza
diplomática para que cesen los bombardeos norteamericanos sobre Afganistán.
Lo que todos sabemos, por cierto, es que sin bombardeos el Talibán no sería
expulsado del poder, lo que a su vez, pone de manifiesto el doble discurso
de estas naciones acerca de este tema y esta oportunidad en particular.

El mensaje de Queens, claramente podría interpretarse como “no canten
victoria antes de haber ganado”. El régimen Talibán, luego de intensas
semanas de ataques con tropas de elite, misiles crucero y bombarderos de
última generación, todavía sigue donde está, y Osama Ben Laden, su primer
general, más que escondido en una cueva, comiendo raíces a la luz de una
antorcha, todavía conserva la capacidad de realizar un ataque en el corazón
del territorio enemigo. Ésta es la imagen que se había estado diluyendo con
el tiempo y la que los representantes diplomáticos necesitaban restaurar
para lograr una posición de fuerza. Una base que les permita lograr una
definición política del conflicto, en la que tienen voz y voto; y no
solamente un final militar, que llevaría nuevamente a una virtual “ocupación
rusa” de territorios contiguos a sus fronteras, de la mano de los milicianos
de la Alianza del Norte, hoy fuertemente aprovisionados por Moscú. En su
defecto, la opción de que la OTAN tomara igualmente posiciones en tierra, es
una perspectiva aún más desalentadora.

En tercer lugar, dentro del análisis del modus operandi de los atacantes, ya
existen hipótesis que pueden relegarse en la medida que se consigue un
mínimo de información fehaciente. Primeramente, que el vuelo haya sido
abatido a un minuto y medio de elevarse del suelo, hace improbable que haya
sido abatido. La experiencia del 11 de Septiembre demostró que ni con 18
minutos entre ambos ataques a las torres gemelas pudieron detener el vuelo.

En segundo lugar, se considera la hipótesis de un artefacto explosivo
introducido por uno de los pasajeros o tripulación. A pesar de la fanfarria,
las medidas de seguridad se reducen a que luego de ser despachado el
equipaje, se traslada junto al avión y cada pasajero debe reconocer sus
maletas y separarlas del resto antes de abordar. Si queda alguna sin
reconocer, el vuelo se suspende y se llama una ODT, SWAT y HAZMAT. El talón
de Aquiles de este procedimiento es que un atacante suicida no tendría
inconveniente en abordar el vuelo, aún sabiendo que el explosivo causaría su
propia muerte.

La contra de esta hipótesis es que el vuelo se retrasó de su horario de
salida normal y un detonador de tiempo no hubiera previsto la diferencia (a
menos que la idea fuera hacerlo explotar en medio del Océano). La hipótesis
de un detonador remoto, por el contrario, ni siquiera implica que el
atacante estuviera a bordo, por lo que se podría haber utilizado un
operativo “mula”, como en las actividades de narcotráfico y lavado de
dinero. De cualquier modo, la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana
(NSA) podrá confirmar (tal vez no públicamente) si hubo una transmisión por
más que haya durado unos segundos.

La tercera y más sólida hipótesis es la de sabotaje. Incluso el hecho de
tener un operativo o célula dentro de las cuadrillas de pista del aeropuerto
hubiera resultado apropiado a la hora de “clasificar” los vuelos en la
primera etapa de inteligencia. Este operativo o célula podría incluso haber
montado un explosivo o maleta, como se contempla en la segunda hipótesis. Lo
que refuerza la hipótesis de sabotaje es que el desperfecto se produce en la
etapa de despegue, en la cual la máquina es más exigida. Tal vez si los
cálculos hubiesen sido más exactos, el avión se hubiese estrellado más cerca
de Manhattan. Resulta menos probable que un explosivo en los compartimentos
de carga y equipaje del avión resultaran en el desprendimiento de una
turbina, más que de un ala entera. Por el contrario, en la hipótesis de
sabotaje resulta casi imposible lograr que toda un ala se desprenda, pero sí
es razonablemente probable hacer colapsar sólo una turbina.

Este análisis es solamente una primera aproximación al cómo y al porqué de
la tragedia que ha vivido el pueblo dominicano y el norteamericano el 12 de
Noviembre. La ausencia de consideraciones personales o morales a fin de
mantener el análisis en el marco del rigor no implica nuestra mayor
solidaridad con las víctimas del terror y la violencia, sea cual fuere su
nación, religión o color político.